23 de abril de 2017

Por falta de presos, Holanda les alquila sus cárceles a otros países


Holanda enfrenta un problema que para muchos países es un sueño: una disminución en la cantidad de presos.

Mientras que en otros países deben enfrentar la sobrepoblación en las prisiones, los Países Bajos tienen tal superávit de celdas sin usar que han alquilado algunas de sus cárceles a Bélgica y Noruega. También han convertido alrededor de una decena de prisiones en centros para quienes buscan asilo.

Casi un tercio de las cárceles holandesas permanecen vacías, de acuerdo con datos del Ministerio de Justicia de ese país. Los criminólogos atribuyen esta situación a una caída espectacular de las tasas de criminalidad durante las dos décadas pasadas y a un enfoque que prefiere la rehabilitación al encarcelamiento.

“Los holandeses tienen imbuido profundamente un pragmatismo en lo referente a las reglas sobre la ley y el orden”, dice René van Swaaningen, profesor de Criminología en la Erasmus School of Law en Rotterdam, y señala el enfoque relativamente liberal del país a las drogas “suaves” y la prostitución. “Las prisiones son muy caras. A diferencia de los Estados Unidos, donde la gente tiende a enfocarse en los argumentos morales para el encarcelamiento, los Países Bajos están más enfocados en lo que funciona y es eficaz”.

Los crímenes registrados han caído cerca de 25 por ciento en los últimos nueve años, de acuerdo con la agencia de estadísticas nacional de ese país, y se espera que eso se traduzca en un superávit de 3.000 celdas para 2021. El gobierno ha cerrado 19 de casi 60 prisiones en los últimos tres años, y un informe gubernamental filtrado el año pasado sugiere que se aproximan más recortes.

La falta relativa de prisioneros ha motivado a los holandeses a ponerse creativos. En las cárceles transformadas en alojamientos para solicitantes de asilo, las antiguas celdas para prisioneros se han convertido en apartamentos para familias, aunque algunas conservan las puertas originales. En De Koepel, antes una prisión en Haarlem, los refugiados juegan al fútbol en un patio interno que funciona como cancha. Algunas de las prisiones modificadas también cuentan con gimnasio, instalaciones de cocina y jardines externos.

Para que los refugiados se sientan más en casa, en una antigua prisión en Hoogeveen, al noreste, las autoridades eliminaron las altas paredes externas y el alambrado, además de arreglar las puertas de las celdas para que puedan abrirse tanto desde afuera como adentro.

Jan Anholtz, vocero de la Agencia Central para la Recepción de Solicitantes de Asilo, dijo que esta tuvo especial cuidado de no alojar a ex prisioneros políticos en celdas, a menos que se sintieran a gusto. “Queremos que la gente se sienta tranquila y segura”, dijo.

En tiempos de austeridad, el gobierno también ha podido recaudar fondos alquilándoles las prisiones vacías a países con instalaciones carcelarias sobrepobladas.

Hace dos años, Noruega acordó pagar a los Países Bajos aproximadamente 25 millones de euros anualmente (27 millones de dólares) a cambio de un contrato de tres años con la prisión Norgerhaven, una construcción de alta seguridad a la cual envió 242 prisioneros.

Antes, Bélgica había mandado a 500 internos al otro lado de su frontera.

En Norgerhaven, donde algunos prisioneros pueden criar gallinas y cultivar ciertas verduras, los convictos noruegos viven bajo la mirada vigilante de un superintendente noruego y guardias holandeses.

Para hacerles lugar a los noruegos, los convictos holandeses con condenas largas –quienes conforman un selecto grupo, pues en el país solo 35 adultos cumplen cadena perpetua sin libertad condicional– fueron reubicados y dejaron sus celdas cómodas, equipadas con mueblería para trabajar y televisiones. Disgustados, presentaron una demanda pero no consiguieron bloquear el cambio.

Los criminólogos dicen que, más allá de la caída en los índices de crímenes, la conversión de las cárceles puede atribuirse a una compulsión por construir, durante los noventa en los Países Bajos, la cual provocó un exceso de prisiones conforme la criminalidad disminuyó y la población del país envejeció.

Swaaningen también plantea que, en la era digital, una creciente cantidad de jóvenes de entre 12 y 18 años (el grupo poblacional al que considera en mayor riesgo de cometer delitos callejeros) pasan su tiempo sentados frente a su computadora, lo que los aleja de las calles y quizá reduce los niveles de criminalidad.

Dice que las prisiones también se han vaciado gracias al énfasis en otros métodos de vigilancia como las pulseras electrónicas.

Después de un aumento de la población carcelaria en los noventa, Holanda ahora mete a la cárcel a aproximadamente 61 personas por cada 100.000 habitantes, una tasa similar al resto de la región escandinava, de acuerdo con datos recopilados recientemente por el Instituto de Investigación sobre Políticas Criminales en Birkbeck, de la Universidad de Londres. En Estados Unidos la cifra es de las más altas del mundo: de cerca de 666 por cada 100.000 habitantes.

En Europa, los países con las prisiones más pobladas son Albania, Bélgica, Francia, Grecia, Hungría, Macedonia y España, de acuerdo con un informe reciente del Consejo de Europa.

Sin embargo, no todo el mundo en los Países Bajos está feliz: entre los descontentos están los cerca de 2.600 guardias de prisión que podrían perder sus empleos en los próximos cuatro años si se cierran más cárceles.

Además, algunos oficiales encargados de hacer cumplir la ley dicen que el exceso de celdas vacantes es un síntoma de políticas deficientes y de que se reportan menos crímenes, más que un reflejo de la pericia holandesa para combatir el crimen.

France Carbo, un funcionario sénior del FNV (la Federación de Sindicatos Nacionales de Holanda), dijo que cerrar prisiones es el resultado de la tacañería, y no de una política eficaz. “Si cierras las prisiones ahora, tendrás que abrirlas de nuevo en unos cuantos años”, dijo.

Con el gobierno de centro-derecha del primer ministro Mark Ruffe, que enfrenta una dura competencia electoral este año, los funcionarios han sido cuidadosos de no alardear sobre la abundancia de celdas vacantes.

“No perder demasiados trabajos fue nuestra preocupación principal desde el principio”, dijo Jaap Oosterveer, vocero del Ministerio de Seguridad y Justicia, el cual supervisa el sistema penitenciario federal.

El superávit de celdas vacías, añadió, representa “buenas y malas noticias al mismo tiempo”.


Fuente: The New York Times