09 de diciembre de 2019

SOBRE PERONISMO, LIBERALISMO Y LIBERTAD.

"Dialogando sobre sistema republicano y democracia, con un querido amigo, que me hace sentir que el peronismo se ha abierto como un estuario en su doctrina, él se declara republicano y liberal, mencionó en sus sólidos argumentos a la palabra libertad a lo que yo pregunté, para su atónita sorpresa, qué libertad. De ello me propongo discurrir brevemente."


Por Mario José Pino

Dialogando sobre sistema republicano y democracia, con un querido amigo, que me hace sentir que el peronismo se ha abierto como un estuario en su doctrina, él se declara republicano y liberal, mencionó en sus sólidos argumentos a la palabra libertad a lo que yo pregunté, para su atónita sorpresa, qué libertad. De ello me propongo discurrir brevemente.

 Para el cristianismo solamente la verdad nos hará libres (Jn. 8,32) y ello no puede quedar ajeno al concepto de pueblo, que junto con la historia como camino y peregrinaje común y la Verdad revelada, conforman el trípode del pensamiento judeocristiano. Carlos Marx, curiosamente, estableció que la libertad individual solamente es posible en comunidad ya que solamente en ella el ser humano puede desarrollar en todas sus potencialidades. Juan Perón fue muy claro sosteniendo que nadie se realiza en un pueblo que no se realiza y el concepto de realización con el de libertad vienen inextricablemente encarnados en el peronismo. La unión de pueblo y libertad se reitera en varias de las 20 verdades; particularmente se proclama que el peronismo realiza el equilibrio entre el hombre y la comunidad (15), y que el derecho de la persona debe estar en función social (17). La Comunidad Organizada profundiza acabadamente el concepto. El pensamiento de Perón sobre la libertad es profuso.

El diagnóstico de Marx sobre los alcances de la libertad ficticia del capitalismo –coincidente en muchos puntos con el de la Doctrina Social de la Iglesia- es filosóficamente correcto, aunque su resolución por vía del triunfo de la lucha del proletariado y su unidad mundial fue equivocada y hoy es obsoleta en tanto el concepto de clase y la condición de proletariado están agotados como categorías prevalentes de la raza humana, en virtud de la unificación en la igualdad del hombre que, en plena 4ª. Revolución Industrial, ha igualado a todos, en su dimensión antropológica, independientemente de su condición social o económica. 

El capitalismo no tiene su centralidad en el hombre sino en el capital del que el hombre es un instrumento para el incremento de ese propio capital. Esta es la concepción que provoca la repulsa y la promesa de lucha y el cuestionamiento profundo que se hace en la marcha partidaria. “Combatiendo al capital” no es ni un ataque a los medios de producción ni a sus propietarios, los capitalistas, sino a la ideología y su dinámica. Poner al hombre en el centro hace a la esencia ética del peronismo. El capitalismo, al carecer de otra referencia humana como no sea considerarlo como factor de producción –hoy en día una comodity de lo que deviene lo humano como recurso- es a moral. O inclusive inmoral si nos atenemos a sus primeras formulaciones, realizadas por Bernard de Mandeville, medio siglo antes que Adam Smith, sosteniendo que la carencia de virtud y la inmoralidad es condición necesaria ´para el progreso económico de las comunidades (B. de Mandeville. La Fábula de la Colmena-1724).

El lema masónico de libertad, igualdad y fraternidad levantado por la República Francesa, y la de Haití, parece, hoy en día, haberse realizado de manera curiosa. Libertad como en la laboriosidad sin alternativa de una colmena; igualdad de la autoreferencia, sin otredad; y fraternidad con uno mismo, desde que la mejor relación de hermandad se da con uno mismo. “Yo y mi están siempre dialogando con demasiada vehemencia”. (Nietzsche. Así habló Zaratustra)

La evolución del capitalismo hacia el neoliberalismo, o capitalismo financiero, fue la lápida del marxismo, según la tesis de Byung. La unidad de los pueblos no vino de la lucha y la unidad del proletariado del mundo,  sino de la evolución antropológica global de la mano de la explosión tecnológica de la 4ª. Revolución Industrial, que unificó al hombre en una cultura y una conducta uniforme donde el patrón opresor va desapareciendo, las clases sociales se van disolviendo, y las diferencias económicas no afectan el sistema ni la condición antropológica general y global de dependencia; solamente es útil para el dataísmo y la adopción de políticas públicas marginales, o también puede decirse hacia la marginación, políticas para el descarte, que no alterarán, en ningún caso, la relación prevalente.

La nueva relación humana neoliberal es una relación totalizadora y narcisista con uno mismo y en uno mismo, en la que ha quedado de lado cualquier relación amo-esclavo, patrón-obrero o capital-trabajo, pues la dimensión es la propia; es el “selfishness” y el egotismo. Es el círculo cerrado propio en que se da el supuesto amplio margen de libertad, ofrecida como en un supermercado de la vida. La libertad que impera en el ámbito del trabajo y del emprendedorismo que el propio individuo se autoimpone, con la autosuperación como paradigma,  permite autoorientar las conductas frente a las opciones de consumo, y la vida en su totalidad es un consumo, que se ofrece y el deseo de satisfacer-se esa necesidad. “El querer hace libres. Esta es la verdadera doctrina acerca de la voluntad y la libertad”.(Nietzsche. op.cit).

El neoliberalismo tuvo la inteligencia de plantear el hombre en amplia libertad enarbolando, conforme Nietzsche, el absoluto poder sobre sí mismo. En los sistemas de producción industrial, el paso del fordismo al toyotismo en la década de los setenta del siglo pasado, el camino también era ese. Dotar al trabajador de mayor autonomía y voluntad. Horizontalidad en las fábricas, por fuera de la estricta línea de´producción del capitalismo tradicional. 

De esta manera, hoy en día es el propio hombre el responsable de la propia libertad acordada por el sistema. Se genera así la autoexplotación del ser humano. Es su propio explotador y explotado. De esta manera, el burnout y la depresión aparecen como una enfermedades recurrentes, ya con características de pandemia global, y como explosión del cuerpo y la psique humana por una dinámica en la que, como en el golf, no se le puede culpar a nadie que no sea a uno mismo. Así, el daño de la propia libertad por “superarse” individualmente, acompañada de la imposibilidad de trasladar culpa ni espacio donde expiarla, convierte a la libertad así planteada en la marcha triunfal del neoliberalismo, en el mayor engaño del capitalismo. Al fina, “no hay redención para quien sufre tanto de sí mismo, excepto la muerte rápida” (un vez más Nietzsche), frente a lo que el peronismo sostiene que  “…libre no es un obrar según la propia gana, sino una elección entre varias posibilidades profundamente conocidas”. (Perón. CO), en que, profundidad es una dimensión hoy borrada de la mente y el alma humanos.

A la persona, ensimismada en su individualismo y el comprado autoconvencimiento de su suficiencia y el narcisismo de “su propia gana”, es lanzada a la jungla de la libertad y el consumo en el que brillan las opciones de elección que el sistema ofrece mediante efectivos mecanismos de comunicación y manipulación, esto es, que envuelve, también, las decisiones políticas más importantes y, algo no menor, las opciones éticas y culturales. 

El libre albedrío permite individual permite desarrollar sus potencialidades para obtener lo que apetezca, por medios que determine, y de ahí la generalizada anomia global.  El ser humano se ha convertido en un ente consumista, que se obliga a sí mismo a rendir cada vez más y mucho para no sucumbir al éxito del tener, pues siempre falta. Las contradicciones y las insuficiencias obviamente explotan con las consecuencias del burnout y la sicosis. “La sociedad y el hombre se enfrentan con la crisis de valores más profunda acaso de cuantas su evolución ha registrado” (Perón.C:O:).

La auto opresión lleva al sometimiento al panóptico digital de Byung. Bentham imagina a finales del  XVIII la prisión panóptica en la que los presos eran observados pero no sabían desde donde, pues quien los controlaba ya no estaba allí del otro lado de las rejas a la vista, sino en un punto invisibles desde el que todo era observado, por lo que no cometían infracciones de las que pudieran ser castigados pues suponían que eran observados. En el mundo digital de hoy el individuo sin distinción de raza, credo, status social o religión no solamente es observado permanentemente, sino que, a sabiendas, facilita alegremente la tarea del controlador que sabe cada una de nuestras apetencias y conductas con asombrosa inmediatez. Elige facilitar la tarea del controlador. hacérsela fácil al sistema. El habeas data consagrada jurídicamente hace apenas un par de décadas, como defensa del derecho humano de la libre intimidad, hoy prácticamente carece de sentido. Se consuma, así, la versión del hombre de hoy que creyéndose ser dueño y gozoso de su propia libertad, queda convertido en esclavo y vigilador de sí mismo- El neoliberalismo obtiene la mayor restricción de la libertad de todos los seres humanos de manera autoimpuesta.

El individuo, ya no persona, sometido urbi et orbis a la imposición del capital por la vía del consumo en el marco de la tensión del propio encierro queda desgarrado de la comunidad y, aún más, del otro en todos los ámbitos. “La crisis de nuestro tiempo es materialista. Hay demasiados deseos insatisfechos, porque la primera luz de la cultura moderna se ha esparcido sobre los derechos y no sobre las obligaciones; ha descubierto lo que es bueno poseer mejor que el buen uso que se ha de dar a lo poseído o a las propias facultades”. (Perón. Ibid). Y de este marco no escapa la acción política.

Los políticos no son seres distintos a las comunidades a las que pertenecen y caen, con mayor ventaja material, al mecanismo de su propia falta de libertad en la que debe convertirse en dependiente de un esquema de poder externo. Pero este tema de la carencia de libertad de los actores políticos es propio de un análisis particular. La elección de los políticos de optar por los cenáculos sin importar la totalidad comunitaria tiene sus contradicciones con la doctrina peronista desde que “…La Comunidad Organizada es una democracia participativa y está edificada en torno a la acción de las organizaciones libres de pueblo. El sujeto político de la Revolución Justicialista es el pueblo organizado autónomamente y no el individuo egoísta” (Perón) sobre el que el neoliberalismo levanta su vigencia antropológica.

El 24 de junio de 1953 Perón expresó que “el Justicialismo ha abandonado definitivamente el antiguo concepto liberal e individualista de la absoluta libertad, por entender que la libertad absoluta es el medio más propicio para el abuso de la libertad, que conduce a la explotación y a la opresión del poder por parte de unos pocos frente a la debilidad inmensa de la mayoría. El Justicialismo entiende que la libertad es un medio y no un fin, que no es lógico luchar por la libertad como tal, por sí misma, pero que ella es un instrumento necesario e insustituible para el hombre, que ha de usarlo en su propio beneficio pero también en beneficio de la comunidad. Para nosotros, la libertad, como la propiedad, como el capital, como la economía y todo lo que es un bien del hombre, es no solamente un bien individual, sino que además es un bien social”. ( Carezco de la cita exacta).

Lo que Perón no pudo imaginar fue el vertiginoso desarrollo de la 4ª. Revolución Industrial y las transformaciones que ella trajo aparejada entre otras, la evolución del capitalismo liberal en neoliberalismo financiero y la opresión del hombre mismo por vía de una supuesta libertad, pero no hay duda de los conceptos doctrinarios que cobran mayor vigencia que nunca. De lo que no me caben dudas es que el justicialismo no puede ser neoliberal, que es el término apropiado, hoy, del liberalismo. 

 


Fuente: Pensar al Sur