02 de diciembre de 2019

SENTIMIENTO, EMOCIÓN Y POLITICA.

"El peronismo encuentra en su sentimiento su permanencia y su capacidad de resistencia. Es un sentimiento positivo de construcción y negativo de rechazo a la conculcación de valores.Es la lucha permanente contra las injusticias y su producto: los descartes. Su vigencia apareja la tensión negativa del antiperonismo, pero esto es motivo de otro comentario que responda a la pregunta de si el gorilismo es un sentimiento o solamente una pulsión reaccionaria originada en los valores del egotismo ilustrado, funcionales al neoliberalismo".


Por Mario Jose Pino

En el multitudinario acto de cierre de campaña electoral de Cambiemos, en Córdoba, el candidato de este espacio, Mauricio Macri, desarrolló un discurso criticado por su pobreza oratoria. A mi juicio, fue una pieza o circunstancia oratoria que respondió estricta y acabadamente a los cánones ideológicos que representaba: una alocución destinada a expresar emociones alejadas de conceptos o ideas. Un "emoticón" en el escenario que pretendió  -y probablemente consiguió- trasmitir una motivación emocional propia de un vestuario previo a una justa deportiva. Es el andarivel vacuo por donde se expresa la política.

B-C Han, en su obra Psicopolítica, desarrolla este tema en su capítulo “El capitalismo de la emoción”. Hace notar de qué manera se han profundizado y difundido las investigaciones y las publicaciones sobre la emoción. En las librerías abundan best-sellers en los que puede adosarse el concepto de inteligencia. Sin embargo, no parecieran advertirse discernimientos apropiados sobre el origen y el contexto en que se produce esta profusión cultural de la emoción.

El diccionario de la lengua parece identificar a emoción con sentimiento, pero la etimología, “e moveré”, lleva más al concepto de salirse o sacar de lugar, moverse o mover, por lo que es apropiado considerar a la emoción como una reacción psíquica que representa modos de adaptación a estímulos de cualquier tipo recibidos. Difiere del sentimiento  que es una experiencia vivencial del alma que une a esta el pensamiento. La emoción no tiene pensamiento, es la nuda sensación. En el sentimiento, aún de manera intuitiva, el pensamiento impregna el alma y por ello tiende a permanecer. La emoción es provocada por un hecho finito que perece con la consumación. 

El sentimiento tiene una dimensión temporal que a la emoción le es intrascendente. El sentimiento genera pasión perdurable que se trasmite a otro y aún de generación en generación. Es dativo, trasciende el yo, y de la misma manera es receptiva del otro y objetiva. En la emoción, la otredad es intrascendente, no genera comunión, común unión, y en ella prima la subjetividad

 El capitalista tiene sentimiento, en tanto agente activo del sistema que le hace poner pasión en la multiplicación y acumulación del capital. Pero al sujeto pasivo del consumidor solo le está permitido la emoción de la adquisición de lo deseado.  

En el sistema capitalista neoliberal, la emoción, en tanto herramienta esencial, se impone mientras que el sentimiento repugna. El universo del “me gusta” y los emoticones determinan la conducta y la expresividad del consumidor y, en tanto  volátil y controlable, es una tarea facilitada por la big data. La psiquis es maleable y la autonomía de la voluntad degradada. La emoción es placébica, el sentimiento persiste aún en el dolor.

La emoción es funcional al sistema capitalista desde que es la condición para la incentivación del consumo. El sentimiento, el alma impregnado de inteligencia, capaz de discernir, es impenetrable aún en el fracaso, la desazón o la derrota.  El cambio emocional dinamiza el consumo y lo único que puede permanecer es el cambio. La persistencia, la continuidad y la lealtad del sentimiento atenta contra el sistema. La permanencia afecta el incremento sostenido de la producción. El descarte es la base del neoliberalismo y la extensión de la vida útil un problema serio. Un taller de reparaciones es retrogrado.

La horizontalidad desjerarquizada de la motivación grupal, del coaching individual y la espiritualidad del sí mismo como trascendencia, se difunden profusamente y se han convertido en  instrumentos emotivos que no dan lugar al sentimiento.

El orden social, en tanto humano, está cargado de valores que encierran obstáculos para la alternancia y el cambio permanentes; frente a ellos, el relativismo constituye una argumentación que coincide con las necesidades del  neoliberalismo desde que igualando a todos los valores les priva de toda esencia ética y consistencia moral, facilitando la manipulación psicológica con los modernos instrumentos invasivos de comunicación y el Big Data.

La política sostenida por una comunión sentimental, repugna al sistema dado a que se hace infranqueable y difícilmente manejable por lo que, es objeto no de persuasión y convencimiento de ideas diferentes, sino de abominaciones. Cuando un líder manifiesta: “llevo en mis oídos la más maravillosa música que para mí es la palabra del pueblo argentino”, está expresando un sentimiento de comunión inteligente, que trasciende la vida de los actores, en este caso, de Perón y el pueblo peronista. Como ha demostrado la historia –al menos hasta aquí- este fenómeno constituye un hecho maldito para el que no alcanza la fácil acusación de populismo. De la misma manera, la xantopsia de van Gogh o el astigmatismo de El Greco, constituyeron en su tiempo críticas ridículas que el tiempo destruyó.

 “No me arrepiento por ninguna de las palabras que he escrito. ¡Tendrían que borrarse primero en el alma de mi pueblo que me las oyó tantas veces y que por eso me brindó su cariño inigualable!”; “Mi sentimiento de indignación por la injusticia social es la fuerza que me ha llevado de la mano, desde mis primeros recuerdos hasta aquí”, expresa Eva Perón en La Razón de mi Vida. “Ese sentimiento de dolor en el alma por el padecimiento injusto del otro, esa empatía, son los cimientos de la acción política” que se convierten en una herejía repugnante al neoliberalismo. En toda su obra se reitera la palabra sentimiento pero no se encuentra la volatilidad precaria y transitoria de la palabra o la sensación egotista de “emoción”.

En el sentimiento caben el enamoramiento y la pasión que le son esquivas a la emoción de la fantochada cholulesca del amor a primera vista habitual en vida del espectáculo. El sentimiento ilumina, la emoción sólo puede encandilar. “He actuado en mi vida más bien impulsada y guiada por mis sentimientos” (E. Perón. Ibid) constituye una sentencia repulsiva por la sola mención de las palabras vida y sentimiento, conceptos capaces de ofrecer resistencia.  La estabilidad del neoliberalismo, depende de su capacidad de anular resistencias y la volatilidad del consumo. El consumo es hoy un universo que comprende también la conducta política, los llamados colectivos de reclamo del inconformismo mundano.

El peronismo encuentra en su sentimiento su permanencia y su capacidad de resistencia. Es un sentimiento positivo de construcción y negativo de rechazo a la conculcación de valores.Es la lucha permanente contra las injusticias y su producto: los descartes. Su vigencia apareja la tensión negativa del antiperonismo, pero esto es motivo de otro comentario que responda a la pregunta de si el gorilismo es un sentimiento o solamente una pulsión reaccionaria originada en los valores del egotismo ilustrado, funcionales al neoliberalismo.

 


Fuente: Pensar al Sur