10 de noviembre de 2019

EL OCTUBRE SUDAMERICANO:CRISIS, DEMANDAS Y MOVIMIENTOS ANTISISTEMICOS

La siempre difícil tarea de alejarse de los sucesos en tiempo real para tener otro panorama y más ricas reflexiones, se hace más compleja ante la contabilidad creciente de vidas perdidas en nuestro continente durante el año 2019. Dimensionar la crisis, parte de la base de reconocer las contradicciones internas que impiden la resolución de los propios dilemas; “tener que moverse en dos direcciones opuestas al mismo tiempo”, cuando los intereses inmediatos entran en conflicto con los intereses a largo plazo. Sin transformación, la crisis persiste.

 


Por Fabian Lavallén Ranea y Fernando Suarez Rubio.

Introducción.

Un quinquenio de oscilaciones políticas e ideológicas ha marcado la agenda regional que elección tras elección, manifestó el rechazo al orden imperante, a los límites de la economía popular, a la impudorosa relación entre dirigentes y capitales globales. No terminan de festejar las fuerzas democráticas que ascienden y ya están marcando su salida, cuando siendo gobierno, derraman “imposibilidades” y posponen bienestar para tiempos mejores.

Hace casi 25 años Edgar Morin pronunciaba “con el bienestar, se desarrolla un malestar”. Este malestar en el mundo, un malestar en la cultura por los reveses de la individualización, la tecnificación, del desarrollo, de la monetarización sobre la amistad, siembra la necesidad de discutir una “civilización sustentable”. Civilización, en singular, refiere a la construcción civilizadora que desde Europa se extendió a todo el planeta en los últimos 500 años, sustentada en sus defensoras y en sus antagonistas. Civilizaciones en plural, surge como defensa a los estragos de la civilización en singular: los retazos históricos no accidentalmente seleccionados para componer cultura, tradición, lenguaje, costumbres que se oponen a lo “civilizatorio”.

Hace 20 años, Immanuel Wallerstein, reflexionaba sobre la topología de crisis del sistema y los hitos históricos que advertían cambios profundos a partir de la tensión entre las identidades nacionales y el internacionalismo (una forma más acotada de discusión de lo mismo: Civilización/Civilizaciones). A su vez, lacercanía al aniversario del mayo francés, le invitaba a pensar hacia adelante, con las huellas de las “revoluciones individuales”.

Nuestro Octubre Sudamericano nos rodea de manifestaciones, el desorden y la violencia extendiéndose por muchas geografías, gestándose durante un período de, cuando menos, 5 años. Protestas fundamentales ante la hegemonía del capital y conformidad política ante esta realidad. Al ocaso de las concesiones económicas a las clases trabajadoras y a la minimización de los conflictos internos (la hegemonía positiva). Las protestas ad hoc, vehementes, en contra de los movimientos considerados “Viejos” (de izquierda y derecha) que consumado el logro intermedio de acceso al poder del estado (sus variantes Liberales Conservadoras, Nacionalistas, Socialistas) ya dejan de ser juzgados por sus promesas; son sus practicas las deficientes. Todo lo antedicho, ya fue planteado hace 50 años. De aquí el loop sistémico

Los movimientos insurrectos o en rebelión, representan minorías que ya no necesitan ocupar un segundo plano respecto de las organizaciones que representan supuestas mayorías. En este sentido se agregan y disputan en sentido, la variedad de movimientos asociados al laborismo, sindicalismo, feminismos, derechos humanos, localismos plurinacionales, pero ya no de forma hostil entre si, como medio siglo atrás, configurando una única familia de movimientos defensora del igualitarismo y la libertad democrática. Que problematiza la antinomia libertad-igualdad, fundiendo una unidad.

Mas o menos radicalizados, rechazando la preeminencia moral o la superioridad política del proyecto global aupado en los mercados supranacionales. Las presiones para alcanzar una realidad democrática e igualitaria provienen de la conciencia de masas y, son los jóvenes los que no quieren ser la Generación Z: los que entierren al último hombre o mujer del planeta.

1.- Atavismos ecuatorianos.

Durante estas álgidas jornadas, donde vimos miles de ecuatorianos golpeados por el ajuste descarado del tándem Lenin-FMI, tomando la calle, visibilizando la crisis con una pueblada masiva, a la distancia, consumimos información parcial respecto de una supuesta conspiración política, intento de Golpe de Estado, desestabilización chavista, entre tantas opiniones vertidas que no se hacen eco del sufrimiento de los humildes, ni de las negociaciones palaciegas. Lo cierto es que, en medio de la tormenta perfecta, el gobierno de Lenin Moreno declaró el estado de sitio y, mientras reprimía selectivamente al levantamiento popular, avanzó aún mas sobre el Correísmo, “rebeldes” de la Revolución Ciudadana.

Resonantes comentarios de “acuerdo político”, diálogo republicano, control y estabilización del conflicto, desconocen lo acordado con  la CONAIE -que por cierto no fue extendido a todas las organizaciones movilizadas- y parecen no considerar el estado miserable en el cuál se encuentra la paz ecuatoriana. Reflexionar sobre la crisis ecuatoriana nos apresura a señalar los límites de su sistema económico desoberanizado, las incapacidades de su sistema de partidos y las presiones de una sociedad persistentemente pauperizada.

“Nuestro propósito, no deja de ser muy ambicioso. El estudio de las fuerzas profundas implica tratar cuestiones tan amplias que no es posible dominarlas a todas”, atinadamente escribía Pierre Renouvin (1964). Ya promediando medio siglo de sus palabras, el ejercicio intelectual sigue siendo estimulante: los factores geográficos, la posición y el espacio, los recursos disponibles, las migraciones y la presión demográfica, los grupos de presión económicos, la coerción y las alianzas, el papel del Estado en las finanzas, los móviles identitario, del sentimiento nacional (o plurinacional), todas fuerzas que condensan en el aquí y ahora.

Señalemos algunas cuestiones. Lenin Moreno no tiene base de sustentación política propia. Desde su ingreso en Carondelet, durante 2 años intentó vetar y proscribir al Correísmo; primero con la cooptación de la estructura de Alianza PAIS y la fractura del bloque en la asamblea; luegovía el poder electoral, bloqueando la inscripción de partidos y alianzas que promovieran candidaturas asociadas al ex presidente.Lentamente, se recostó políticamente en los sectores que lógicamente hubieran sidosu oposición, a partir de los resultados electorales que lo invistieron Presidente. Paulatinamente la justicia y las fuerzas de seguridad e inteligencia empezaron a encorsetar a los cuadros políticos desafiantes.

Ecuador viene de un lustro a la baja por A) la oscilación de los precios del petróleo B) el terremoto de Manta (2016) y los costos sociales y económicos de la tragediay C) un ambiente viciado por el lawfare y la crisis institucional. En este sentido, la sociedad ecuatoriana vive el ajuste hace 3 años, no algunos meses. La crisis por goteo avanza fuertemente desde la asunción y giro de 180° de Lenin; la contracción del Estado y del alcance del bienestar, mantiene su rumbo pese al malestar social.

Los años de Rafael Correa fueron una anomalía de estabilidad política en un país permanentemente en crisis: solo de esa forma llegas a la dolarización del año ´99; Ecuador tuvo sucretización de la deuda y licuefacción de pasivos privados, tuvo crisis financiera, perdida de soberanía monetaria, éxodo y diáspora poblacional, interrupción/golpes a  las presidencias de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez. De hecho, el auge de la Revolución Ciudadana estuvo siempre emparentado al rechazo de la partidocracia, promoviendo una figura nueva (como lo era Correa en 2006) y asi todo, Ecuador presentó fuertes movilizaciones por reforma laboral, ley de aguas, ley de herencia y plusvalía, la reforma a servidores públicos llevo al intento de golpe del  30-S a Correa.  Por lo que podemos caracterizar dicha estabilidad como oscilante. La creación de una cultura “tibutaria” fue una innovación que siendo totalmente necesaria, gestó su futura oposición empresaria.

En un país pobre como el Ecuador, el impacto de este tipo de shock en el precio del combustible altera las decisiones de agentes sin protección: primacía del cuentapropismo, logística comercial víacamiones, mermadel poder adquisitivo del salario, caída del comercio minorista, afectación de la economía del chiringo. A su vez, suena muy pretencioso que el ajuste del 20% del salario del trabajador no genere manifestaciones como las vistas que, movilizando rápidamente, pueden bloquear la pésima interconexión de su geografía y avivar la fuerte presión demográfica que 16 millones de habitantes distribuidos en menos de 170 mil km2, (los otros 120 mil Km2 de amazonía ecuatoriana albergan aproximadamente 750 mil habitantes)

Este panorama genera muchos incentivos para contraatacar: Pachakutik, CONAIE, FUT, Correísmo, Prefectos Regionales, es decir un crisol de intereses y actores que salen al mismo tiempo a visibilizar demandas sociales crónicamente desoídas.Los resultados parciales de reformasdomésticas, delacuerdo con la UE, de la apertura irrestricta con Perú y Colombia dentro del seno de la CAN y el acercamiento a los EEUU, no son ni económica ni socialmente positivos con el actual entredicho a la globalización y el neoliberalismo. El tiburón huele sangre.

Institucionalmente las FFAA son y serán garantes de la Presidencia. Sin embargo, la Constitución de Montecristi avala la “Muerte Cruzada”: facultad jurídica, que permite a la Asamblea Nacional destituir al presidente de la República o faculta al mandatario a disolver el Congreso para que el Consejo Nacional Electoral (CNE) convoque a elecciones presidenciales y parlamentarias (Art. 130 de la Carta Magna).

Resulta creativa la proposición de que un gobierno en retroceso, incapaz como mínimo, como el venezolano, tenga capacidad de organización y ejecución del poder a ese nivel, en otro país. Resulta aun mas interesante la idea en torno a la capacidad de movilización del Correísmo, dado que en los últimos 2 años fueron despojados de su partido, fue encarcelado el vicepresidente Jorge Glas, fueron vetados electoralmente, se pidió captura internacional víaINTERPOLde Correa, fueron desplazados/cesanteados todos los cuadros técnicos del Correísmo dentro del Poder Ciudadano (República de 5 poderes) y nunca jamás lograron una convocatoria masiva para apoyar  o recostar su malestar político en términos de masas y sin embargo, aquí estarían organizando un brumario ecuatoriano.

Salvando las distancias, en el 2005 cuando Lucio Gutiérrez giró el timonel y traicionó su plataforma política y a su red de alianzas, en menos de 1 año todos los factores de poder endógenos, lo arrinconaron y facilitaron su salida. Lenin Moreno, logró la supervivencia política a traves de la mesa dialoguista con CONAIE, pero desactivar al colectivo y grupo de presión mas importante no significa cauterizar la herida abierta. La representación sigue en crisis, la economía de los hogares a la baja persiste y el poder judicial y las alianzas políticas pueden promover coerción de elite pero no encarcelar la pobreza.

2.- Crisis y resurrección del post-fujimorismo en el Perú.

La perdida de centralidad en la agenda regional, de los vaivenes de la vida peruana, ciertamente se justifican en el estallido chileno, los procesos electorales boliviano-argentino-uruguayo; sin embargo, la máxima “nadie la vio venir” (que algunos emplean para denostar a la academia local) respecto de la vida política del pacífico parece maliciosa. Hace años que las fuerzas profundas coligan un estado embrionario de crisis para la totalidad de este Perú desafecto.

Lo primero a comentar de este escenario es que, si bien es disruptivo parcialmente, uno podría aventurardiversos cortes temporales (uno, tres, cinco, diez, veinte años) y cerciorar  crisis institucional y languidez política peruana;condicion sine qua non del“milagro peruano”: altas tasas de crecimiento sin estabilidad partidaria y representación democrática plena.

Los últimos tres años de disputa politica entre el Fujimori-aprismo y el ejecutivo, promedió con la salida del segundo, Kuczynski, la viralización de Oderbrecht y la asunción del Presidente Vizcarra. Entre la fantasía nacional del ingreso a la OCDE del país que comptite año a año en producción de cocaína con Colombia y el retroceso y desconfianza en las metas de crecimiento del país, el último round entre los factores políticos devengó el  intentó de capitalización de la desafección ciudadana, la apatía y el descontento, el malestar con el funcionamiento de la democracia por parte del Presidente. Mas allá de la avanzada de reformas sobre el tribunal constitucional o la de reforma política que terminara con el sistema de voto preferencial del Perú, lo que trasluce es la oportunidad de reemprender el vínculo Estado-Pueblo vía el voto de no confianza y la promoción de nuevas elecciones que cristalicen una conformación asamblearia distinta.

Lo cierto es que calificar de novedad a las aventuras mediático judiciales vinculadas a la corrupción y falta de transparencia en el Perú es un poco hipócrita. Año tras año -como una herencia marcada del patrimonialismo peruano decimonónico o de la República Criolla- se difunde cada hecho asociado a la pravedad publico/privada, a la confusión de los activos públicos y la propiedad privada. De ahí los auges y caídas, nacientes figuras que rápidamente llegan al ocaso poltico, alternancia democrática, pero con Fuerza Popular como obstaculo al poder presidencial.

Ningún Presidente saliente del Perú democrático, lo hizo con más de 15% de aprobación ciudadana. Ni el apresado Humala, ni Alan García, ya fuera del plano terrenal, ni Toledo y su Perú “Posible”. Este sería el Perú Imposible. Kuczynski el último caso: ganan elecciones con el 50+1 y se van por la puerta de servicio. En el fondo, la incapacidad politica de cumplir promesas. La democracia limitada, donde los políticos prometen el Cielo y el péndulo del Parlamento y la Constitución se turnan en la negativa y los mandan a la picadora de carne.

Vizcarra ve una oportunidad de reorganizar la politica con KeikoFujimori presa, fuera del recinto, ese recinto que filtro las negociaciones indecibles,las que marcaron la renuncia de Kuczynskien medio del segundo periodo de vacancia, cuando no estaban los 87 votos para condenar a un presidente a la incapacidad moral, pero si la astucia y desverguenza para propiciar el escándalo. Mientras se importa la cartelería argentina de fin de siglo “Que Se Vayan Todos”, Vizcarra quiere ser el primero en evitar la deshonra de sus predecesores.

El Respaldo de las Fuerzas Armadas nos recuerda el peso de los grupos de presión y el corporativismo militar, variable ineludible para comprender la gesta “noventosa” del Perú; el autogolpe, la constitución, el referendum fraudulento, la represión y el encarcelamiento, el disciplinamiento social. Hoy ese respaldo le sirve al Ejecutivo para mostrarse sensible a las demandas y seducido por un escenario sin tanto Fujimori-aprismo. El Impasse Araoz, fue laseñal final del escenario que se aproximaba. Si la situación internacional persiste y la sociedad peruana se movilizar, el Milagro concluye.

De todas maneras, la paradoja serguirá, Fuerza Popular será votado sustancialmente;representa tanto demandas punitivas y reaccionarias, como a regiones totalmente empobrecidas (donde el día después de Sendero Luminoso, se quedó la “unidad básica” de Fujimori). La cuestión radica en un nuevo orden que no sea vetocrático.

Los interrogantes hacia adelante se plantean en términos constituyentes: si el sistema esta en crisis, es la Constitución lo que debe reformarse. Fue en este plano, donde las alianzas y grupos de interés lograron limitar el poder político y blindar el paroxismo financiero internacional. El Constitucionalista Francisco Eguiguren señaló hace un años que los artículos 60, 62 y 63 del Capítulo Económico de la Carta Magna no permiten contar con instrumentos para alcanzar objetivos sociales. Solo puede haber empresas públicas en aquellas actividades donde no le interese participar al sector privado. Eso explica por qué el mayor gremio empresarial, la Confiep, reclamó siempre la privatización de Petroperú, Sedapal y Enapu, inclusive a sabiendas de la merma accionara del Estado. El artículo 63 dice: “La inversión nacional y la extranjera se sujetan a las mismas condiciones”. Este artículo no figura en ninguna Constitución de los países vecinos.

En este sendero constituyente es que la discusión pasará de minorías a la conformación de una mayoría circunstancial que resuelva nuevas reglas para desarrollar la Educación y la Salud, la sustentabilidad ambiental y los límites para la economía delictiva (6% del PBI) que no tan solo abarca el mercado de la producción y tráfico de drogas, sino también la deforestación ilegal de la Amazonía peruana y la minería ilegal contaminante. Es este el espacio donde las alianzas y colectivos plantearan que rol desean para el Estado y el alcance del Bienestar.

De otra forma, la conclusión seguiría siendo la misma que la descrita hace 5 años atrás: “resta esperar las manifestaciones que durante los próximos años nuestro Milagroso Perú : ¿Será la Lanza, el Látigo o la Corona de Espinas?”

3.- El gran “arco temporal” de la Rebelión en Chile (2011-2019).

En la crisis de Chile hubo un detonante conocido por todos, el aumento del boleto del Metro. Esa decisión del gobierno despertó las primeras protestas. A los jóvenes estudiantes que se resistieron a pagar el boleto se fueron sumando adultos, trabajadores, organizaciones sociales, luego sindicales, etc. Y aparecieron los “cacerolazos”. Recordemos que en Chile los cacerolazos poseen una densidad simbólica muy fuerte, siendo el primer país de América Latina donde se registraron, cuando se vieron en calles de Santiago a modo de protesta contra el desabastecimiento del gobierno de Salvador Allende (vaya paradoja!).

A medida que las protestas se amplificaron, y la represión por parte del gobierno se fue haciendo cada vez más fuerte, comenzó a sentirse que más que una protesta coyuntural, se estaba gestando una rebelión de demandas estructurales. Pero una rebelión en un país donde no se dan rebeliones. Un país que, como bien se sabe, fue laboratorio de los jóvenes graduados de la Universidad de Chicago, liderados por Milton Friedman, y donde se aplicaron las leyes del mercado de manera bestial y profunda, cambiando no sólo la cultura económica, sino que también la matriz política del país. Pero por sobre todo, en un país donde la participación política se licuó de la mano de la anti-política y el consumismo, del emprendedorismo individualista, y la competitividad descarnada.

Por ello, para comprender en parte lo que sucede en Chile, entendiendo que es una crisis estructural y de larga duración, debemos retroceder brevemente unas décadas, ya que es con la llegada del régimen pinochetista cuando el país transitó un notable proceso de despolitización, uno de los más profundos y potentes de la región, el cual hoy llega a su fin.

Como ya hemos analizado en otros trabajos, el gobierno dictatorial de aquellos años logró por intermedio de un conjunto de herramientas mediáticas y culturales ubicar a “la política” en el conflicto, como la culpable de la polarización, la división interna y la violencia, y por lo tanto, incentivó a la sociedad a tomar distancia de la misma, dejando que los técnicos y los expertos (supuestamente desideologizados) “ocupen” el espacio de la gestión y la administración del estado.

El nacimiento de esa nueva cultura política estimuló la protección de los “guardianes de la economía”  -las grandes corporaciones-  dejando ante las condiciones de la intemperie económica a las pequeñas y medianas empresas, empobreciendo las fibras sociales del país, concentrando el poder, elastizando las condiciones de trabajo, y sobre todo banalizando el rol de los sindicatos. Todo este proceso logró evaporar gran parte de la vocación participativa, ya sea por miedo o por descrédito, formando una ciudadanía individualista y competitiva, sin marcos referenciales anclados en lo social, la movilización, la militancia. En esa pedagogía anti-política del pinochetismo, tuvo un rol fundamental el joven abogado Jaime Guzmán, responsable intelectual de “explicar” a la sociedad los males de la política en un lenguaje llano y directo, pero también desarrollarlo en otro lenguaje academicista y más sofisticado, a los intelectuales o a los hombres de las universidades el mismo paradigma y los nuevos tiempos.

El rol de Guzmán fue tan trascendente, que si observamos las transformaciones de la cosmovisión chilena producto de su trabajo, podríamos pensar que es sin dudas uno de los intelectuales que más ha gravitado en la historia reciente del país trasandino, siendo uno de los grandes responsables del orden constitucional de Chile, de las memorias del propio dictador, de las actas constitutivas de la dictadura y del armado del Unión Democrática Independiente, entre otras cosas.

Guzmán fue un factor importante en el efecto retardatario que se le aplicó a la movilización y la participación política, y por lo tanto también, en la aceptación por parte de la sociedad de un proceso re-democratizador donde la dictadura no fue revisada ni deconstruída, en todo el ensamblaje de la cultura política nacional. Incluso, como lo analizada el emblemático trabajo de Tomás Moulián, fue el responsable de “neoliberalizar” el discurso gremialista, llegando a eliminar las nociones del “bien común”, donde tan arraigadas estaban las tradiciones y concepciones cristianas de justicia social.

Y esa es la segunda herencia de la Dictadura: el orden neoliberal instaurado de manera experimental. Ese orden no fue sólo coyuntural  -sino no habría sido tan trascendente-  sino que además implicó un programa de reestructuración económica a largo plazo, acelerando la privatización de la economía, estructurando un matriz financiera moderna (con la participación de los grandes bancos y las financieras en el armado), el “aperturismo” a la inversión extranjera directa, la obvia apertura arancelaria, etc. Es decir, que fue el amalgama del Chile que hoy conocemos también desde lo económico financiero, asumiéndose estos paradigmas como parte de la “Escuela Oficial Económica”.

Desde allí comenzó a derrumbarse lo que quedaba de la industria local, a privatizarse todo lo que antes podía administrar el estado, y a asumirse como “privilegios idealistas” del comunismo, a aquellos derechos que antes garantizaba el estado: sobre todo en materia de educación y salud pública.

Esta ciclópea tarea de re-educación de la sociedad chilena, no hubiera podido hacerse  -como lo han analizado bibliotecas de investigaciones-  sin la colaboración de los grandes medios masivos, no sólo de los diarios, también de la radio, la televisión, las editoriales, en toda la tarea de neutralización y silenciamiento de otros discursos y paradigmas. Basta con ver el rol de Agustín Edwards en este rol  -casi tan importante como el de Guzmán en materia política y jurídica-  sobre todo en la difusión de la idea de “democracia protegida”, que le permitía al Dictador poner un barniz de legitimidad a su gobierno.

Todas estas herencias no fueron discutidas por la Concertación post-pinochetista, es más, permanecieron como guardianes de un orden económico “tutelado” por esa cultura política, que por fobia al desorden, acepta y aprueba la intermediación de un paradigma contra-natura a la democracia popular. Pero en el 2011 se hicieron más que evidentes ciertas fisuras a todo el canon político-cultural, con las conocidas protestas estudiantiles, marchas, debates, que pusieron en emergencia el inicio del fin de muchos supuestos que regulaban “la forma de vida” de la otrora Suiza latina.

Mucho de la crisis del 2011 se observa en esta verdadera revolución. Por ejemplo, es gracias a lo que implico el primer quiebre de hace ocho años, que accedió a la dirigencia de la mítica Central Obrera Chilena (CUT) una mujer, Bárbara Figueroa, la primera en su historia. Una mujer en ese espacio, psicóloga y filósofa, con tanto impacto en los medios, hubiera sido impensado hace algunos años. Es un claro producto (y factor obviamente) de la crisis del modelo y el sistema. Y cuando nos referimos al modelo, reiteramos, nos referimos no sólo al económico, sino a todo el armazón cultural del que hablábamos anteriormente.

Hoy la protesta se amplificó mucho más que a medidas coyunturales. No sólo se pide por las pensiones, la salud pública, los magros salarios, sino que también por la educación y la Constitución, por la participación política, y también por la distribución.

Como hemos detallado en otra nota,[1] la heterogeneidad de grupos y espacios políticos que participan es notable, desde organizaciones barriales, hasta grupos indigenistas, sindicalistas, gremios de base, plataformas docentes, hasta hombres y mujeres de a pié, sin banderas políticas, sólo con la de su país. Esta rebelión, y en eso reside lo complejo para el gobierno, no posee liderazgo evidente, y casi no tiene oradores. La espontaneidad hace caer cualquier hipótesis de injerencia externa, que sólo la puede proponer un ignorante o un mal-intencionado.

El itinerario de la revolución gestada en Chile, además no permite identificar ninguna planificación. Eso sí, con el correr de los días, diversas organizaciones fueron asumiendo la dirección de la movilización, o al menos tomaron algunas riendas con el horizonte de capitalizar políticamente toda esta fuerza social, lo que siempre es esperable y hasta deseable.  Entre éstas, la articulación Unidad Social es un espacio donde hoy conviven agrupaciones estudiantiles, organizaciones territoriales, sociales, feministas, etc, y parecería ser el principal aglutinante.

Como hemos desarrollado en otro artículo,[2] quizás el eje de la tormenta sea la Constitución, herencia maldita del pinochetismo, que permanece en la vida institucional chilena a pesar de las críticas y acuerdos de reforma. En ella se ven –más simbólicamente que de manera real- ancladas las desactualizaciones del modelo político y cultural, y en ella reside parte de la domesticación de lo colectivo. Plantear en el horizonte una eventual Asamblea Constituyente es casi un ejercicio diario en Chile desde hace varios años. Hasta hace poco, era más una aspiración motivacional que un objetivo político.

Posiblemente este quiebre institucional que representa la crisis, con la desobediencia civil, un presidente pidiendo perdón por su miopía, la renuncia de todo el gabinete ministerial, etc, sean la verdadera llave para acceder a la sala de reformas claves.

Parecería que ahora sí es una posibilidad real la tan repetida reforma, ya que gran parte de las organizaciones que pugnan en el proceso político no la proponen como punto de llegada, sino que ese sería sólo el inicio de toda una nueva estructura y acuerdo político, con una impronta desde la participación popular, incorporando plebiscitos y hasta reformas en la orgánica del estado. 

Epílogo.

Estamos viviendo sin dudas un cambio epocal sin precedentes, no sólo en Chile, en toda la región. ¿Es el agotamiento de un modelo a nivel regional? Aún no lo sabemos, pero hay vocaciones de cambio muy similares. Sin dudas la crisis de Chile derramó una gran solidaridad desde organizaciones de la región hacia el país trasandino, y podría transformar, porque no, una empatía coyuntural de los sectores de trabajadores y minorías, en un caudal político incuestionable.  

Lo que puede observarse en estas luchas, sobre todo en Ecuador y en Chile, no es ira, no es odio. Por supuesto hay dolor, sobre todo de los familiares de los fallecidos. Y también hay enfado. Pero el clima general, como puede verse tanto en los medios como en las redes sociales, no es el odio, sino la alegría. De alguna manera quienes se han movilizado saben el puerto al que llegaran todas estas manifestaciones. Y sean a largo plazo o no, las innegables transformaciones políticas que traerá este proceso serán positivas.

Entendiendo que a más de uno pueda parecerle una categoría arcaica y torpe, lo que puede identificarse en la región con todas estas crisis, es la persistencia de lo nacional – popular como activo político e identidad de lucha. Uno de los intelectuales más importantes del cono sur en los últimos treinta años, el boliviano Andrés Solíz Rada, decía que lo nacional popular es uno de los dos aportes más importantes de América Latina al pensamiento sociológico, entendiendo por ello a “las experiencias y planeamientos económicos y políticos de nuestros países en procura de su liberación nacional”.

No debe caerse en el error, advertido por Methol Ferré  -gran intelectual uruguayo referenciado por Bergoglio incontables veces-  en reducir lo nacional–popular sólo a “lo popular”, porque al silenciarse “lo nacional”, se fracciona el caudal de acción política que el movimiento y su filosofía pueden tener.

Retomado a Soliz Rada, enfatizaba el paceño que en el enfrentamiento entre el capital financiero y lo nacional popular, subyace “la vieja pugna entre libre mercado e intervencionismo estatal”.

Quizás lo que expresan estas luchas desde Ecuador hasta Chile, sean diversas expresiones de la misma tensión sobre los modelos político-económico-culturales en pugna, y por lo tanto, las opciones que la política propone como horizontes posibles de nuestro destino.

 

[1] Lavallén Ranea, Fabián (2019). El desborde en Chile: ¿nuevo ciclo de una rebelión popular? Revista PENSAR AL R. Bs As, Octubre de 2019.

[2] Lavallén Ranea, Fabián (2019). Ethos y cultura política. La domesticación de lo colectivo en el modelo chileno. PUEBLO MUNDO. Notas de cultural y política. Año 5, número 23. Bs As.


Fuente: Pensar al Sur.