07 de octubre de 2019

LA DESMEMORIA POLÍTICA ARGENTINA: JUAN BAUTISTA ALBERDI, UN PENSADOR SUMERGIDO.

El pensamiento alberdiano implica una vastedad de ideas multidisciplinares que constituían un virus para el sistema político de su tiempo, agentes dañinos e infecciosos para Buenos Aires, sobre el cual implementaron dos estrategias: la inmersión, y la pasteurización preventiva.    


 

Por Fabián Lavallén Ranea. 

1.- Un tucumano peligroso.

El pensamiento alberdiano supone una conjugación de ideas historiográficas, filosóficas, políticas, diplomáticas, y también jurídicas, encuadradas en un proyecto de interpretación de la realidad nacional argentina. Ideas tan graves y contundentes eran un peligroso virus para la política oficial de su tiempo. Preventivamente, para que esos elementos  infecciosos no crezcan ni se reproduzcan, se implementaron dos estrategias: la inmersión, y la pasteurización. 

Ese virus era grave, muy grave, sobre todo porque constituía un ideario, complejo y amplio, que dialogaba con la praxis política. Además, porque era construido a partir de las tensiones del exilio, desde los márgenes del poder, y también desde la ausencia.  Ideario, pensamiento, y por sobre todo “diagnosis política y social” pensada para proyectar  soluciones a los grandes problemas de su tiempo, se complementó en Alberdi con trabajos de clara raíz prospectiva.

Es allí, en lo más próximo de las propuestas, y desde lo más profundo del diagnóstico regional, donde aparece el Paraguay como núcleo de su pensamiento, y como motivación central de sus apotegmas. La construcción de un derecho internacional solidario, la problematización de la soberanía absoluta de los estados, el sistema americano, la condena y abolición de la Guerra, se proyectan en el pensamiento de Alberdi a partir del drama y la “guerra injusta” del Paraguay. La historia oficial argentina  -en pleno génesis por aquellos años- operaría sobre estas ideas una “inmersión estratégica” y preventiva, tendientes a favorecer la desmemoria política de los sucesos de la Guerra Guasú.  

Alberdi fue una figura central de la Generación del ´37. Representa cabalmente el espíritu de esa generación que buscó pensar, analizar, y estudiar la realidad social argentina, observando las formas de institucionalizar un orden político democrático, liberal, en contextos de guerras, tiranías, conflictos civiles y violencia. Estos hombres, ilustrados y románticos, la mayoría de ellos nucleados en el Salón Literario de Marcos Sastre, tendrán su “ciclo formativo” con el trance de durísimas experiencias político - sociales, y un período de notable creatividad que cubre hasta aproximadamente 1880, “durante el cual su ideología romántica alcanza la hegemonía cultural”, como lo analizara Oscar  Terán. Es decir, que dicha generación será claramente hegemónica en el período de la Argentina “embrionaria”, previa al desarrollo de la Argentina moderna, agro-exportadora y oligárquica.

Los estudios de Alberdi abarcan desde filosofía política, ética, filosofía de la historia, derecho, hasta las corrientes económicas de su tiempo. Alberdi es parte de una generación de pensadores y políticos que formaron su trayectoria a partir del exilio, elemento que es iconográfico en las historias de vida de muchos intelectuales latinoamericanos y argentinos, pero que en el caso específico del tucumano, le imprimió una particularidad a su producción: el hecho que escribiera “sobre materia internacional”, y quizás como pocos hombres de su tiempo. Ese acontecimiento decisivo, a su vez lo llevó a tener los conocimientos necesarios para ser considerado por Urquiza al momento de nombrar a un representante diplomático ante los gobiernos de Europa (primero como encargado de negocios, y luego como plenipotenciario), en las cortes de España, Inglaterra, Roma y Francia, siendo no sólo el primer diplomático de la Confederación Argentina en el viejo continente, sino que el gestor del reconocimiento de la independencia nacional por parte de Madrid, entre otras cosas. 

2.- Tapando el bosque.

Por todo esto Alberdi constituye una experiencia “sumergida” de pensamiento político. El “sumergir” es un recurso distinto a “prohibir” una obra. Al sumergirlos se produce una inmersión de algunos trabajos, pero dejando en “flotación” otros, por lo general, obras, pensamientos, hechos, que por su propio destello, originalidad o envergadura, puedan sombrear otros trabajos mucho más peligrosos para el status quo, declaraciones o experiencias disruptivas para el orden establecido, que quedan tapadas, en segundo lugar, olvidadas.

Esa “inmersión” no sólo es de obras escritas. También es el caso de experiencias políticas, proyectos, constituciones, etc, antesala de una deconstrucción de la memoria histórica, que tiene como producto final la desmemoria política. Y si justamente hay una experiencia política “sumergida” en el plano suramericano, que a su vez sea modelo para  la conformación de “estereotipos”, es el caso del Paraguay, el cual constituyó desde el comienzo del siglo XIX el modelo de “otredad” para el Río de la Plata, tanto durante el proceso de la Guerra de Independencia, como durante  todo el ciclo de conformación del Estado argentino, pasando por las luchas civiles y hasta las primeras experiencias constitucionales.

Un caso resonante de autores sumergidos que ya hemos analizado en otros trabajos, es el de José Hernández, el genial autor del Martín Fierro, que siendo un notable hombre político (senador, diputado, hombre de armas, etc) y periodista de una vastísima producción y cientos de escritos, y habiéndose acopiado de él una gran experiencia parlamentaria en varios tomos, sin embargo, se edita y publica sólo su único libro literario, El Martín Fierro. Es más, en la nomeclatura de las bibliotecas y librerías, es un autor que por lo general ocupa un espacio en “literatura”, y nunca en la sección “política”, ni mucho menos de periodismo. Se “sumerge” su pensamiento político, explosivo, contundente, corrosivo, dejando en flotación la genialidad gauchezca…

Volviéndo a Alberdi, el agravante que observamos es que con él se da la síntesis de la experiencia sumergida del Paraguay (que él mismo denunció e hizo conocer), pero asimismo, el propio pensador constituye –por su feroz enfrentamiento con Mitre y Sarmiento- un caso de intelectual sumergido, no sólo por los modelos o experiencias que defendía, sino que por la propia vida política que tuvo, la cual estuvo marcada por el enfrentamiento citado con los dos ex presidentes. Alberdi fue un rival tanto desde lo personal, como también desde lo institucional con ellos, por ejemplo, por ser un  “candidato presidenciable” en competencia con los líderes de su época.

Alberdi sufrió la oposición general de muchos liberales enrolados en un unitarismo “irreductible y enceguecido”  -según palabras de José Luis Romero-  que creyeron que el “intento de comprender la realidad” llevado adelante por el tucumano suponía una mera traición. Por eso se da la particularidad que uno de los máximos pensadores de nuestro país, por su originalidad, por su impacto político, por su prestigio internacional, para muchos el más importante de todos, es reconocido sólo como un “gran constitucionalista” -que sin dudas lo fue-  con Las Bases como obra de flotación. No se edita ni se estudia la titánica obra diplomática, filosófica, política, jurídica, y hasta literaria, que construyó a lo largo de décadas de enorme esfuerzo, en el exilio, la soledad y la ausencia.

Héctor Ciapuscio, quien estudió en detalle la obra alberdiana, considera que Alberdi es el “más vigoroso de los pensadores argentinos”, agregando que sin embargo la inmensa mayoría de sus escritos -los cuales son una lección de inteligencia, de estudio, de patriotismo y de entereza cívica-  son “ignorados por nuestros conciudadanos”.

3.- La "Guerra Grande", que no debemos mirar.

En marzo de 1865 Alberdi comienza su ciclo de trabajos en defensa del Paraguay, con el escrito: “Las disensiones de las Repúblicas del Plata y las maquinaciones del Brasil”. En este trabajo, breve y directo, detalla la influencia de los factores económicos y geográficos en el comportamiento de los actores que desarrollan la guerra. Sobre todo, profundiza en los intereses estratégicos del Brasil y su clara vocación expansionista hacia el Plata.

Alberdi era consciente que la demagogia de Mitre llevaba a una catástrofe de dimensiones alarmantes, siendo el único beneficiado de la guerra el Brasil, y el gran perjudicado, además del Paraguay obviamente, el honor argentino.

Luego, en el período que va de 1865 a fines de esa década, escribió por lo menos seis grandes obras dedicadas a dicho país y el conflicto regional, junto con otros trabajos menores. Trabajos que como dijimos, no se editan ni debaten. Asimismo, debe sumarse a este repertorio de “trabajos formales” de Alberdi sobre el Paraguay, las ideas volcadas en los epistolarios personales con figuras de la época, lo cual constituye todo un campo de trabajo tanto o más profundo que los escritos.

En su afán de estudiar la historia de América y comprender la lógica profunda de la política, y no sólo de “ocuparse” simplemente de ella como hacían todos, Alberdi había comenzado desde hacía unos años a hacerse interrogantes para descubrir las reglas que estructuran los actos, las fuerzas o corrientes que “gobiernan la mano y la voluntad del gobernante”. En este caso, su primera pregunta fue ¿Qué busca el Brasil en el Río de la Plata? Y a partir de allí, tejer minuciosamente sus argumentaciones. De algún modo podría estructurarse cierta lógica argumentativa alberdiana sobre la Guerra Guasú a lo largo de sus escritos, donde identifica que:

a.- El Paraguay no representaba una amenaza para la Confederación Argentina;

b.- La causa del Paraguay no es otra que la causa de las Provincias interiores argentinas y brasileñas, y el Paraguay es por lo tanto, el “aliado natural” de éstas;

c.- La Guerra de la Triple Alianza es resultado del “orden post-Pavón”, acordado luego de que la vieja Confederación urquicista renunciara a liderar el proceso de modernización argentina;

d.- La Guerra podría haberse evitado –a pesar de las condiciones regionales ya citadas-  pero tuvo un “reaseguro” el detonante del conflicto: la desmedida ambición brasileña, y la propia vocación imperialista lusitana que nunca renunció a alcanzar el espacio vital rioplatense;

e.- La Guerra fue central para la re-organización del Imperio del Brasil, verdadera causa estructural de la destrucción del Paraguay;

f.- El Imperio tiene causas profundas demográficas y económicas para expandirse hacia el Río de la Plata, pero por sobre todo, la “Gran Razón” es que no tiene otro medio de asegurar la integridad de su vasto territorio.

La vocación imperialista del Brasil siempre fue un miedo latente, tanto en el pensamiento como en la praxis de Alberdi. Veía al imperio como un elemento disolvente de la integridad de la Argentina, política en la que colabora Buenos Aires al aliarse contra la Confederación, y que tiene como gran objetivo, el quedar como único gigante “en medio de pigmeos”, dominando la boca de los dos grandes ríos de Sudamérica, el Amazonas y el Plata. En otras palabras, Mitre colaboró con la política disolvente del Imperio…

4.- El "Pueblo Mundo".

En su etapa de madurez, Alberdi despliega muchas de sus grandes ideas en el trabajo El Crimen de la Guerra, obra que nunca culminó ni llegó a publicar. Lo que hoy leemos bajo ese título es tan sólo un borrador. En él, el tucumano se constituye en uno de los grandes pioneros en el planteo del derecho internacional de los individuos, cuando aún no estaban en boga las corrientes jurídicas que observarían sobre extender las reglas del Derecho Internacional a otras “personas” internacionales.

Asimismo, hay en ese escrito varios postulados audaces, como por ejemplo, cuando plantea alguna forma de intervención para sostener libertades del hombre “y colocarlos bajo la custodia del mundo civilizado”, lo que sería una suerte de proto-derecho humanitario, que se complementa con el “derecho a inmigrar” que ya había propuesto en su Memoria sobre la conveniencia de un Congreso Americano de 1844.

Alberdi planteaba la posibilidad de “intervenir” sobre la realidad política de un estado, cuando el objetivo sea proteger un derecho, defender una libertad, sin contradecir el que las soberanías son siempre inviolables, pero “no son absolutas”. Es decir, que así como la casa de un individuo es un lugar sagrado e inviolable, hasta tanto no prenda fuego la casa poniendo en riesgo la seguridad de toda una comunidad, los estados son también inviolables, hasta tanto no dejen de garantizar los derechos de los individuos. Es allí, en ese riesgo general de los ciudadanos, donde debe actuar la “solidaridad del género humano”, y quebrarse una regla que parecía no tener excepciones.

Como corolario, el constitucionalista argentino propuso que los países podrían “abstenerse de reconocer o tratar” a un gobierno que no reúna las condiciones necesarias para hacer cumplir sus pactos, superando las instancias clásicas del Derecho Internacional de su tiempo, el cual planteaba sólo como “elementos constitutivos” exigibles a los estados: el territorio, la población, el gobierno, etc.

Para Alberdi se debía incorporar la capacidad de observar las prescripciones de la comunidad internacional (piénsese por ejemplo, en la “claúsula democrática” del Mercosur en la actualidad). De esta manera, observaba que podían extenderse los derechos y deberes de la comunidad, pero también presionar para conseguir aún más amplios resultados, todo esto, con miras a construir una comunidad global o "Pueblo Mundo", basada en la solidaridad y el respeto.

5.- Corolario.

El hecho que de Alberdi conozcamos y rememoremos sólo su pensamiento en materia de derecho constitucional, y no podamos ver los matices y riquezas de sus obras en cuestiones regionales y globales, culturales, historiográficas y jurídicas,  ni mucho menos las cuestiones diplomáticas que fueron fundamentales para la conformación de la Argentina, habla muy mal de la memoria política de nuestra patria, o de la exitosa “pasteurización” que se hizo de su figura, eliminando sus agentes nocivos. 

Sus teorías no eran una sofisticación idealizada de la política. Si tenemos esa percepción, es producto de la inmersión de sus trabajos más peligrosos, y de "limpieza" que se operó sobre su trayectoria política.

Si en algún momento todas estas ideas de Alberdi, concentradas y suntuosas, nos parecen apotegmas de una pedagogía apartada de la praxis, una teoría lejana del campo político, recordemos las palabras de Canal Feijó  -uno de los máximos estudiosos del pensamiento alberdiano-  quien decía hace más de medio siglo, que ningún otro pensador americano había acertado como él, en colocar “la idea tan cerca de la acción”.

 


Fuente: Pensar al Sur.