05 de abril de 2019

EL REGRESO DE JAMES BOND

En enero pasado, tuvo lugar la “Feria Internacional de Consumo Electrónico” de Las Vegas, el show tecnológico más importante del mundo; la crónica nos asombraba con robots e invenciones todo uso, como el robot que plancha y dobla la ropa de cualquier tipo en solo segundos. Pero sucedían también otras cosas propias del mundo del espionaje, del robo de patentes y de que demuestran el grado de que en las simples tecnologías de usos domésticos pueden anidarse desarrollos y conflictos de alto impacto global.


Por Mario Pino

 

Ian Flemming, el célebre escritor inglés y agente de inteligencia del MI6, fue describiendo en sus obras, en su mayoría escritas en su paradisíaca residencia jamaiquina de Golden Eye, en Oracabessa, va acompañando desde su óptica particular y de la mano de su agente del MI5 James Bond, los cambios geopolíticos que se suceden a partir de la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría.

Como Jean Larteguy, lo haría respecto a la Francia colonial, Flemming describe la decadencia y caída del Imperio Británico; en “Desde Rusia con Amor” (1957), Bond con nostalgia le expresa a su socio, el espía turco Darko Kerim, “ya no enseñamos los dientes, solamente las encías”.

Las deserciones en los servicios secretos británicos desde finales de la década de los 50 se acentúan, y cuando deserta el espía Kim Philby, en 1963, es nítida la preocupación del escritor inglés, por la reducción patriótica y moral de su nación en “Sólo se Vive Dos Veces” (1963). Esto lo escribe y publica en el medio del escándalo del Ministro de Guerra Británico John Profumo, algo jamás imaginado ocurriría en Londres. Apenas dos años después. “El Hombre de la Pistola de Oro” (1965), con una Jamaica independiente, refleja la liquidación del Imperio Británico, y en la trama, el enemigo ruso ya es reemplazado por una poderosa organización terrorista global y sin ideología. Los chinos aparecen esporádicamente en la obra de Flemming, aunque en “Dr. No” (1958), en los inicios mismo de la carrera espacial, el chino-alemán, traidor de todos lados, ya trabaja con los rusos y trata de sabotear los lanzamientos espaciales que los Estados Unidos realizaba desde Cabo Cañaveral.

En la película “Los Diamantes son Eternos” (1971), ya hace cinco años que no está más la pluma del brillante escritor inglés, pero hoy, casi cincuenta años después, una pequeña lámina de diamante sintético, constituye un acontecimiento descriptivo del momento del conflicto entre Estados Unidos y China, con Huawei y el FBI como actores activos centrales. Esta invención que volvería casi indestructibles las pantallas de los teléfonos celulares, también están listados por las leyes norteamericanas como material estratégico pues constituyen un avance importante en desarrollos bélicos del rayo laser. 

En enero pasado, tuvo lugar la “Feria Internacional de Consumo Electrónico” de Las Vegas, el show tecnológico más importante del mundo; la crónica nos asombraba con robots e invenciones todo uso, como el robot que plancha y dobla la ropa de cualquier tipo en solo segundos. Pero sucedían también otras cosas propias del mundo del espionaje, del robo de patentes y de que demuestran el grado de que en las simples tecnologías de usos domésticos pueden anidarse desarrollos y conflictos de alto impacto global.

A pocos metros del stand de Huawei, la poderosa empresa china de telefonía celular, el pasado 8 de enero y por pocas horas, abrió su propio espacio la firma norteamericana AKHAN, cuyo dueño, el joven ingeniero Adam Khan, ofrecía sus pantallas de teléfonos celulares cubiertas con una película de diamante sintético, que resiste quebraduras y ralladuras.

El espacio había sido convenientemente preparado para grabaciones y filmaciones ocultas, para una reunión que se realizaría entre AKHAN y los representantes de Huawei de California, con un alto representante venido desde China a ese efecto. A último momento, los representantes de la corporación china, alegando que no podrían llegar a tiempo, propusieron reunirse en la muy ruidosa hamburguesería de un famoso hotel, hacia donde se desplazó el Ingeniero Khan y su acompañante, convenientemente intervenidos por el FBI, con dispositivos ocultos, para registrar la reunión. El importante representante chino no había venido pues ya había sucedido la detención en Canadá de la hija del fundador, Meng Wanzhou.

Adam Khan comenzó a estudiar y desarrollar los nanodiamantes a los 19 años de edad hasta que en 2016 decidió que era el momento de irrumpir en el mercado con su invento y darle volumen a su pequeña empresa, una start up que no registraba ingresos económicos.

Así ofreció su producto y envió sendos prototipos a Samsung y a Huawei California, tomando las previsiones propias de todo inventor para evitar el robo de su invento, en el convencimiento cierto y fundado que su película de diamante artificial dominaría la próxima generación de tecnología inalámbrica 5G. Esto ocurre a inicios del 2017, con anterioridad a la guerra comercial entre Trump y Xi, cuando ya Huawei se había lanzado a la búsqueda en Estados Unidos de todo tipo de tecnología de punta 5G en desarrollo.

La muestra del cristal debía ser devuelta en dos meses, es decir en mayo de 2017, en las mismas condiciones en que se remitió y no podía salir de los Estados Unidos. Pasó el tiempo y la devolución del prototipo no se producía hasta que el inventor Khan, participa de una reunión del programa del FBI para ayudar a pequeñas empresas y emprendedores a protegerse de ataques cibernéticos y robo de inventos. Con la suspicacia y susceptibilidad propia de todo inventor, comenta su caso y pasa a ser reclutado por la agencia de inteligencia, Cuando con tres meses de atraso el prototipo es devuelto, la pequeña pieza, no más grande que la superficie de una etiqueta de cigarrillos, estaba rota y confirma para sí que la poderosa corporación china estaba tratando de robar su invento.

La película de nanodiamantes artificiales también se usa para la tecnología militar de rayos laser, por lo que queda comprendida y podría constituir una violación al marco regulatorio estadounidense que prohíbe la exportación y tráfico de armas. Los laboratorios de gemología del FBI, determinaron que la muestra había sido sometida a bombardeos laser de 100Kw, compatible con tecnología militar. La corporación china niega haber violado ninguna reglamentación, pero no da respuesta de la ruptura del irrompible ejemplo.

El 4 de diciembre de año pasado, un par de días después de que Donald Trump y Xi Jinping firmen la tregua de Buenos Aires, Canadá detiene a pedido de los Estados Unidos a la hija del fundador de Huawei y vicepresidente de la corporación, Meng Wangzhou. Son claros los esfuerzos de la administración de Trump bloquear el avance y de impedir la venta de tecnología 5G a algunas firmas chinas, convencida de que afecta a su seguridad nacional. La saga del conflicto estratégico entre Washington y Beijing por la primacía tecnológica comenzó hace tiempo.

Cisco, en 2003 y Motorola en 2010, además de T Mobile han denunciado a Huawei por robo de tecnología. A principios del año 2018 la poderosa empresa china ZTE estuvo al borde de la quiebra cuando Washington prohibió las ventas de productos de los que dependía, debió pagar 1.000 millones de dólares y sufrió pérdidas enormes. Recientemente se promovió otra denuncia contra la Sra. Meng por el robo de la parte de un robot de T Mobile. Ya en el año 2012 Huawei y ZTE fueron sindicadas como posiblemente hostiles a la seguridad nacional de Estados Unidos.

Ahora, el FBI, incursionó en las oficinas de Huawei en California, tratando de encontrar más evidencias del caso. Aún no se conocen los resultados, pero existe la duda sobre si los Estados Unidos está buscando evidencias para justificar y fortalecer su posición en la disputa, no solamente para fundamentar su política y terminar de convencer a sus aliados a que lo sigan siendo.

Hasta el momento además de los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, han prohibido la participación de la firma china en la tecnología 5G; Japón y países europeos estudian sumarse a las restricciones.


Fuente: El Diario - Carlos Paz