20 de mayo de 2019

LAS NUEVAS DERECHAS EN AMÉRICA LATINA ¿QUÉ HACER CON LOS INTOLERANTES?

Los valores de justicia están instaurados por lo menos hace dos mil quinientos años, desde el temprano despertar de la filosofía griega. Una nueva derecha que se acrecienta electoralmente, ¿puede convertirnos hasta tanto no diferenciar entre un procedimiento y un linchamiento? O en verdad tenemos que hacer como los grandes liberales del siglo XIX, vamos a tener que decir: tengo mayoría de uno.


Por Nicolás Puente
 

La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”
                                                  Thomas Mann

 

Peligro inminente

Los gobiernos de derecha elegidos democráticamente han dado un nuevo paso hacia el autoritarismo. Bolsonaro, cuyo ministro de justicia se manifestó a favor de flexibilizar la tenencia de armas, Piñera, apoyando con su bancada a un carabinero que se “excedió en el procedimiento”, o Bullrich “diciendo que la gente es libre para armarse”, muestran un cambio que no es cosmético, sino que comporta un giro copernicano en las convicciones democráticas, pluralistas y de justicia.

Sabemos, por lo menos, desde el Marqués de Beccaria en adelante, que el derecho se establece como un sistema justo para los acusados de cometer un delito. Sin embargo para estas nuevas derechas, a cargo también de la justicia, parece que se invirtiera la carga de la prueba y estuvieran en una extraña construcción que nos dice “derecho de las personas buenas”, opuesto así a la “punitividad de las personas malas”, en una visión que extraña por su maniqueísmo social. Lo bueno, inmaculado; lo malo, culpable de todas las cosas que deben ser desterradas del mundo. Eso y nada más que eso significa las doctrina del peligro inminente, es decir jugarse por el orden, una invitación a tomar partido, una doctrina en que los sectores sociales pobres llevan las de perder.

La vieja consigna del régimen oligárquico Orden y Progreso, Paz y Patacones, ha sufrido una peligrosa modificación, ya no produce progreso, patacones, está dispuesta al orden, a una sociedad de mercado pero sin producir las modificaciones necesarias que le den legitimidad a esa hegemonía. En términos clásicos de la política, produce coerción y no consenso.

Se me va a permitir citar a uno de los periodistas de derecha más reconocidos en Argentina, Eduardo Feimann, en una frase que tiene la energía necesaria para ser simple, por eso también peligrosa “Si somos buenos con los malos, terminamos siendo malos con los buenos”. Una y otra vez repite esto. El periodista estrella aboga por una campaña constante, clama a favor de que los policías tenga libertad y se los deje trabajar. Será en todo caso libertad de disparar sin que rindan cuenta de sus acciones.

Dejemos hablar al CELS una prestigiosa entidad argentina de derechos humanos “el gobierno nacional publicó hoy la resolución 956/2018 que establece un reglamento del uso de armas de fuego para las fuerzas de seguridad federales. La medida quiebra el paradigma del uso excepcional de la fuerza letal que prescriben los estándares internacionales y la Ley de Seguridad Interior. Luego de haber derogado el Programa de Uso de la Fuerza y debilitar los controles internos, con esta nueva medida el gobierno busca evitar también el control judicial. A partir de hoy, situaciones como los controles vehiculares, las persecuciones callejeras o cualquier intento de robo en la vía pública se convierten en escenarios en los que los policías podrían hacer uso del arma de fuego y justificarlo fácilmente. De este modo, se privilegia la propiedad por sobre la vida como bien jurídico protegido y se genera un gran peligro para todos los involucrados en este tipo de situaciones, incluidos las y los transeúntes”.

Prístinamente, lo bueno por sobre lo justo. Pero el camino del infierno está lleno de buenas inclinaciones. Derecho es igual a procedimiento. Hay una transformación y lo justo se impone sobre lo bueno, en verdad se transforma lo bueno, en lo bueno procedimentalmente. Un procedimiento justo y equitativo es el valor a conseguir; no el bien que tiene diferentes vertientes y que no es uno y el mismo para toda la gente.

Toda esta nueva derecha también tiene de alguna manera relación con el evangelismo en sus vertientes digitales y mediáticas, con una visión escatológica de la vida. Donde los malos vecinos son una mayoría y los buenos la minoría. ¿Debemos después de años de democracia o de poliarquía conformarnos con una visión teológica de la realidad?
Hay que repetirlo necesariamente: No hay un derecho para los acusados de cometer un delito y otro para los inocentes. El derecho es procedimental y significa que todos pueden acceder a la justicia. Aunque, sin dudarlo también, en una sociedad ideal, porque en la real está el problema de las clases sociales. También es tiempo de volver a repetirlo. No todos lo delincuentes son de humilde condición, pero si todos los encarcelados en los institutos penales de nuestros país son pobres.

Tenemos que preguntarnos, ya que el ser humano es un ser humano en el mundo, hasta qué punto es posible cambiar de convicciones por una nueva coyuntura político electoral. ¿Se puede ser tolerante con el intolerante? En una situación de discriminación hacia una persona por su opción sexual o su religión, si me pongo tolerante con el intolerante no significa renunciar a mis principios, renunciar a lo que me distingue como ser humano con valores universales.

¿Es posible ceder hasta que no seamos ya los mismos? Tal vez se llego a un punto en que no, en que cualquier ataque es un ataque a nosotros mismos.

Los valores de justicia están instaurados por lo menos hace dos mil quinientos años, desde el temprano despertar de la filosofía griega. Una nueva derecha que se acrecienta electoralmente, ¿puede convertirnos hasta tanto no diferenciar entre un procedimiento y un linchamiento? O en verdad tenemos que hacer como los grandes liberales del siglo XIX, vamos a tener que decir: Tengo mayoría de uno.

Las nuevas derechas también nos ponen en juego nuestro propio progresismo, fundamentalmente eso. O aceptar la coyuntura (con los problemas del término coyuntura, ya que también se transforma en mayoría) o no abjurar nunca de los valores consagrados en la Carta de Derechos Humanos de la ONU, o la declaración de los Derechos del hombre y el ciudadano. Hacer oír nuestra voz.


Fuente: Pensar al Sur