20 de febrero de 2019

ÉRASE UNA VEZ UN BANCO MUNDIAL

La visita del Papa Francisco a los países de Chile y Perú removió corrupciones: de la carne y el alma de los abusados en el pasado por eclesiásticos protegidos por un Obispo, en el primero; y del propio Presidente de la República, atrapado en los laberintos de las coimas de Odebrecht, en el segundo. Los fuertes impactos de estos remezones se han prolongado en el tiempo y ya están amenazando la continuidad en sus cargos de los señalados —el Obispo y el Presidente— apenas restablecida Su Santidad en la sede de Roma.

Poco espacio le otorgaron los medios de comunicación a las corruptelas del Banco Mundial (BM), institución del sistema de las Naciones Unidas (UN) con dependencia jerárquica efectiva del Tesoro de los Estados Unidos. A pesar de que la última de ellas estalló también en Chile durante la visita papal, y no sólo ha tumbado al economista-jefe del BM, el economista Paul Romer, también ha ayudado a echar luz sobre las extravagancias de su Presidente Jim Yong King, un médico y antropólogo emigrante de Corea que juega al banquero privado al frente de una antigua gran institución financiera pública multilateral que ya ha dejado de serlo.


Por Jorge Gaggero

 

LA POLÍTICA ECONÓMICA INTERNACIONAL EN LA DEMOCRACIA MÁS PODEROSA DEL MUNDO NO ES DEMOCRÁTICA

La reciente visita del Papa Francisco a los países de Chile y Perú removió corrupciones: de la carne y el alma de los abusados en el pasado por eclesiásticos protegidos por un Obispo, en el primero; y del propio Presidente de la República, atrapado en los laberintos de las coimas de Odebrecht, en el segundo. Los fuertes impactos de estos remezones se han prolongado en el tiempo y ya están amenazando la continuidad en sus cargos de los señalados —el Obispo y el Presidente— apenas restablecida Su Santidad en la sede de Roma.

Mucho menos espacio le otorgaron los medios de comunicación a las corruptelas del Banco Mundial (BM), institución del sistema de las Naciones Unidas (UN) con dependencia jerárquica efectiva del Tesoro de los Estados Unidos. A pesar de que la última de ellas estalló también en Chile durante la visita papal, y no sólo ha tumbado al economista-jefe del BM, el economista Paul Romer, también ha ayudado a echar luz sobre las extravagancias de su Presidente Jim Yong King, un médico y antropólogo emigrante de Corea que juega al banquero privado al frente de una antigua gran institución financiera pública multilateral que ya ha dejado de serlo.

Vayamos por partes.

UN ECONOMISTA EN EL LUGAR EQUIVOCADO

Paul Romer es un investigador y docente reconocido de la Universidad de Nueva York. Hace un par de años aceptó hacerse cargo de la posición que tan crítica y escandalosamente dejó hace 18 años el Premio Nobel Joseph Stiglitz. El Nobel se despidió después de publicar textos devastadores acerca del BM, el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos, analizando en detalle sus deplorables comportamientos durante las crisis asiáticas de fines de los 90 y la privatización y cuasi destrucción de la Rusia post-soviética.

Una vez estallado en Chile el escándalo de las manipulaciones de un ranking de competitividad de países (Doing Business, se denomina) que, curiosamente, hacía caer a este país durante los gobiernos de la socialdemócrata Bachelet (beneficiando, por contraste, a la gestión del derechista Piñera), tuvo la hombría de bien de admitir que “el BM había juzgado con sesgo” al gobierno de Bachelet. “Quiero disculparme con Chile y con cualquier otro país en el que hayamos transmitido la impresión equivocada” (léase, manipulado el ranking), declaró Romer. Su comportamiento -anómalo en una institución históricamente corrupta y sustancialmente irresponsable- le valió la expulsión. El gobierno chileno calificó los hechos de inmoralidad y reclamó explicaciones que hasta ahora no recibió.

Las corrupciones institucionales de todo calibre han sido moneda corriente en el BM. Y tienden a acentuarse -esto es lógico- cuando el propio sentido de su función y el poder político y económico de su mandante, el Tesoro de los Estados Unidos, declina al compás de la impertinencia de todo el sistema de instituciones financieras multilaterales que orbita en el sistema de las Naciones Unidas.

Pero lo notable de la crisis Romer, además de su inusual admisión de culpabilidad institucional, es que nos ha permitido acceder a un trabajo académico suyo (The trouble with macroeconomics, Revista The American Economist, 2016) publicado cuando asumió como economista-jefe. Este texto desnuda algo mucho más importante que la corruptela institucional del BM: el propio carácter ideológico, no científico, de la ciencia económica en la que se apoya. El resumen del artículo lo plantea de un modo transparente:

“En las últimas tres décadas, los métodos y las conclusiones de la macroeconomía se han deteriorado hasta el punto en que ya no califica como tarea científica. […Descansa cada vez más] en la teoría matemática, donde los hechos pueden terminar subordinándose a las preferencias de los más reverenciados líderes… La más grave preocupación es que la pseudo ciencia macroeconómica está minando las normas de la ciencia a través de la economía. Si esto fuera así, en todos los terrenos de la política tocados por la economía puede perderse [la capacidad de acumular] el conocimiento útil que caracteriza a la verdadera ciencia, la más grande invención humana”.

Casi seguramente, este par de años de experiencia en el BM le permitirán a Romer alimentar las investigaciones científicas en la Universidad de Nueva York a la cual retorna con diversos y potentes ejemplos.

DE LA OPCIÓN POR LOS POBRES A LA PASIÓN POR EL DINERO

Una vez diplomado en los Estados Unidos, Jim Yong Kim -que solía leer a Marx, a Habermas y al historiador francés Braudel bajo la influencia de su madre filósofa- abrazó “la opción preferencial por los pobres”. En la década del ’80 se trasladó hacia ellos e impulsó programas de asistencia social en el área de la salud en Haití, Perú y otros países. Enfrentó con sus compañeros de misión las ideas de la burocracia de la Organización Mundial de la Salud y las del propio BM “por su combate contra los excesos fiscales”. “Escribimos un libro contra el BM, titulado Dying For Growth (Muriendo por el crecimiento)”, señala con frecuencia JYK. También se dice convencido de que ese viejo libro contestatario colaboró, de modo paradojal, para que finalmente fuese postulado por el ex presidente Obama para su actual función.

Es sabido que en la inmediata posguerra el BM fue el gran prestamista de la reconstrucción en Europa, primero, y luego del mundo emergente de Asia, África y América Latina (principalmente para infraestructura y otros rubros vitales para su desarrollo), canalizando fondos de los gobiernos de los países más avanzados. Hoy los fondos privados han arrinconado al BM, llevándolo a la irrelevancia en el rol de prestamista, y también ha perdido el interés del Tesoro (su mandante). El año pasado los préstamos e inversiones del BM fueron de sólo 61.000 millones de dólares, apenas un 6% del total que inyectaron los fondos privados en los mercados emergentes (los que, a su vez, totalizaron sólo en 2017 una suma superior a lo desembolsado por el BM en toda su historia, según el New York Times del 26 de enero del 2018). Si se considera el financiamiento de origen público, sólo el de China en el exterior debe superar hoy ampliamente al del BM.

En este contexto, para JYK la solución obvia es asociarse con los grandes financistas globales, jugando el rol de socio menor (obviamente subordinado). Una idea que no parece convencer a la enorme dotación de profesionales muy bien pagos del BM, que siempre han visto su rol ligado al otorgamiento de préstamos propios, ni parece tener ninguna chance de justificar la continuidad y el nivel retributivo de sus empleos.

En visible contraste con muchos de sus subordinados, JYK se muestra cada vez más asiduamente con los grandes inversores globales que, esto ya es muy visible, hablan de él de un modo muy elogioso. Algunos grandes medios de los Estados Unidos incluso dan crédito a la posibilidad efectiva de esta problemática transmutación: “El BM se está transformando a sí mismo en una criatura de Wall Street”, aventuró hace pocos días el propio New York Times (sección Business Day, 25 de enero del 2018).

El texto de principios del año 2000 con el cual Joseph Stiglitz se despidió del BM (y también de sus archienemigos del FMI y el Tesoro), titulado “¿Qué aprendí de la crisis económica mundial?”, parece tener vigencia 18 años después:

“Desde el fin de la Guerra Fría, un tremendo poder ha fluido hacia la gente encomendada de llevar el evangelio del mercado a los puntos más lejanos del globo. Esos economistas, burócratas y oficiales actúan en nombre de los Estados Unidos y de otros países industriales avanzados, pero hablan un lenguaje que pocos ciudadanos entienden y que pocos hacedores de política se molestan en traducir. La política económica es hoy día la interacción más importante entre Estados Unidos y el resto del mundo. Empero, la cultura de la política económica internacional en la democracia más poderosa del mundo no es democrática”.


Fuente: El Cohete a la luna