19 de abril de 2018

UN AGÓNICO FINAL DE LA GLOBALIZACIÓN: ¿CAMBIO CIVILIZATORIO?

El multipolarismo ha tomado hoy la iniciativa con capacidad de compartir beneficios económicos para poder potenciar su hegemonía político cultural y conducción político-estratégica. Los mismos viajes que lleva adelante Xi Jinping, también el Papa Francisco los hace de otro modo. Juntos y cada quién a su manera ya han cambiado el centro de gravedad económico-estratégico mundial logrando la reunión del poliedro de las cinco grandes civilizaciones de base humanista interreligiosa-cultural.


Un agónico final de la globalización: ¿Cambio civilizatorio?

Por Wim Dierckxsens y Walter Formento

1- Globalización y los cambios entre Norte y Sur

a. El traslado del eje de acumulación en el mundo

Ante el pensamiento único y fundamentalista es un reto reconstruir una epistemología compleja, que reconoce la importancia de la temporalidad, las dimensiones múltiples y lo trans-disciplinario nos señala Houtart (2009). Tal visión de la realidad conduce al crecimiento de la conciencia de la pluralidad de las instancias epistemológicas sin negar el pensamiento de Marx. La globalización, conceptualmente en lo económico, es la mundialización de la ley del valor. Dicha mundialización es un proceso de marchas y contramarchas pero con un sentido de largo plazo y que tiene repercusiones en todos los planos de la vida social. El proceso encierra un control cada vez más significativo de la producción, el proceso de trabajo y el flujo de riquezas a escala mundial y, muestra a la par un nivel más concentrado del capital y centralizado de apropiación de la plusvalía/plus trabajo mundial.

El 80% del comercio mundial se explica en tanto comercio entre transnacionales (ETN´s) y el 50% como intra-trasnacional (ETN). El 48% de la riqueza social producida/ensamblada en la economía de las transnacionales tiene asiento en paraísos fiscales (Londres-Delaware-Hong Kong, etc.) por lo tanto, es invisible a los ojos del Estado-nación de país central. El 48% circula por los mal llamados “paraísos fiscales” y el 52% en los estados nacionales, o sea, el 52% es visible a las instituciones de la administración de los países.

El 97% de las ganancias y rentas anuales socialmente producidas terminan en los paraísos fiscales. Estos paraísos son parte de una nueva arquitectura financiera global que se configura como un sistema extraterritorial (extra-Estado nación). Ante ello pierde sentido la caracterización de las operaciones de los paraísos como “fuga de capitales”. Hoy estamos delante una nueva forma de capital dominante y de una nueva forma de Estado (Global). Es un Estado sin fronteras ni ciudadanos que no rinden cuentas a nadie. Solo es fuga de capitales para los gobiernos de los Estados-nación ya que el Estado global opera desfinanciando a los Estados de los países centrales.

El sistema integrado transnacional de producción, constituido por 88.000 empresas transnacionales (ETN’s) y sus 600.000 asociadas o afiliadas en el mundo entero, es el núcleo estructural del capitalismo globalizado del siglo XXI. Cadenas globales de producción constituidas por las empresas transnacionales –ETN´s, donde el 42% vienen de ser norteamericanas y el 22%, europeas. La modificación fundamental del sistema en los últimos 15 años ha sido el traslado del eje de la acumulación de los países centrales a los emergentes, en primer lugar Asia/China. La República Popular se ha convertido en la primera potencia comercial del mundo, tanto en importaciones como en exportaciones, y con una relación comercio internacional/PBI que asciende ahora a 75%, es decir una economía muy abierta.

China ha modificado su posicionamiento en las cadenas globales de producción, y ha dejado de ocupar el segmento final de ensamblaje del conjunto basado en mano de obra barata. Dicho desplazamiento puede verse en la distribución del valor agregado INDUSTRIAL mundial. De acuerdo con datos del Banco Mundial en el 2000 China generaba menos del 7% de dicho valor, mientras en 2015 ya explicaba el 20%. En igual lapso EUA cae del 22% al 15%. Hoy en día China se ha puesto a la cabeza del sistema a través de nuevas industrias de alta tecnología que la colocan en el eje del proceso global de integración industrial. Casi 40% de las exportaciones chinas son ahora bienes de equipo y de capital, es decir, productos de alta tecnología. Las empresas transnacionales en China responden por más de 90% de esas ventas externas. Para ello utilizan 1.400 laboratorios de tecnología avanzada (Jorge Castro, 2014).

La migración de capital o “outsourcing” ha sido una estrategia consciente de los capitalistas globales. Una de las manifestaciones y magnitud de estos cambios está en la formación bruta de capital fijo. Mientras EUA multiplica entre 1990 y 2015 este indicador por 2, China lo hace por 24. Mientras China explicaba en 1990 el 2% del valor agregado industrial mundial, en 2015 ya explica el 20%. El ´outsourcing´ es una poderosa arma contra la organización sindical, reduciendo los salarios e intensificando la explotación de los trabajadores en los países centrales. Una de las características sorprendentes de la globalización es que una proporción muy grande y creciente de la fuerza de trabajo en muchas cadenas de valor globales se encuentra ahora en las economías en desarrollo o emergentes. El centro de gravedad de la mayor parte de la producción industrial del mundo se ha desplazado del norte al sur de la economía global.

Si bien ha conducido a una enorme expansión en el empleo de los trabajadores de los países de bajos salarios, también es cierto que ha destruido empleo al importar productos que antes se hacían localmente.

b. La mundialización y sobre-explotación de la fuerza de trabajo

La caída de la URSS abre en 1991 el lanzamiento de la Unión Europea y el ascenso en la órbita de la economía del Capital Financiero Global como nueva forma de capital que opera sin límites de fronteras. Hasta 1980 el mercado de trabajo operaba sobre todo dentro de los límites de las fronteras nacionales. Desde fines del siglo xx se da la constitución de un mercado mundial de trabajo. La “población económicamente activa” (PEA) del mundo pasó de 1.900 millones en 1980 a 3.100 millones en 2006, lo que representa un aumento del 63%. Casi todo este crecimiento cuantitativo se ha producido en las “naciones emergentes”, que ahora albergan el 84 por ciento de la fuerza de trabajo mundial. En esencia, la globalización del mercado mundial de trabajo significa una mayor capacidad de reemplazo de la fuerza laboral en el mundo entero. Esto implica inestabilidad laboral, una tendencia mundial a la baja de los salarios, un aumento en la jornada de trabajo y un empeoramiento en las condiciones laborales y esto en el mundo entero.
El Capital Financiero Global opera con sus redes financieras des-localizadas disputando el poder a las corporaciones financieras multinacionales de la Triada (EUA, UE, Japón y sus bloques de poder). Lo cual será inmediatamente seguido por el desarrollo de una nueva arquitectura política. En su nueva arquitectura productiva tiene la necesidad de acelerar la globalización, la deslocalización global de la composición orgánica del capital.

En 2010, el 79 por ciento de los trabajadores industriales del mundo ya vivían en regiones del sur emergente (541 millones), frente a solo 34 por ciento en 1950. Solo el 21 por ciento del total de trabajadores industriales (145 millones) en 2010 vivían todavía en los ex países centrales. Para los trabajadores de la industria manufacturera que hagan uso de cadenas de subcontratación, este cambio es aún más dramático. Ahora, el 83 por ciento de la mano de obra del mundo de la manufactura vive y trabaja en las naciones del Sur Global.

La clase trabajadora global ocupada en cadenas de subcontratación nunca ha sido más numerosa en su participación en la fuerza de trabajo total. Sin embargo, la participación de los salarios en los ingresos internos ha disminuido, tanto en el Sur Global como en el Norte Global. Los salarios pagados a los trabajadores en el Sur se ven afectados por factores que no tienen relación con la productividad de estos trabajadores en el trabajo. En el capitalismo nunca se paga la fuerza de trabajo por su valor sino por su precio de (re)producción como cualquier otra mercancía. Lo que sucede en el siglo XXI es que se procura bajar ese precio de (re)producción de la fuerza de trabajo en el Norte y Sur, mundializando el ejército industrial de reserva. Opera la tiranía del mercado en términos de Houtart (2001). Sin embargo, a la vez observamos primeras manifestaciones de la globalización de las resistencias como el ´Otro Davos´ (1999) y búsquedas de alternativas como el Foro Mundial de Alternativas (1997) y el primer Foro Social Mundial (2001).

c. Identidad con diversidad pero sin sensibilidad de clase

La inseguridad laboral, económica y social se agravó aún más con la crisis financiera de 2008 que marca la Gran Recesión del siglo XXI. A partir de la crisis financiera y la consecuente depresión económica hay fuertes alzas en las tasas de desempleo hasta en los países centrales. En Grecia y España se observan en términos reales tasas superiores al 25%. Las tasas de desempleo juvenil (entre 16 y 24 años de edad) superaban incluso el 55%. Con ello, empeoran los seguros de desempleo y aumenta la presión sobre el mercado de trabajo. La seguridad económica viene hacia abajo y, con esta también, la seguridad social y por ende la política.
Con la globalización la propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Ya no hay proyecto nacional y por tanto cada vez menos compromisos con la ciudadanía misma. Los grandes partidos, y los bipartidismos tradicionales, están en crisis. Nacen nuevas fuerzas políticas y todas tienen en común la consigna: “contra la globalización”. La globalización ha creado un heterogéneo mundo del trabajo compuesto por cada vez menos trabajadores formalizados, y un ejército creciente de distintos modos de la informalidad y en las diferentes situaciones sociales de la economía popular. La heterogeneidad de trabajadores se manifiesta además por pieles blancas, negras, amarillas, rojas; indoamericanos, hispanoamericanos, afroamericanos, sino-americanos, con sus mixturas. Su heterogeneidad se manifiesta además por haber hombres, mujeres, bisexuales con su diversidad; por sus misturas religiosas de protestantes, evangélicos, católicos, budistas, islamistas, etc.; por las generaciones de adultos mayores, adultos, adultos jóvenes, ´millenials´ y niños.

Las políticas globalistas apuntan a una identidad con diversidad pero sin “sensibilidad” de clase (supuestamente desaparecida) lo que fragmenta las reivindicaciones sociales sin cambiar el poder de la clase dominante del país. Con las reivindicaciones de las diversidades solo cambiaron el color y el género de las clases medias de altos ingresos. Las clases trabajadoras en cambio solo observan la falta de empleo y la enorme brecha de ingresos que ha generado la globalización.

La victoria del presidente Obama, una persona de color, no mejoró el bienestar económico de la clase trabajadora negra, ni de las mujeres de menores recursos, mostrando los límites de tal estrategia identitaria, en ausencia de unas medidas de tipo clasista que solo se logra con las clases trabajadoras bien organizadas, organización que el globalismo con Clinton y Blair como ideólogos ha logrado desmantelar en muchos lugares. No es extraño entonces que en las elecciones del 8 de noviembre de 2016 en EUA la gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora ha votado por Trump, quien fue, de los dos candidatos (Trump y Clinton), el que acentuó más el discurso hacia la clase trabajadora.

Es obvio que los medios de comunicación dominantes, que apostaban a Clinton y el Partido Demócrata como los defensores del globalismo y su estrategia identitaria, tampoco nos informan sobre este particular y más bien hacen todo lo posible de declararlo ´loco´ al nuevo presidente. En este orden político, afirma Houtart (2009) notamos que la democracia parlamentaria tiene hoy de manera muy visible una serie de desviaciones, tanto por su mercantilización como por las alianzas contradictorias y la corrupción.

d. Fin del reformismo, nacionalismo y xenofobia en el Norte

En países que se han caracterizado por un reformismo más o menos bien desarrollado, la población no deja de un momento para otro de creer en el sistema vigente aunque se note la crisis, pues bajo el reformismo se instauró y se consolidó la seguridad económica y social por lo que perdura la fe en el reformismo político aún en tiempos de crisis. Esta fe popular no se destruye de un año para otro en países como los periféricos de la Unión Europea, ni tampoco de una generación para otra en países centrales de la Unión Europea o EUA. En un primer momento, las masas populares siguen creyendo con firmeza en las relaciones sociales existentes. Defienden el statu quo propio a toda costa, a todo precio y a costa de otros (inmigrantes y minorías en general). La xenofobia y el nacionalismo más bien encuentran tierra fértil, como bien puede observarse en las elecciones recientes en la Unión Europea y EUA.

En defensa del derecho a estar en las “sagradas” relaciones capitalistas en su crisis de legitimidad, lleva la política popular hacia posiciones conservadoras, xenofóbicas y nacionalistas. Que se expresa por medio del derecho imaginario de salvar su nación, su cultura, su raza, a costa de todo. El ascenso del nacionalismo es consecuencia lógica del proceso de cambio de una situación de baja capacidad de reemplazo de la fuerza de trabajo que se caracterizaba por mucha estabilidad laboral con seguridad económica y social a una situación de creciente capacidad de reemplazo con gran inestabilidad laboral, desempleo e informalidad de trabajo que son la causa de la inseguridad económica y social. La globalización generó este proceso en todos los países más ´desarrollados´ pero también para amplias capas de la población en el Sur.

Cuantos más derechos económicos y sociales ha adquirido (un segmento de) la población, más derecho siente de estar dentro del sistema. En el siglo XX este nacionalismo popular constituyó la base para que se montara el capital monopólico de una nación con su proyecto fascista. En el siglo XXI, al capital financiero globalizado no le interesa el nacionalismo, más bien lo contrario. La elite financiera global de Wall Street y de la City de Londres, y sus grandes transnacionales, buscan más bien acabar con la soberanía nacional para crear un gobierno global bajo su liderazgo. Aunque para ello primero debe quebrar el bloque de oligarquías que sostiene a la UE como proyecto estratégico continental vinculado por diferentes medios al multipolarismo pluriversal.
Por ello no es extraño que en la UE haya aparecido un partido nacionalista tras otro, xenófobo y euroescéptico y además ha sido fogoneado por el Globalismo desde distintos lados para instalarlo. Interesante en este caso es señalar que el día de las mujeres, millones de españolas no solo marcharon sino que lograron a la vez realizar un paro nacional, rompiendo la estrategia identitaria fragmentaria del globalista. Pareciera que la identidad nacional es una tendencia que no se podrá erradicar en la UE ni tampoco en EUA con Trump. Por lo tanto de lo que se trata es qué estrategia de poder la articula. Es la estrategia unipolar globalista para derrotar a los multipolarismos y luego reducir lo nacional a lo local que la articula o más bien la estrategia multipolar pluriversal para consolidar las alternativas sistémicas y donde lo nacional es una identidad necesaria a ser integrada además de la identidad de género, de etnia y de clase. Con ello surgen y se acentúan las contradicciones entre grandes capitales.

e. Los intentos post-neoliberales en el Sur

Hoy en día las fronteras nacionales dejaron de constituir el marco dentro del cual se da la reproducción de la fuerza de trabajo, aunque ya vimos que en los ex-países centrales todo indica que estamos marcha atrás en este aspecto, defendiendo los beneficios económicos y sociales de la baja capacidad de reemplazo de la fuerza de trabajo en tiempos pasados. Con el neoliberalismo quedó estancada e incluso sufrió un retroceso la transición de una situación de alta capacidad de reemplazo de la fuerza laboral con mucha inseguridad económica y social y por ende política a otra con una capacidad de reemplazo más reducida que genera mayor seguridad económica y social. Esta inseguridad económica y social sin perspectiva de mejora genera inestabilidad política y crea condiciones para que se desarrollen fuerzas contestatarias que tienden a cuestionar el sistema capitalista hasta en su raíz.

Con contadas excepciones los países latinoamericanos dejan ver en la era neoliberal un estancamiento, e incluso un retroceso, en el mercado de trabajo, caracterizado por la inestabilidad laboral, inseguridad económica y social y por ende política. A partir del escenario anterior, no es extraño observar que América Latina se vislumbre, desde fines del siglo XX, como la región con mayores cambios políticos tendientes a la desconexión del neoliberalismo y en la que la opción poscapitalista tiene vida plena en los debates académicos y políticos. El limitante de plantear proyectos nacionales de cambio político, en un contexto del modus operandi del capital financiero globalizado, un solo país no logra cambiar fácilmente las relaciones económicas del poder. En este contexto observamos en América Latina, en esta década, un cierto desgaste en los proyectos políticos nacionales-regionales y un retorno electoral muy manipulado por los medios y la corrupción y hasta por golpes de Estado (Paraguay, Brasil, Honduras) hacia un retorno al globalismo o continentalismo, cuando en el Norte sucede precisamente lo contrario.

2- Contradicciones entre grandes capitales

a. Contradicción Globalismo-Continentalismo en la Unión Europea

La Unión Europea (UE) constituye hoy un bloque regional de poder de país-central (Estado-Continente), conformado por 27 países. Los grandes capitales financieros Alemanes, en primer lugar, junto con los de Francia, se despegan de su base nacional y se transforman en capitales financieros de la UE, para hegemonizar este bloque continental. Este hace todo el esfuerzo de mantener unificada a la UE. Por un lado combate el nacionalismo euroescéptico y un Estado nacional hacia adentro, como el caso de Cataluña por ejemplo, pero a la vez defiende al Estado-región a capa y espada frente al proyecto del Estado global propagado por la City de Wall Street y la de Londres.

El objetivo globalista fue y sigue siendo poder desintegrar la Unión Europea y subordinar los países al proyecto del Estado global en construcción bajo liderazgo de Wall Street y la City de Londres. Los bancos globalistas (Citigroup, Barclays, HSBC, Lloyd´s, ING-Baring, Santander- CH, etc.) son dueños de los principales medios de comunicación dominantes en el mundo (Time Warner de Turner, que posee la cadena CNN y los diarios New York Times y Washington Post, BBC, Deutsche Welle), con su brazo armado la OTAN y la CIA, han fomentado olas migratorias sobre todo desde Siria, al financiar movimientos terroristas como ISIS, a fin de fomentar el nacionalismo xenofóbico en la UE y con ello el euroescepticismo.

También a Partidos Políticos: Le Pen en Francia, Alternativas para Alemania (AfD), Wilders en Holanda, etc., obtuvieron toda la publicidad en medio de atentados terroristas a menudo de bandera falsa y migraciones ´forzadas´, a menudo provocados por la CIA y la OTAN bajo bandera falsa, en la primera vuelta para fomentar el euroescepticismo. No así en la segunda vuelta en Francia por ejemplo, donde Macron llega a la presidencia frente a Le Pen gracias al apoyo de los grandes medios globalistas y no por su posición partidaria. Para los globalistas, la City de París ha de suceder a la city de Londres en el control de la UE vía los poderes económico-financieros y no Frankfurt que está muy integrada al poder político de la UE a través del BCE y de la CE (Comisión Europea). Macron representa estos intereses financieros globales que son asfixiantes y arteros en la producción de subjetividad y manipulación. La segunda vuelta de las elecciones en Alemania se prolongó en el tiempo debido a los mismos medios que no querían ver un gobierno de mayorías parlamentarias fuerte, a Merkel como canciller y de llegar a serlo verla muy debilitada.

El Brexit (“Exit-Salir de la UE”), hecho que comienza con la votación del referéndum del 23 de junio de 2016 en el Reino Unido, donde se vota por salir de la UE. El proceso de la salida se encuentra aún en pleno desarrollo y la disputa acerca de la particular forma en que se llevará a cabo, ha implicado un fuerte golpe sobre el estatus privilegiado de la City de Londres en el Reino Unido (RU) - y de la oligarquía financiera global en ella. Lo anterior se expresa fundamentalmente en torno de lo que se denomina “pasaporte financiero”. Este habilita a empresas radicadas en territorio europeo a operar dentro de todo el mercado común. Brexit implica que las principales empresas y bancas del mundo, que cuentan con sus centros de operaciones en Londres para sus negocios dentro del mercado europeo, deban trasladar parte importante de sus equipos, instalaciones y empleos a otras cities. Sobre todo Paris y Frankfurt compiten para absorber la migración de los actores financieros, jugándose en ello también la oportunidad de disputar más fuertemente el territorio UE.

Estos cambios que golpean directamente a la gran banca global en la City de Londres y su acceso el mercado europeo, uno de los más importantes del mundo. La city londinense constituía la piedra angular del proceso de globalización financiera. En los mercados de divisas y de derivados, Londres concentra el 40 y el 50% del negocio mundial y el 40% del negocio mundial de Londres se hace con Europa. Es así que se encuentran radicadas en Londres muchas de las principales empresas y bancas globales. Con el Brexit se disputa también el regreso de la soberanía comercial de Bruselas (capital de la UE) al Reino Unido, controlada por la Oligarquía Continentalista europea, germano-francesa.

El Brexit puede ser observado también como una jugada para retomar el control del Reino Unido por parte de la Corona Británica, enfrentada con la estrategia del globalismo financiero. El euroescepticismo de los globalistas sin duda contribuyó al resultado. El Brexit abre una oportunidad para la Corona de profundizar los lazos de cooperación estratégica con la China Multipolar, la cual tiende a consolidar e incrementar sus respaldos frente al Globalismo.

b. Contradicciones Globalismo-Continentalismo en Estados Unidos

Con el resultado de las elecciones de 2016 en EUA, el mundo observa que estamos frente a fuertes contradicciones entre capitales también dentro de EUA. ¿Cómo pudo ganar Trump? La clase trabajadora en Estados Unidos viene sufriendo una reconfiguración en las últimas décadas, en distintos niveles y que está en relación con los cambios en las formas de organización del capital en general y del capital financiero global en particular que impactan en un retroceso que se puede percibir en la caída de los salarios reales (20%), empeoramiento de las condiciones laborales con un aumento en la intensidad del trabajo y la prolongación de la jornada laboral dejando un aumento de 65% en la productividad por plusvalía absoluta y la guerra desde arriba contra los sindicatos (solo un 6% de trabajadores en EUA están afiliados en el sector privado).

Los globalistas neoliberales que financiaron e impulsaron la candidatura de Obama y luego la de Clinton son el campo más visible de las élites corporativas que hoy no son monolíticas. Hay divisiones y conflictos importantes dentro del establishment corporativo gobernante. Las corporaciones multinacionales continentalistas (JPMorgan-Chase, Bank of América y Goldman Sachs, etc.) y sus conglomerados de comunicación como News Corp de Murdoch (que incluye el diario Wall Street Journal y la cadena Fox News) apoyaron a Trump y los globalistas, con el grupo CNN y los diarios New York Times y Washington Post, apoyaban a Clinton.

La victoria de Donald Trump puede ser indicador de que entramos en un nuevo ciclo geopolítico. Nunca la puja financiera transnacional, entre Continentalistas y Globalistas, había llevado al sistema electoral e institucional a una crisis, donde va al límite y más allá de la legalidad sistémica imperial en un contexto de fuerte conmoción y movilización social. La victoria de Donald Trump en EUA (como la corona británica con el Brexit en el Reino Unido) significa, que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial en Bretton Woods (1944), se ve ahora trastocada y se derrumbará. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es “que no hay ganador a la vista”. Ahora todas las opciones están abiertas y pueden ocurrir.

Es preciso señalar que el Continentalismo en el territorio económico de EUA implica el NAFTA -North American Free Trade Agreement (EUA+ Canadá+ Méjico) es la otra fracción de capital financiero transnacional que brega más bien por fortalecer a EUA apuntando a “Otro Siglo Americano” basado en el Dólar, viendo en ello la garantía de su propia hegemonía. Esta fracción está expresada en parte por el Tea Party del partido Republicano y hegemonizado por capitales con asiento en la esfera del complejo industrial-militar, el petróleo, la industria farmacéutica entre otras, entrelazados en los directorios de sus megabancos (JPMorgan-Chase, Bank of América y Goldman Sachs, etc.) y de sus corporaciones multinacionales con mayor desarrollo en lo nacional y multinacional que en lo global, no sería internacional porque se desarrolla negando lo nacional y sus relaciones.

La proyección de poder de la gran banca multinacional es desde el país central multinacional, proyectándose como unipolarismo-unilateral, y delimita estados-continentes. Es la continuidad de la Trilateral con tres áreas y tres monedas que tiene su momento más elevado en 1998 (Dólar, Marco y Yen). Aunque ambos son modos de poder unipolar y financiero, la multinacional se encuentra claramente en su fase de declinación pero con fuertes intentos de ´Restauración´, basado en que aún es dominante: en el pentágono y en el complejo financiero-industrial-militar.

c. Contradicciones internas manifiestas en EUA con Trump

Trump expresa un nacionalismo industrialista anti-globalista y anti-oligárquico. Si bien Trump había mantenido un fuerte enfrentamiento con el establishment del Partido Republicano a lo largo de las internas electorales, Trump le asignó un espacio importante en el gabinete a Goldman Sachs, gran banca financiera norteamericana, baluarte del campo de fuerzas que conforma el esquema de poder continentalista norteamericano, enfrentado al globalismo. Frente al cosmopolitismo y multiculturalismo que conlleva la globalización transnacional se observa, tanto en EUA con el trumpismo como en el RU con las fuerzas del Brexit, que se refuerzan las reivindicaciones étnicas nacionalistas en tanto maniobras defensivas frente a un proyecto que amenaza la propia identidad nacional fundante, base de sustentación en que se asientan los proyectos estratégicos que no superan la escala continental.

La nueva política exterior de Trump pasó a concentrarse en reducir las cargas financieras que le implica a EUA ser árbitro mundial (en instituciones y organismos como la OTAN y la ONU) para concentrarse en el lema de “Estados Unidos primero”, en pos de reindustrializar el país y recuperar los empleos perdidos a causa de la globalización que ocasionó la deslocalización de empresas. Desde esa posición nacionalista industrialista, ello parecía implicar una política menos intervencionista y más aislacionista en materia internacional.

Trump apuntaba a desarmar el diseño geoestratégico globalista de la administración de su predecesor Obama. Éste se apoyaba en tres grandes pilares: el TPP (Acuerdo Transpacífico), el TTIP (El Tratado Transatlántico) y el TISA (El Acuerdo sobre Comercio de Servicios), acuerdos comerciales y de inversión concebidos a la medida de las empresas transnacionales globales (ETN’s). El Tratado Transpacífico, en particular, buscaba conformar el mayor bloque económico del mundo, representando el 40% del PBI global. Trump afirmó que la retirada del TTP representaba un gran beneficio para los trabajadores norteamericanos, en base a su doctrina de America First, buscando forzar un proceso de relocalización de las grandes transnacionales frente a la deslocalización operada desde los años ’90 sobre todo hacia las economías de China y el Asia-Pacífico.

La nueva política comercial estadounidense apunta a revertir el gran déficit comercial global con que cuenta EUA, de 750.000 millones de dólares, principalmente con China (347.000 millones), seguido por Japón (69.000 millones), Alemania (65.000 millones) y México (63.000 millones).
Renegociar el TLCAN (o NAFTA), que agrupa a Estados Unidos, Canadá y México contraponía a Trump con sus aliados tácticos del continentalismo norteamericano, proyecto estratégico y esquema de poder que se asienta en el NAFTA como base territorial para poder seguir jugando en los primeros planos del poder mundial. Por ello a Trump le lleva más tiempo, con fuertes tensiones de por medio. Las amenazas de Trump de salirse del NAFTA han dado lugar a oportunidades para otros grandes jugadores mundiales que podrían dar lugar a realineamientos geopolíticos de México y Canadá. Éste último país firmó a fines de 2016 el Acuerdo Económico y Comercial Global con la Unión Europea. México, por su parte, fue invitado por China hacia fines de 2017 a un foro de negocios en una cumbre del BRICS. Trump, por su parte, no se quedaba atrás, apuntando la nueva administración a establecer una alianza estratégica con el Reino Unido de May, bajo el proyecto de su Corona Británica, contrarios ambos al globalismo financiero. La estrategia Trump, el America First, se juega su futuro no sólo en el terreno nacional, sino en el geopolítico. Los apoyos de esquemas alternativos como el BRICS, o de un jugador de menor escala como la Corona Británica, son apoyos claves para ganar en margen de maniobra.

Otro de los temas de mayor relevancia fueron las diferencias entre EUA y Alemania, personificadas en sus líderes, Trump y Merkel. El conflicto nace por los cuestionamientos del primero en torno al aporte que Alemania hace a la OTAN, organismo que Trump había calificado como “obsoleto” y “una carga” para los EUA. Esto se desarrolla en el marco de una OTAN que, conducida por los intereses del Unipolarismo Financiero Global (como su brazo armado), empieza a ser reflejo de las disputas geoestratégicas entre diversos jugadores y esquemas de poder mundial. Como respuesta a esta situación, y como hecho de primer orden geoestratégico, la Comisión Europea se ha planteado la conformación de un ejército común propio, lo cual equivaldría a aumentar sus grados de autonomía y soberanía continental frente a ambos unipolarismos financieros (global y continental).

En lo político Trump buscó dejar de sostener al Estado Islámico de Siria e Irak (ISIS) como habían venido haciendo las élites financieras globalistas expresadas por Obama, mediante la CIA y la OTAN, para desintegrar la UE y contener el avance de Rusia en Eurasia y de Chin con la Nueva Ruta de Seda multipolar. Se puso el blanco entonces en combatir al terrorismo islámico radical, instrumento que podrían utilizar sus enemigos globalistas para generar hechos de desestabilización a la presidencia Trump, por lo cual avanzó con los decretos contrarios a la inmigración indiscriminada de países de Medio Oriente.

3- El Estado Pluriversal Multipolar: ¿Una alternativa?

La división profunda, estructural, del unipolarismo financiero transnacional y el enfrentamiento orgánico entre su línea financiera Globalista y la Multinacional, construyen una situación de Umbral de Poder, crisis orgánica de época que permite que proyectos alternativos al capitalismo financiero transnacional, como el de capitalismo social de estado o emancipatorios de estado social encuentren condiciones para su momento histórico. En este punto se puede observar la importancia estratégica del momento en que surgen los esquemas de poder pluriversales (que parte de una Comunidad de comunidades) y multipolares (con equilibrio de fuerzas) alternativos (Brics y Vaticano-Francisco) a los esquemas financieros unipolares (Globalista y Multinacional).

En julio de 2014, China y los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) toman posiciones y lanzan como programa la Nueva Arquitectura Financiera alternativa al Dólar/FMI/BM. Los BRICS representan al 45% de la población mundial, el 25% del PIB mundial y el 41% de las reservas de divisas del mundo. Su comercio intra-bloque supone el 17% del comercio mundial. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) y su proyecto de la ´Nueva Ruta de Seda´ con inversiones gigantescas proyectadas para la integración de Eurasia, pretende rivalizar con el FMI y BM, y también con el Banco Asiático de Desarrollo (creado en 1966, y muy controlado por Japón como continentalista). Este grupo de países además viene construyendo una arquitectura financiera paralela a la dominante del FMI, con su propio Banco de Desarrollo y su Fondo de Reservas; y realizan una gran parte de sus transacciones comerciales sin “utilizar” el dólar. En materia de inversiones extranjeras directas, las de flujo Sur-Sur ya son casi 50%.

La Nueva Ruta de Seda o el proyecto One Belt One Road (OBOR) se lanza en 2014. El proyecto integra a 60 países, el 75% de las reservas energéticas conocidas al mundo, el 70% de la población mundial y generaría el 55% del PIB mundial. La nueva “Ruta de la Seda” se configura como un proyecto de comercio y producción, para motorizar el comercio y la producción en el mundo, pero también como un proyecto geopolítico de gran envergadura. El desarrollo de estas iniciativas representa la emergencia de un proyecto de nuevo orden mundial, que terminaría con la hegemonía de los Estados Unidos en tanto Estado-Nación de país central y potencia central unipolar, para dar lugar a un nuevo mundo interconectado a través de múltiples polos de poder soberanos.

China, en el marco del BRICS y de la Nueva Ruta de Seda reveló que van a usar entre si un nuevo esquema de moneda: Petróleo/Yuan/Oro. A partir del 26 de marzo de 2018 el yuan es totalmente convertible en oro, cuando la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái lanzó contratos de petróleo a futuro denominado en yuanes chinos (CNY), convertibles en oro. La fijación de los precios del petróleo en yuanes –junto con el plan de la Bolsa de Valores de Hong Kong para vender contratos de oro físico valuados en yuanes– creará un sistema por medio del cual el país podrá eludir el sistema bancario estadounidense y no solo el sistema global de pagos interbancarios basada en dólares (Swift) sino incluso todo el sistema de Bretton Woods.
El sistema monetario internacional que los chinos plantean, con la llegada del petro-yuan-oro, es un sistema multi-monetario en el cual las diferentes monedas estarían vinculadas al oro y no más al dólar. El Yuan esta ya conformado y respaldado por una canasta de monedas más una nueva arquitectura financiera, con su Fondo de Fomento y Desarrollo, su banco de financiamiento y su sistema de compensaciones alternativo al SWIFT donde solo resta que EUA y Japón se sumen. A todo esto se suma también la Nueva Ruta de la Seda (OBOR) y su iniciativa de inversiones por 500 mil millones de dólares lanzada el 14 de mayo de 2017.

El lanzamiento del Proyecto One Belt-One Road, y su contundente respaldo internacional, se aceleró sin duda luego de la decisión de Donald Trump de hacer caer los tratados globalistas de Acuerdo Transpacífico (TPP) y el Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP). Estas iniciativas fueron promovidas tanto por Obama como por Hillary Clinton como formas de inyectar dólares-burbuja a los países emergentes para obstaculizar, reorientar o dividir el bloque multipolar con el objetivo de conllevarlos a la subordinación a la red global de cities financieras y a la estrategia financiera global. Una vez que Trump anunció su decisión de cancelar ambos Tratados, el BRICS y el bloque multipolar representaron en la práctica la única fuente segura de respaldo y de inversiones.

4- La Gran Crisis del Siglo XXI, ¿Una crisis sistémica?

a. Guerra de monedas y fin de la era del dólar

Ante el claro avance del “petro-yuan-oro”, el dólar, en otras palabras, está en repliegue. No solamente hay una amenaza externa para el dólar, la mayor amenaza se encuentra al interior de los EUA. El plan de los globalistas se orienta a acabar con el dólar como moneda internacional de referencia así como con todas las monedas de menor referencia. La guerra de monedas adquiere una dimensión especial con la introducción de las cripto-monedas en la geopolítica. Toda forma de dinero es una construcción social y con ello también expresión de valores e intereses económico-sociales y de poder. Las cripto-monedas están permitiendo que sus usuarios expresen su independencia del sistema monetario actual dominado por el dólar, el sistema SWIFT, etc. Lo cual se expresa muy bien en América Latina en el mes de enero de 2018 con la emisión del Petro en Venezuela. A partir de las cripto-monedas es posible crear e imponer una nueva construcción social, una nueva mediación en las relaciones sociales de producción de poder, que permiten liberarse de los poderes económicos, políticos y sociales anteriores a éste. Esto no podrá desarrollarse sin una gran batalla con y entre los diferentes poderes existentes. A Fines del 2017 China realizó su primer ensayo, siendo ésta la primera cripto-moneda respaldada por un Banco Central, en todo el mundo (Dierckxsens y Formento, 2018).

Las grandes corporaciones de la comunicación global ahora anuncian que no hay posibilidad para que no explote la ´madre de todas las burbujas´ a fin de salvar su proyecto. La política de las fuerzas globalistas es provocar una política de contracción monetaria en combinación con una alza en las tasas de interés a fin de encaminar todo hacia una eventual colapso de las bolsas de valores con sus consecuentes bancarrotas, que sin duda serán atribuidas por los grandes medios a la “inoperancia” de Trump, aunque este realmente no tenga nada que ver.

Pero también existe el escenario nada imposible, para que no haya un colapso del dólar, sino una evolución controlada a la baja, particularmente en relación con el yuan. La devaluación del dólar significaría un proceso inflacionario en EUA, pero a la vez una devaluación de la deuda y con ello una rebaja en el servicio a la misma. Los apoyos de la China Multipolar para ir despacio con la introducción del petro-yuan-oro podrán neutralizar la jugada globalista de hacer estallar la madre de todas las burbujas y con ello la caída de Trump. A los chinos les interesa ir despacio para que la billonaria deuda norteamericana por cobrar no pierda todo su valor. Esto dejaría muy en claro que los globalistas son el enemigo principal del dólar.

b. La Guerra comercial, ¿Hacia un nuevo colapso bursátil?

Trump comenzó el 8 de marzo de 2018 una guerra comercial y aparentemente dirigida en primer lugar hacia China con la imposición de tarifas del 25% sobre el acero y aluminio. El 26 de marzo el Presidente Donald Trump castigó a China por su ´comercio injusto´, planteando imponer tarifas del 25% por un valor de 60 mil millones de dólares sobre bienes importados del país asiático y en primer lugar hacia productos de alta tecnología. Los productos eléctricos y de alta tecnología constituyen el segmento más importante de las importaciones estadounidenses desde China. Sin embargo al ver de cuales empresas se trata hemos de concluir que parece más una guerra comercial con las transnacionales globalistas radicadas en China, que una contra la China multipolar.

Entre las empresas más afectadas se encuentran: Apple, Facebook, Microsoft, Amazon.com, Google (hoy Alphabet), Netflix, entre otras. En el último año al 12 de marzo de 2018, las primeras cuatro empresas realizaron el 45% de las ganancias obtenidas en la bolsa de valores S&P 500 (la más representativa en Nueva York) y representan el 30% de todo el capital accionario en el sector tecnológico de S&P. Las acciones de estas empresas son muy cotizadas por los fondos de pensiones.

El Wall Street Journal (un periódico continentalista y anti globalista) advierte que las acciones tecnológicas están dominando los mercados globales como nunca antes. Facebook está muy cuestionado por el gobierno de Trump por un escándalo por la falta de privacidad con sus bases de datos y Amazon.com por sus fraudes fiscales. No es nada imposible que Trump presentará Leyes antitrust contra Amazon (Rickards 2018). En fin hay una guerra en marcha contra las megaempresas globalistas.

Las acciones de Facebook cayeron un 13% este año y tan solo en la última semana de marzo 100 millones de dólares. Las acciones de los grandes bancos y en primer lugar el globalista Citigroup perdieron en la Bolsa de Valores 15% desde el 29 de enero y 7.5% en dos días durante la última semana de marzo de 2018. En esos últimos días las acciones de Morgan Stanley perdieron 8.8%, las de Goldman Sachs 6.3%y las de JP Morgan 6.7%. La atmosfera en la Bolsa de Valores se asemeja mucho a la de 2008. En semejante coyuntura cuesta que los bancos se presten entre sí causando eventuales bancarrotas afirma Durden (2018).

Con la burbuja inmobiliaria antes de 2008, la bolsa siguió en alza a pesar de advertencias sobre posibles bancarrotas y de pronto cayó el Lehman Brothers un banco de inversiones (de los globalistas) que fue comprado como ganga por el Bank of America (de los continentalistas) con dinero de la Reserva Federal. El reciente boom de las Cinco Grandes empresas tecnológicas que crecieron de manera espectacular podría estar bajo mucha presión política para regresar a EUA, lo que no es nada seguro. Así como los continentalistas dejaron caer a Lehman Brothers bien podrán dejar caer alguno de las cinco Grandes tecnológicas a fin de causar un nuevo pánico bursátil señala Durden. En la opinión de Richter (2018) la política de la Fed es dejar que las acciones de la Bolsa bajen y sobre todo la de las empresas globalistas más grandes, pero evitando caídas que podrían causar bancarrotas. Con la ´guerra´ contra las cinco empresas transnacionales más grandes (Facebook, Amazon, etc.), Trump manda una señal de no confrontarse con la Reserva Federal y con ello procura evitar que los globalistas provoquen un colapso bursátil.

Los globalistas una vez más procuran provocar la desestabilización desde un suceso en la UE. Los resultados económicos de Deutsche Bank no muestran cifras positivas en 2017 y por su tamaño su caída tendría un impacto internacional y desestabilizaría a la vez la coalición frágil del gobierno alemán (Martin 2018). Desde hace años los globalistas intentaron provocar la caída del Deutsche Bank (continentalista de la UE), pero en cada ocasión la China multipolar ha intervenido para no dejar caer a este banco con la mira de poder integrar la UE al proyecto de la Nueva Ruta de Seda. Con la Reserva Federal (Fed) fuera de las manos de los globalistas no es improbable que sus bancos no puedan contar con algún rescate y tendrán que recurrir al ´bail-in´ (corralito bancario), afectando el capital de sus accionarios. La meta de la administración Trump, sin duda será poner bajo control a la banca globalista, separando en primer lugar la banca comercial de la banca de inversiones e introducir leyes anti-trust. Tanto las fuerzas globalistas como Trump, en alianza con los continentalistas, parecen tener motivos para provocar un colapso bursátil pero con objetivos muy distintos. Un eventual colapso financiero podría bien revelar el carácter sistémico de la crisis. Es una posibilidad real que se dé un colapso, pero también es posible que el proceso se mantiene en un equilibrio frágil por otro tiempo más.

5- La Transición hacia otra civilización de civilizaciones

a. Los límites de crecimiento baja la ley de valor

Para poder ´sobrevivir´ en la competencia, el capital acorta la vida media útil del capital fijo (esencialmente edificios, maquinaria y equipo) que emplea en sus empresas para poder obtener así la tecnología de punta del momento. La tendencia anterior ha dado un enorme impulso al capital productivo en la posguerra así como a los inventos tecnológicos. Sin embargo, a principos de los setenta la sustitución tecnológica ha mostrado que hay límites para aumentar la tasa de ganancia en Occidente. La vida media útil del capital fijo se redujo tanto que el costo tecnológico por transferir al producto (o servicio) ya no es compensado por la reducción en el costo laboral al emplear esa nueva tecnología. La obsolescencia programada de la tecnología empleada en las empresas ha contribuido así al proceso de outsourcing a fin de poder producir con mayor ganancia al operar con mano de obra más barata.

La creciente capacidad de reemplazo tecnológico (el desarrollo de las fuerzas productivas bajo la lógica del capital) se torna cada vez más un estorbo para aumentar la tasa de ganancia, es decir, para reproducir la propia relación de producción vigente. Es a partir de ello que inicia la crisis sistémica del capitalismo sin posibilidad de generar un nuevo ciclo de capital productivo con ganancias en alza. Este fenómeno dio sus primeros síntomas en EEUU. A principios de los años setenta,la baja de la tasa de ganancia se dio también en Europa. Japón sigue a EUA y Europa pero algo más tarde. Acortar la vida media útil de la tecnología era política oficial en Japón en los años setenta y ochenta. La meta fue alcanzar una posición de vanguardia en materia tecnológica. El país efectivamente llegó a ser campeón mundial en reemplazar capital fijo ´viejo´ por otro más ´moderno´ en un tiempo record.

Durante los años ochenta Japón fue considerado ´el milagro económico´ que iba a conquistar el mundo. La realidad fue que la tasa de ganancia bajó aún más de prisa de lo que fue el proceso en Occidente´; la llamada ´enfermedad japonesa. A partir de entonces el Estado japonés ha buscado inyectar dinero sin respaldo en la economía endeudándose a lo interno y acumulaba en 2016 una deuda soberana equivalente al 500% de su PIB. Japón sufre una recesión tras otra, y la recuperación de su proceso productivo con ganancia no ha llegado ni llegará.

El ‘outsourcing’ de capital productivo hacia países emergentes se ve acompañado de toda clase de derechos sobre la propiedad intelectual. A partir de los años ochenta en Occidente el capital procura evitar bajar la vida útil de la tecnología mediante toda clase de patentes, pero operado en países ´emergentes´. El monopolio sobre el conocimiento se concentraba originalmente en la casa matriz de las transnacionales. Este monopolio junto con el bajo costo de la fuerza de trabajo en los países emergentes debía evitar la baja de la tasa de ganancia en la economía real a escala global. Investigación y Desarrollo se transforma en una rama de producción. Los costos de Investigación y Desarrollo suelen a incrementarse sin encadenarse con el ámbito productivo y se tornan improductivas, pero han de ser transferidos al producto o servicio, acentuando más bien la tendencial caída de la tasa de ganancia transnacional. En otras palabras, la política de patentes en el mediano plazo tampoco garantiza una tendencia al realce de la tasa de ganancia (Dierckxsens Formento 2016).

Las innovaciones aplicables al proceso productivo suelen desarrollarse más fácilmente en los lugares donde se encuentran las plantas productivas, es decir en los países emergentes y en primer lugar China. La política de patentes en cada vez más áreas productivas en China ha brindado una solución durante varias décadas. China es considerado como el nuevo ´milagro económico´ que hoy en día igual tiende a sufrir ´la enfermedad japonesa´. De acuerdo con las estadísticas oficiales, la tasa de inversión de China solía ser del 50% del PIB. No es posible colocar ese capital fijo por años exclusivamente en la diversificación y ampliación de la economía real. Las nuevas inversiones en China se orientan cada vez más al reemplazo acelerado de capital fijo (tecnología y edificios) ´obsoleto´ por otro más moderno. En China hay un desarrollo muy fuerte en Investigación y Desarrollo para alcanzar la competitividad en la tecnología de punta. Se repite la historia de Japón de hace unas décadas y en menos tiempo aún. La tecnología marca cada vez menos la diferencia competitiva. Con ello se agotan también en buena medida las posibilidades de realizar una plusvalía relativa en la era de la globalización hecho que acentúa la sobreexplotación de la fuerza de trabajo aún más todavía.

En 2014, China reportó una tasa de crecimiento de algo más de 7%, la más baja en 24 años. Esta cifra, en la opinión de Kurt Cobb, es sobreestimada. Cuando se observa la tasa de crecimiento en el consumo de energía eléctrica, que solo creció en un 3.8%, la tasa real resulta ser probablemente bien más baja. El consume de energía y el crecimiento de la economía real muestra una correlación fuerte y no solo en China. El país mostró una tasa de crecimiento de consume energético de dos dígitos entre 2000 y 2008 al tiempo que su crecimiento económico también mostró cifras de dos dígitos. Después de 2008 y sobre todo después de 2011 vemos que el consumo de energía disminuyó en China así como su tasa de crecimiento económico.

Si revisamos el consume de energía (petróleo) de EUA entre 1960 y el año 2000, este crece al mismo ritmo que el PIB. Después del año 2000 el crecimiento económico reportado continuó su rumbo al tiempo que el consume de energía estancó y hasta bajó. La conclusión de Steve Ángelo es que el crecimiento económico de EUA después del año 2000 es ficticio y se debe cada vez más a la expansión monetaria, o sea a la creación de dinero sin respaldo invertido en la Bolsa de Valores. Las acciones de las grandes empresas van en alza indicando un aparente crecimiento. La economía real, sin embargo, no mostró crecimiento alguno. Las cuentas nacionales se transformaron así en ´cuentos nacionales´.

Uno tras otro gran banco central en el mundo se ha visto forzado a imprimir dinero sin respaldo y lo hacen al aumentando el crédito a tasas de interés cero o hasta negativas en términos reales. Son los grandes bancos que se benefician con ello. Primero vimos en 2008 la política de expansión monetaria en los EEUU, luego siguió el Banco de Inglaterra, lo hace el Banco de Japón y también el Banco Central Europeo. Ahora incluso el Banco Popular de China aplica la misma política. Con ello se muestra que la ´enfermedad japonesa´ no solo llegó a China, sino se mundializó de pronto.

El cierre de fronteras o el proteccionismo de Trump podrían brindar oportunidades temporales a la economía real. La vida media del capital fijo (maquinaria y edificios) de las corporaciones en EUA se había envejecido bastante al superar, en el año 2012, los 22 años, cifra superior a lo que lo que fue su edad media en 1962. Con el proteccionismo es posible producir con ganancia con vida útil relativamente elevada del capital fijo. Con un ciclo de reproducción del capital relativamente largo, baja el costo tecnológico a transferir al producto final. Con ello se, contrarresta la baja a la tasa de ganancia sobre todo en el sector de bienes de consumo. Lo anterior solo es posible en el caso de una economía relativamente cerrada. Sin embargo, con la globalización, se opera en una economía abierta a escala mundial. La competencia simultánea de empresas transnacionales desde los países emergentes con tecnología avanzada, hace que la tasa de ganancia en EUA iba cada vez más a la baja. La medida de Trump es netamente anti-globalista y podrá funcionar a corto plazo a favor de EUA. Al generalizarse el proteccionismo y cierre de fronteras a nivel nacional en el mundo nos llevaría al crecimiento negativo cada vez más generalizado, dejando ganancias negativas y causando una crisis generalizada.

China busca con su proyecto de la Nueva Ruta de Seda condiciones para instaurar un proyecto productivo multipolar que permite en el plano internacional la construcción de un sistema negociado de mundialización policéntrica. En el plano nacional busca el abandono de las reglas fundamentales de la gestión económica liberal, en beneficio de proyectos soberanos populares que pongan en primer lugar los avances sociales. El objetivo es conectar a China con Rusia, Europa, África y hasta Oceanía y América Latina y fomentar el comercio. El centro de la Nueva Ruta de la Seda será la capital de Xin Jiang (la provincia musulmana de China situada en el oeste).

La pregunta clave es cómo podrá impulsarse este megaproyecto productivo a nivel transcontinental logrando una nueva tendencia de la tasa de ganancia en alza en el ámbito productivo. Es preciso saber en este contexto que ningún tren de alta velocidad en el mundo ha podido funcionar sin pérdidas. Si la mega-infraestructura desarrollada a puro crédito no encuentra una reactivación posterior de la economía productiva con tasas de ganancia en alza, se manifestará en forma definitiva la crisis sistémica a nivel global. Ante la Gran Depresión que provocará no hay de otra que invertir la racionalidad económica capitalista haciendo un salto adelante en la historia de la humanidad. Invertir la lógica capitalista significa la negación de la valorización por la valorización, o sea, y subordinar el valor de cambio al valor de uso, como bien nos señala Houtart (2011).

b. El camino a la utopía y el bien común de la humanidad

Ante la evidente Gran Depresión del Siglo XXI, cualquier salida dentro de la racionalidad económica capitalista parece agotarse. Es el momento de toma de conciencia de que no hay expectativa de un mayor bienestar económico y social dentro de este sistema al acortar la vida media de los productos. Alargar la vida media de todo lo que producimos conllevará en términos de valor al crecimiento negativo y aun así es posible lograr un mayor bienestar genuino. Este fue el tema por excelencia de Houtart (2012) en los últimos años de su vida.

Es en medio de una crisis sistémica que estén dadas las condiciones para formar consciencia que las necesidades deberían darse desde el Sujeto comunitario ya que por fuerza mayor comienzan de manera muy generalizada a compartir bienes y servicios en comunidad, dando mayor fruto que al tratar de salvarse individualmente. El uso duradero de los bienes se torna una necesidad no solo para satisfacer las necesidades colectivas sino también para que la naturaleza podrá mejor reproducirse a sí misma. El motor de la economía de mercado, la competencia del interés privado a partir de nueva tecnología, se supedita así al interés social y no al revés, acabando con la lógica de la valorización por la valorización. Al no dar más ventaja competitiva, las innovaciones serán declaradas patrimonio común de la humanidad a lo que habrá acceso libre.

Al darle mayor vida media de los productos en general y al sustituir el consumo individualizado por el consumo más colectivo de bienes y servicios, se liberarán recursos naturales en el Norte, región en la que estos precisamente escasean. Hoy se destina el 80% de los recursos naturales, explotados año tras año principalmente en los países del Sur, para el consumo individual del 20% de la población mundial más concentrada en el Norte. Si la vida media de los productos en el Norte se multiplicara por dos, por ejemplo, se liberaría más del 40% de los recursos naturales explotados en el planeta. Otro tanto sucedería si los productos y servicios fuesen dos veces más colectivos, liberando otro tanto.

En la modernidad poscapitalista la racionalidad económica requiere redefinir las necesidades desde el sujeto colectivo y ya no más desde el interés particular de la empresa y el individuo consumidor. Así como en el Norte es preciso generar una “economía de lo suficiente” eliminando la economía de lo superfluo (hacia lo que los movimientos ecologistas apuntan), es preciso fomentar a la par una “economía de lo necesario” y sobre todo en el Sur (hacia lo que los movimientos sociales en el Sur más apunten). Estos dos tipos de economías, de lo suficiente y lo necesario en combinación son capaces de generar una mejor calidad de vida para las grandes mayorías y ampliando las fronteras ecológicas planetarias.

En lo político, la modernidad poscapitalista requiere la instauración de una democracia participativa que implica una política de descentralización en la producción y, sobre todo, una mayor democratización en el proceso de toma de decisiones sobre qué, cómo, dónde y para quién se produce. Hoy parece una Utopía en un futuro no lejano podrá ser realidad. Un mundo multipolar hace posible tener en perspectiva otra soberanía. Una soberanía popular, en oposición a la soberanía nacionalista burguesa de las clases dominantes. Una soberanía concebida como un vehículo de liberación, haciendo retroceder primero que nada la globalización unipolar contemporánea que suprime la soberanía a escala mundial. La soberanía popular se da el objetivo de transferir un máximo de poderes reales a las clases populares.

El multipolarismo ha tomado hoy la iniciativa con capacidad de compartir beneficios económicos para poder potenciar su hegemonía político cultural y conducción político-estratégica. Los mismos viajes que lleva adelante Xi Jinping, también
Fuente: La Página de Wim Dierckxsens