29 de marzo de 2018

EL "JUEGO IMPOSIBLE" DEL PERÚ POST FUJIMORISTA

Este artículo de nuestro colaborador Fabián Lavallen Ranea fue escrito un día antes de concretarse la decisión de destitutir al Presidente del Perú Pedro Pablo Kuczinscky. Nos parece sustantivo publicarlo por lo medular de su análisis.


Por Fabián Lavallén Ranea.. Pensar al Sur

El “juego imposible” del Perú pos-fujimorista. Nuevamente

el fujimorismo residual decide el futuro inmediato de PPK

 

En un artículo anterior hemos analizado el cuadro de “amnesia política” de Pedro Pablo Kuczinsky, y sus antecedentes como desmemoriado hombre de la política y la economía de su país. Incluso habíamos cerrado la nota dando cuenta de cierta “fuji-dependencia” en el escenario político peruano actual.  Ese cuadro, quizás antojadizo y ciertamente apresurado, lamentablemente parece ir cobrando forma.

Repasemos brevemente: PPK gana las elecciones al frente de “Peruanos Por el Kambio” en  2016, con un más que ajustado 50,1% de los votos en segunda vuelta contra Keiko Fujimori. Este hombre que nunca había formalizado su renuncia a la nacionalidad estadounidense, dilapida a su antecesor mandatario Alejandro Toledo al conocerse los sobornos que Odebrecht le había pagado, lo que lo obliga a Toledo a exiliarse, escaparse de la justicia y ser declarado como “traidor a la Patria” por su antiguo compañero.  

A los pocos meses, PPK también es acusado de ser favorecido con sobornos de millones de dólares por parte de la misma empresa brasileña, mientras que era Ministro del mismo Toledo al que había condenado públicamente. Ante esta acusación, el “fujimorismo residual” hegemonizado bipolarmente por los hijos del viejo líder procesado (Keiko y Kenji), utilizan la “carta institucional” de la vacancia, para sacar del poder al Presidente, o para chantajearlo con la destitución. Como ya se ha dicho, la carta es el Artículo 113°, inciso 2 de la Constitución Política del Perú, el cual especifica que el Congreso de la República puede declarar al titular del Ejecutivo con una “permanente incapacidad moral”, y por lo tanto puede ser “vacado” de la magistratura, es decir, cesado en su cargo.

Hacia el interior de la oposición elaboraron dos estrategias: por un lado, Kenji y Keiko buscaron el indulto de su padre, basándose en las condiciones de salud del ex Dictador, a pesar que las condenas incluyen delitos de “lesa humanidad”. Por otro lado, el “Frente Amplio” comenzó a presionar para el cese del gobierno de PPK, utilizando la misma figura que se había utilizado desde el Congreso para destituir a Fujimori.

PPK y su equipo apelaron a la victimización, enarbolando el “peligro” a un golpe de la “derecha”, y el supuesto quiebre de la institucionalidad. Pero al mismo tiempo, en secreto, comenzaron a negociar con el sector más dialoguista de Fuerza Popular, Kenji, intercambiando el “indulto” por el apoyo ante el Congreso por la “vacancia”.

Cuando estas negociaciones no se conocían, un sector importante de la sociedad y del mundillo político  -motivados por la imagen monstruosa del ex Dictador en el avance keikista-  apoyaron al presidente, haciendo públicas las simpatías por la continuidad del mandatario.

Tal como se orquestó, la votación de diciembre de 2017 no prosperó en el vacado del presidente, gracias a una pequeña  porción del bloque de “Fuerza Popular” que votó en contra de la medida parlamentaria. A las pocas horas PPK comunicó a la nación que el ex Dictador se podría ir a su casa…

Como dijimos anteriormente, así como el parlamento a partir de una iniciativa fujimorista había utilizado una herramienta constitucional  -por lo tanto legal, aunque poco legítima-  para intentar cesar al ejecutivo (la figura de incapacidad moral), ahora el Presidente utilizó también una herramienta constitucional (el indulto y la gracia presidencial que le confiere la Carta Magna), para dejar en libertad a Fujimori. La historia del Perú contemporáneo parece tener en Fujimori un regulador de los acontecimientos, aunque esté muerto políticamente.

PPK dejó en libertad a un hombre procesado por secuestros y asesinatos, usurpación de funciones, soborno a políticos y empresarios, malversación de fondos públicos, y compra de medios afines para difamar a opositores. En dicho indulto minimizó los delitos diciendo que fueron “errores” del ex presidente, pidiendo “unión a los peruanos” (y olvidar las atrocidades).

A partir de dicha acción, PPK comenzó a perder aliados. Parte de su gabinete le presento la renuncia, y algunos parlamentarios se alejaron de su ala. Las víctimas de la represión fujimorista se activaron inmediatamente apenas se conoció el indulto, así como las organizaciones de Derechos Humanos y varias instituciones sociales. La condena internacional tampoco se hizo esperar, y las críticas de medios y académicos de todo el mundo llovieron sobre la presidencia. 

En estos días PPK vuelve a ser interpelado, y nuevamente vuelve a apelar a la desmemoria: “De lo que me acusan son cosas que ocurrieron hace 12, 15 años atrás y que nada tienen que ver con mi gobierno…”  Esa es su argumentación, que urrió hace demasiado tiempo. Mientras en estos momentos más del 80% de la opinión pública desaprueba su gobierno, vuelve a apelar a la unidad de los peruanos. Lo que de alguna manera está consiguiendo, que todos se unan en su condena.

Cesar Hildebrandt, quizás el periodista más creíble y prestigioso del Perú, publicó el viernes pasado en la última edición de su semanario político que un informe de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) remitido al Ministerio Público y a la Comisión Lava Jato del Congreso (de unas 33 páginas), revela que desde empresas y consorcios vinculados al Grupo Odebrecht se registran transferencias de fondos hacia la empresa Westfield Capital Limited, la compañía del Presidente, por casi dos millones de dólares, hacia como transferencias a otras empresas de socios de PPK (en total casi siete millones de dólares).

En las últimas horas acontecieron demasiadas cosas, y todas parecen avanzar en la destitución del presidente. Esta semana Kenji Fujimori, el llamativo aliado de PPK en la búsqueda para salvarlo de la vacancia, acaba de informar a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) que ha decidido apartarse del bloque que componía, formando un nuevo partido. Pero eso no es todo. Dirigentes de “Fuerza Popular”, el partido de la hermana de Kenji, denunciaron que los disidentes de su partido  -en clara referencia al pequeño bloque de éste último-  están “comprando votos” para evitar la vacancia de PPK.

La polarización política en el Perú atraviesa hasta los segmentos del fujimorismo residual, haciéndolos tomar decisiones que redundan en inestabilidad y debilitamiento de la democracia, tal como estudiara Guillermo O ´Donnel (1971) sobre la Argentina pos-Peronista (1955-1966).

Los hermanos Fujimori son fichas clave de este enrarecido tablero. El ex Dictador, padre de ambos, emulando un arbitraje, observa en silencio desde su domicilio la vertiginosa partida. Por un lado su hija, la cual puede verse virtualmente respaldada en su ambición presidencial si PPK es destituido. Y por otro lado su hijo, quien funda un partido político con un emblemático nombre: “Cambio 21”. Nombre llamativamente parecido al que le permitió la llegada al poder a su padre: “Cambio 90”.

En su perturbada salud, el “Chino”, como se lo conoce popularmente al ex mandatario, seguramente esboza una mueca de satisfacción ante tamaña jugada de la historia.  

 

 


Fuente: Pensar al Sur