19 de junio de 2017

Goldman Sachs aborda en la nave de Trump

Muchas personas en los EUA se refieren a la administración Trump como el “Gobierno Sachs”, debido a la presencia de un considerable número de funcionarios que trabajaron o colaboraron de alguna manera con Goldman Sachs (GS), el banco de inversión estadounidense más cortejado.



Por Mario Lettieri y Paolo Raimondi - Roma

31 de marzo de 2017


Muchas personas en los EUA se refieren a la administración Trump como el “Gobierno Sachs”, debido a la presencia de un considerable número de funcionarios que trabajaron o colaboraron de alguna manera con Goldman Sachs (GS), el banco de inversión estadounidense más cortejado.
Desde la eclosión de la crisis global, el banco escaló muchas posiciones en la lista de los bancos estadounidenses más expuestos en derivados financieros “de ventanilla” (OTC, en la jerga bancaria), hasta llegar al tercer lugar, con más 45.5 billones de dólares en valor especulativo. Sin embargo, en comparación con los dos primeros, Citigroup y JP Morgan Chase, hay una pequeña pero significativa diferencia. El GS muestra la peor relación absoluta entre el valor de su cartera de derivados y sus activos, de 880 mil millones de dólares –lo que significa que por cada dólar de activos, el GS tiene casi 52 en derivados, mientras que el Citigroup tiene 28.5 y el JPMorgan, 20. Así, si estos últimos navegan no necesariamente en mares calmados, para el GS es más probable que la previsión este cada vez más cerca de una tempestad.
Son datos tan significativos como preocupantes, al grado que, en septiembre de 2016, incluso la Oficina del Contralor de Moneda (OCC, sigla en inglés), la agencia estadounidense de control bancario, observó que la relación entre la exposición de los créditos al capital de riesgo (credit exposure to risk-based capital) era de 433% para el GS, contra 216% para JP Morgan y 68% para Bank of America.
Todavía de acuerdo al referido informe, seis años después de la entrada en vigor de la reforma financiera Dodd-Frank, la cual obligó a los bancos a suscribir todos los contratos de derivados mediante plataformas reglamentadas, el GS aún mantiene fuera de estas, 76% de sus derivados OTC, el mayor porcentaje de todos los bancos de Wall Street.
Es sabido que la opacidad de los derivados OTC ha desempeñado un importante papel en la crisis financiera, por el hecho de que se sospecha que se conceden créditos recíprocos para ocultar sus rombos. Consecuentemente, tratan de cercarse de garantías contra eventuales quiebras, asegurándose con compañías grandes como la gigantesca aseguradora AIG. Recientemente se supo que cerca de la mitad de los 185 mil millones de dólares gastados por el gobierno de los EUA para salvar a la AIG benefició a los mega-bancos “demasiado grandes para caer”, de los cuales 12 900 millones fueron para GS.
Por estas y por otras, no sorprende que GS haya estad siempre en el centro de las investigaciones de los responsables de la crisis global, ni, tampoco, su posición en la primera fila del esfuerzo de bloquear todas las reformas al sistema bancario y financiero estadounidense.
Sin embargo, no deja de causar una cierta sorpresa que el presidente Trump siga reclutando sus auxiliares junto a GS. La adquisición más reciente es Dina Powell, ex-presidente de la Fundación Goldman Sachs, nombrada consejera adjunta de seguridad nacional para estrategias. No obstante, la nominación más provocativa fue, sin duda, la de Jay Clayton para la Securities and Exchange Comission (SEC), órgano responsable de la supervisión de las bolsas de valores. Clayton es un prominente abogado que trabajó para GS, donde todavía trabaja su esposa.
Se trata de la misma SEC que ya multó varias veces a GS por operaciones ilegales de varios tipos. En 2010, el banco recibió una multa de 550 millones de dólares por transacciones fraudulentas con activos tóxicos subprime, seguida de otra de 11 millones, en 2012, por el favorecimiento secreto de clientes seleccionados por algunos de sus analistas. En agosto de 2016, incluso la Reserva Federal le aplicó una multa de 36.3 millones de dólares, por el uso de informes confidenciales resultantes de operaciones de control efectuadas por el propio banco central. Y eso sin mencionar la multa de 120 millones por manipulaciones de las tasas de interés, impuesta en diciembre del año pasado por la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), agencia responsable por la fiscalización de los mercados de futuros y de las transacciones con derivados financieros.
Y, por si las dudas, en las últimas semanas algunos senadores estadounidenses han acusado a GS de hacer cabildeo contra la Ley Dodd-Frank, conociendo la cantidad de ganancias resultantes de semejante cancelación. Recuérdese que una de las primeras medidas del presidente Trump fue la revocación de la ley referida.
Parece evidente que Trump se olvidó de lo que el mismo dijo hace algunas semanas. “Por mucho tiempo, un pequeño grupo en la capital de nuestra nación ha recogido las ventajas del gobierno, mientras que las personas han financiado los costos. Washington ha prosperado, pero las personas no compartían de esta riqueza “. Es un clásico ejemplo de la distancia entre el decir y el hacer.


Fuente: Capa -