11 de enero de 2018

PERÚ: PPK EL DESMEMORIOSO

El ataque de amnesia del Presidente peruano, o la extravagancia de la negociación política llevada al paroxismo de la hipocresía.


Por Fabian Lavallen Ranea - Pensar al Sur

“Lo recuerdo (Yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado,  sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto)”. Jorge Luis Borges, “Funes El Memorioso”.

 

Difícil sintetizar en pocas palabras los hechos de desmemoria política que se sucedieron en el Perú en tan solo unos pocos días, pero intentaremos resumir los más relevantes a modo de una tragedia titulada “Amnesia política en tres actos”:

1.- Prólogo, o Primer Acto: “Olvidalo y volverá por más” (El pasado de PPK).

Una de las canciones más fascinantes de Hermética, legendaria banda de metal pesado argentino, titulado “Olvidalo y volverá por más”, recitaba al terminar: “La muerte es ocultar la verdad, el vacío es dejarse mentir…”. Si hay algo en claro en el pasado de Pedro Pablo Kuczynski, es que fue siempre consecuente con la mentira, el ocultamiento y la negación. Y al parecer, sabe que mentir es un negocio, y la sociedad lo compra. Su carrera política se inició cuando promediaba los treinta años, en el estruendoso año de 1968, siendo uno de los más jóvenes gerentes del Banco Central de Reserva (BCR) del Perú, bajo la órbita del gerente general Carlos Rodríguez Pastor.

Aquí ya comienzan los episodios poco decorosos en defensa de los intereses de su patria. En esos momentos se produce la Revolución Peruana de Velazco Alvarado, quien decide entre otras cosas la nacionalización de la emblemática International Petroleum Company (IPC), compañía que tenía condiciones de explotación ampliamente ventajosas en desmedro de los intereses de la República. A pesar de la Revolución, la petrolera por un tiempo logró continuar con el control de las bocas de salida de petróleo en el Perú, nutriendo de utilidades a la matriz en los Estados Unidos: la Standard Oil. Ahora bien, para que esto pueda desarrollarse, se necesitaba de la garantía de certificados de divisas desde el Banco Central de Reservas (BCR), con la rúbrica del gerente general, y la firma de PPK, quienes le otorgaron 13 autorizaciones a la petrolera sin las aprobaciones ministeriales correspondientes, tal como consta en la Comisión investigadora que creará el gobierno de Alvarado (la Comisión Carbonel).

El final de PPK en esa primera etapa de su gestión pública no terminó de la manera más decorosa: como el mismo relata, se fugó por la frontera con el Ecuador en la baulera de un Volkswagen, siendo acusado de ser agente de los Estados Unidos. ¿Dónde se refugió? Si, en los Estados Unidos.

En la mitología política queda aún flotando también la acusación en esa primera etapa de su vida, de haber sido el responsable de sustraer la famosa página 11 del acuerdo entre la misma petrolera y el Gobierno del Perú, donde la empresa se comprometía a pagar un precio por barril de petróleo, precio del que luego se arrepiente y vuelve atrás con las condiciones.

En el extranjero realiza una notable carrera profesional. Primero como funcionario del Banco Mundial, luego en firmas privadas de inversión, consorcios mineros, compañías de acero, siderúrgicas y directivo de múltiples empresas transnacionales, hasta participar incluso de las reuniones del Grupo Bilderberg.

Su regreso a la política peruana no le da mayores laureles. En el segundo gobierno de Fernando Belaunde Terry fue autor de la famosa Ley Kuczynsky (Ley 23.231) por la cual se exonera de 500 u$s millones a las empresas extranjeras…. petroleras.

Finalmente, bajo el gobierno de Alejandro Toledo como Ministro de Economía y Finanzas, gestionó una cartera que priorizó los tratados de libre comercio, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (y sus condiciones), el achicamiento del estado, el desfinanciamiento de la salud y la educación, y la poco popular privatización de empresas eléctricas, decisión que iniciaría un ciclo de protestas y levantamientos civiles en Arequipa.

El tema de Hermética al que hacíamos referencia repite “olvidalo, y volverá por más, mostrando ser confiable en los carteles…”

2.- Episodio, o Segundo Acto: “En la Tierra del no me acuerdo” (El presente de PPK).

PPK ganó las elecciones al frente de “Peruanos Por el Kambio” en abril de 2016, con un ajustado 50,124% de los votos, al ir a una segunda vuelta con Keiko Fujimori. Era su segundo intento, luego que quedara en tercer lugar en las elecciones de 2011, donde Keiko también había salido segunda. En esas primeras elecciones, así como en su gestión como Ministro, nunca había formalizado su renuncia a la nacionalidad estadounidense,  acción que recién formalizó en el año 2015 por el reclamo público que generaba.

A comienzos de este año, cuando se conocieron los sobornos de Odebrecht al ex Presidente Alejandro Toledo (razón por la que se encuentra prófugo), PPK declaró que su predecesor era un traidor y una vergüenza para el país. Nadie imaginaría que unos meses después, y luego de la intermitente negativa a reconocer cualquier vínculo con Odebrecht, PPK sería también acusado de ser favorecido con sobornos de millones de dólares por parte de la empresa brasileña, dinero que terminaría resguardado en sus cuentas bancarias personales, mientras era Ministro del mismo Toledo al que había condenado públicamente. Como detalla la investigación, ese dinero lo recibe en calidad de “consultoría”, a través de una empresa propia, directamente desde Odebrecht. PPK luego de negarlo, cuando la información salió a la luz, dijo no recordar esos acuerdos y esos pagos. La justificación fue esa: no recordarlo.  

El genial tango de Carlos Amador, recitaba en una estrofa: “es por eso que mi boca no dirá el secreto de un pasado que perdí…”

El escándalo Odebrecht salpicó con fuerza a PPK. El bloque fujimorista de Fuerza Popular sabía que tenía una carta institucional para sacar del poder al Presidente, o para obligarlo a tomar la decisión más impopular del Perú reciente. La carta es el Artículo 113°, inciso 2 de la Constitución Política del Perú, el cual especifica que el Congreso de la República puede declarar al titular del Ejecutivo con una “permanente incapacidad moral”, y por lo tanto puede ser “vacado” de la magistratura, es decir, cesado en su cargo. En el petitorio de los congresistas se especificaba que dicha figura puede aplicarse a “aquellas conductas graves que, sin ser delito ni infracciones de un juicio político, deterioren a tal magnitud la dignidad presidencial”.

Ante este escenario, tanto la oposición como un sector del oficialismo comenzaron a ultimar dos estrategias políticas notables, aunque siniestras. Veamos:

A) Por un lado, el lobby fujimorista; evidenciando dos objetivos en pugna entre los herederos del Jefe, los hermanos Kenji y Keiko Fujimori (recordemos que esta última no fue Presidenta de la República por tan sólo un margen de 42.000 votos):

1.- El indulto de su padre, el cual ya lo habían intentado cuando finalizaba la presidencia de Ollanta Humala. No buscaban un arresto domiciliario, no, un indulto, basándose en las condiciones de salud del ex Dictador, a pesar que las condenas incluyen delitos de “lesa humanidad”.

2.- El cese del gobierno de PPK ante el artículo referenciado (más allá que la moción fue presentada por el “Frente Amplio”, y no por “Fuerza Popular”). Ese mismo artículo, es el que había utilizado el Congreso para destituir a Fujimori, cuando éste intentó renunciar desde Japón en el año 2.000, rechazándose la renuncia, y destituyéndolo el Parlamento el 21 de Noviembre de ese año.

B) El oficialismo, o mejor dicho, el propio PPK, basó su estrategia en victimizarse y alimentar el monstruo de la mafia fujimorista, fomentando el peligro que implicaría para la institucionalidad de la República el cese de la Presidencia. Se sabe que una parte del Perú (la grieta latinoamericana versión andina) le teme más al regreso del Fujimorismo que a un Tsunami, lo que movilizó a un sector importante de la sociedad a defender al gobierno del avance del “golpismo” keikista, más allá de las simpatías que puede despertar el actual mandatario.

Por otro lado, mientras demonizaba al fujimorismo, también PPK comenzó a negociar con un sector de ese bloque de la oposición, una porción más “dialoguista”, liderada por Kenji (el hermano menor de Keiko). Esa negociación, incluía lo que hoy parece ser una suerte de canje: si no avanzan en el cese de la Presidencia (votando en contra, o absteniéndose), yo voy por el indulto. Decisión que PPK había negado tomar en múltiples ocasiones. En ese cálculo se sabía que los votos del sector dialoguista impedirían llegar a los dos tercios de la cámara necesarios para desplazarlo del cargo al Presidente.

Esta maniobra, aunque impopular y polémica, le permitiría a PPK  -también según sus cálculos-  acometer varios objetivos: por un lado garantizarse la continuidad en la Presidencia, además de romper el bloque de Fuerza Popular entre los dos liderazgos de los hermanos (el conciliador de Kenji, con el sector duro de Keiko), y por otra parte, garantizarse cierta gobernabilidad para los próximos años.  Eso sí, a partir de esto debería sortear un quiebre interno importante entre sus aliados, ya que varios líderes de su bloque evidenciaron que verían como “inmoral” el indulto, lo que llevaría a recomponer el gabinete, tal como está ocurriendo en estos momentos bajo el disfraz de un armado “de consenso”.

Tal como ocurrió, la votación no prosperó en el vacado del presidente, ya que una pequeña (pero vital) porción del bloque de Fuerza Popular votó en contra de la medida parlamentaria. El 15 de diciembre el parlamento peruano había aprobado el proceso de pedido de “vacancia presidencial”. En el acuerdo parlamentario, se dispuso que el Presidente debía presentarse a testificar para realizar su descargo ante el Congreso en pleno. Luego del descargo, y de un potente debate de más de catorce horas, se debía dar una votación de 87 congresistas para la vacancia, sobre 130 parlamentarios totales.

La votación final arrojó 78 votos a favor, 19 en contra, y 21 abstenciones. Los congresistas fujimoristas liderados por Kenji que se abstuvieron de votar la vacancia fueron 10, los cuales hubieran sido suficientes para cesar al Presidente. Tengamos en cuenta que gran parte del mundo político en el Perú, daba por descontado que sería destituido, ya que en el cálculo inicial se pensaba un voto en bloque de Fuerza Popular. Por ello, ya habían comenzado los análisis y especulaciones sobre la sustitución, la renuncia de los vice-presidentes, o el llamado a nuevas elecciones.

3.- Éxodo, o Tercer Acto: “Yo sé que hay que olvidar, y olvido sin protestar” (Los “errores” de Fujimori y el futuro de PPK).

A las pocas horas de la votación donde no prosperó la vacancia presidencial, Pedro Pablo Kuczynsky comunicó a la nación la inesperada (para algunos) noticia: “Fujimori se podría ir a su casa”. Así como el parlamento a partir de una iniciativa fujimorista había utilizado una herramienta constitucional  -por lo tanto legal, aunque poco legítima-  para intentar cesar al ejecutivo (la figura de incapacidad moral), ahora el Presidente utilizó también una herramienta constitucional (el indulto y la gracia presidencial que le confiere la Carta Magna), para dejar en libertad a Fujimori.

Pero eso no es todo, el problema es el encuadre que hizo el Presidente sobre el procesamiento del Dictador: Fujimori cometió errores y excesos. De todos los olvidos de PPK, quizás esa declaración sea la más grave e inhumana. Fujimori no cometió “errores”, cometió los peores delitos (todos juntos) en la historia política del Perú.

Repasemos. Fujimori dio un auto-golpe anulando la división de poderes de la República, transformándose en Dictador del Perú luego de ser elegido por los votos, y posee no una, sino cinco condenas. A saber:

1) Fue procesado y condenado por “usurpación de funciones”, cuando al estallar los escándalos de los “Vladi-videos” (las grabaciones donde su mano derecha y encargado del Servicio de Inteligencia Nacional, Vladimiro Montesinos, sobornaba a políticos y empresarios), disfrazó a un funcionario público de fiscal, para que pueda entrar a la casa del temido hombre de inteligencia, y retirar todos los videos donde pudiera estar involucrado el mismo. Por este delito, le dieron 6 años de cárcel.

2) Peculado: por malversación de fondos públicos que él mismo confesó, le dieron 7 años de cárcel.

3) Corrupción: por sobornar medios de comunicación y también sobornar parlamentarios. Le dieron otros seis años de prisión.

4) Nuevamente corrupción: por utilizar dinero de las Fuerzas Armadas para comprar medios afines desde donde difamaba a opositores. Le dieron ocho años de prisión.

5) Finalmente, la más grave de todas sus condenas fueron las causas por secuestros y asesinatos, donde sí incluyen la muerte de estudiantes y un profesor en “La Matanza de la Cantuta”, y la feroz masacre de quince personas (incluyendo un niño de ocho años) en “La Matanza de Barrios Altos”, entre otras acciones.

Por todo esto, al ex dictador lo condenaron a la pena más alta, la cual obviamente es la última de las causas citadas ya que en el Perú las condenas no son acumulables: veinticinco años de cárcel (en total deberían haber sido más de cincuenta años tras las rejas si se acumularan los años).

Esa colección de delitos son minimizados por el Presidente Kuzynsky, para aminorar el mar de críticas que despierta su decisión. Fujimori hace lo propio, y en lugar de pedir disculpas por sus crímenes (algo que se le demanda desde hace años), cuando se entera del indulto otorgado por PPK, declara ante los medios que pide perdón a todos aquellos a quienes “hubiera defraudado” durante su gobierno. Ni mención ni referencia los muertos o a los crímenes que la justicia le adjudica.

Kuczynsky afronta ahora un escenario sin aliados, con parte de su gabinete presentándole la renuncia (incluyendo el ministro de Cultura y el de Interior), así como el alejamiento de importantes legisladores y consejeros. Las víctimas de la represión fujimorista se activaron inmediatamente apenas se conoció el indulto, así como las organizaciones de Derechos Humanos y varias instituciones sociales. La condena internacional tampoco se hizo esperar, y las críticas de medios y académicos de todo el mundo llovieron sobre la presidencia. 

Se habla de una clara “fuji-dependencia” del gobierno, y lo atada que queda la gestión de PPK a los vaivenes de la interna entre el “keikismo” de choque, y el fujimorismo de negociación de Kenji. Pero lo peor es el reverdecer de la “grieta” peruana, es decir la polarización en torno a la figura del jefe, entre quienes lo aman y lo quieren libre (¿y activo?), y quienes lo odian y lo quieren en el encierro definitivo.

Para Kuczynsky las atrocidades de Fujimori son errores, y las masacres son excesos. Un soborno de varios millones de dólares, siendo Ministro, y por parte de la misma empresa que condenó a la fuga a su ex líder Alejandro Toledo, es un “olvido”. Las acusaciones de servir a los intereses extranjeros mientras es funcionario público es pura mitología. Indultar a un asesino acusado de genocidio es un “acto humanitario”, y traicionar a sus bases políticas y a sus equipos es un “reordenamiento” en búsqueda de consenso, la creación de un gobierno “de reconciliación”.

Aunque el presidente pueda cambiarle el sentido a los hechos, veremos si la realidad puede aflorar en esa maraña de excusas.


Fuente: Pensar al Sur