28 de diciembre de 2017

CHILE. EL TRIUNFO DE PIÑERA: CHILEZUELA Y LA POST VERDAD

En la recta final de esta campaña electoral, el candidato conservador optó por la estrategia del miedo. Repitieron hasta la saciedad que el triunfo de Alejandro Guillier llevaría a Chile por el camino de Venezuela. Guillier era Chilezuela. Crearon incluso un hashtag con esta palabra que dio lugar a memes y campañas de todo tipo.

“¡Chile se salvó, Chile se salvó!”, gritaron los  partidarios que se apostaron a celebrar el nuevo triunfo del magnate.

 


Por Jorge Armas. Pensar al Sur

La pelea entre el futuro gobierno y la oposición será en el Congreso.

A pesar del rotundo triunfo obtenido en la segunda vuelta de la elección presidencial chilena, Sebastián Piñera tendrá que pactar las reformas de su futuro gobierno con la oposición, toda vez que la coalición de derechas que le apoya carece de mayoría absoluta en el futuro Parlamento.

El 11 de marzo del próximo año, Piñera será investido presidente de la República por segunda vez, tras un primer mandato en el período 2010-2014.

Su arrolladora victoria, se debió a que en la segunda vuelta votaron 300.000 electores más que en la primera, celebrada el pasado 19 de noviembre, en la que el abanderado de Chile Vamos sumó 36,6%.

Sin embargo, Piñera no cuenta con mayoría ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado, una circunstancia que dificultará que lleve adelante su programa de Gobierno y le obligará a buscar alianzas con partidos más moderados y de centro como, por ejemplo, la Democracia Cristiana.

Como novedad, estas elecciones parlamentarias, dejaron atrás el sistema binominal para dar paso a uno proporcional.

Esto permitió la irrupción de una nueva coalición de izquierda, el Frente Amplio, alianza que busca diferenciarse de los gobiernos de centroizquierda de la Concertación y Nueva Mayoría, para transformarse en una alternativa de la izquierda chilena mucho más radical en sus planteamientos.

"Estamos cambiando el mapa político de Chile". La frase fue una de las que marcó el discurso que dió Beatriz Sánchez tras las elecciones presidenciales, donde si bien quedó fuera de la segunda vuelta, lo hizo por una escasa diferencia con Alejandro Guillier. 

Ni en el mejor pronóstico el Frente Amplio lograba la representación parlamentaria obtenida este 19 de noviembre. El nuevo referente político logró 20 diputados y un senador, lo que lo consolida como la tercera fuerza política en Chile. 

Por un lado, en la Cámara Alta, la coalición del presidente electo contará con 20 senadores y no alcanzará la mayoría, ya que los demás partidos suman un total de 23 escaños.

Pero  la oposición, fragmentada y aún en shock tras el resultado, tendrá el desafío de actuar en bloque, situación que  se ve complicada, considerando que la Democracia Cristiana tiene seis senadores y su posición dentro de la Nueva Mayoría está muy debilitada.

En tanto, en la Cámara de Diputados ha quedado formada por 73 diputados de la alianza conservadora Chile Vamos, frente a un bloque opositor integrado por 82 diputados en el que la Democracia Cristiana deberá decidir si sigue apoyando a fuerzas situadas a su izquierda u opta por un camino propio hacia el centro político.

Piñera ha anunciado que, en su segundo mandato, buscará revertir o modificar algunos aspectos de las reformas promulgadas por la administración Bachelet en materia tributaria y educativa y en la ley del aborto.

Con un programa que prevé un gasto de 14.000 millones de dólares y que ha sido criticado por adelantar recortes en algunos programas sociales que no han sido especificados, el presidente electo asegura que recuperará el liderazgo y la capacidad de crecimiento del país, impulsará la creación de empleos de calidad y reducirá la pobreza y la desigualdad.

Las expectativas de un cambio político han desatado el optimismo de los inversores. Los mercados reaccionaron a su triunfo con una fuerte subida de la Bolsa –casi 7%- y la abrupta caída del dólar en relación con el peso chileno.

Repitiendo la idea de la campaña de 2009 de "sacar a Chile del estancamiento", Sebastián Piñera ha prometido bajar el impuesto a las empresas, manteniendo la carga tributaria, con el objetivo de reactivar la economía y la creación de empleos, aspectos ambos que se han visto afectados durante el actual Gobierno.

Si en la primera vuelta Piñera sacó diez puntos menos de lo que indicaban las encuestas y el Frente Amplio —coalición de izquierda nacida al alero del movimiento estudiantil de 2011— duplicó la votación presupuestada, en el balotaje ocurrió justo lo contrario: Piñera obtuvo un 54,57 por ciento de las preferencias, cuando se daba por hecho que esta carrera concluiría con fallo fotográfico.

Entre la primera y la segunda vuelta, Piñera logró aumentar su votación en casi 1,4 millones de votos.

Voto pragmático

“La gente que fue a votar y definió la elección, no es un voto ideológico por derecha o por izquierda. Fue un voto muy pragmático. Votaron por quien les daban a ellos más certidumbres” afirman algunos analistas.

Piñera, que gobernó Chile entre 2010 y 2014, logró captar el voto más descontento de la marcha de las reformas sociales instauradas por Bachelet y temeroso de una giro más radical hacia la izquierda. Ganó en 13 de las 15 regiones de Chile, incluida Antofagasta, la ciudad de la que Guillier es senador.

Cuando, en los albores de la primera vuelta, todo indicaba que la derecha se consolidaría de manera incontrastable, la ciudadanía le dio un apoyo inesperado a la periodista Beatriz Sánchez, la candidata del Frente Amplio, el rostro más novedoso de la elección, promotora de transformaciones profundas al modelo neoliberal.

Tras más de 10 días de reflexión el Frente Amplio tomó, en su momento, una decisión de cara a la segunda vuelta electoral: no apoyar directamente a Alejandro Guillier,  por sus “ambigüedades” en temas que consideran fundamentales.

Sin citar en ningún momento a Guillier, el Frente Amplio pidió mayor “claridad” a la Nueva Mayoría en algunas medidas que tiene pensado impulsar.

Entre ellas, Sánchez citó las siguientes: “la ciudadanía necesita mayor claridad de la Nueva Mayoría respecto a si se eliminarán las AFP (Fondos Privados de Pensiones), si se asegurará la educación de calidad sin deuda ni lucro y si se democratizará efectivamente el país con asamblea constituyente y la  justicia tributaria”.

En consecuencia, el Frente Amplio se limitó a hacer un llamamiento a sus seguidores a “participar de la política” votando el 17 de diciembre. Un aspecto relevante ya que en la primera vuelta la abstención fue de 53%.

En algún sentido, el Frente Amplio apuesta a “crecimos mucho como fuerza, hicimos una excelente elección, Piñera es presidente, pero en cuatro años tenemos una buena opción de hacernos con la Presidencia’”.

El FA surgió como una alternativa bien diferenciada y en oposición a la izquierda tradicional, estratégicamente lo más conveniente para el partido de Sánchez era pasar directamente a la oposición y apostar por ser una alternativa de poder en cuatro años.

Guillier también emitió juicios duros contra ellos: “si de verdad quieren pasar de lo testimonial a ofrecer una gobernabilidad a Chile, tienen que madurar mucho”. Unas palabras que molestaron al Frente Amplio, que pidió “inteligencia en el debate” y que se les trate “con respeto”.

Apenas pasadas las 19:30h del día de la segunda vuelta Guillier reconoció la derrota. Felicitó a Piñera “por su impecable y macizo triunfo”. Minutos más tarde aparecieron en la pantalla de la televisión divida en dos, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera hablando por teléfono. Ella le deseó sus parabienes y él le pidió contar con sus consejos cuando la sucediera.

La jornada electoral terminó así con una velocidad, civismo y calma impropias de una nación latinoamericana. Aunque algunos hubieran preferido que no fuera de este modo, Chile ratificaba su condición de país “aburridísimo” en la región. Ambos presidentes desayunaban el lunes siguiente de las elecciones en la casa del multimillonario, cumpliendo con un ritual oligárquico-republicano anclado en el país.

De formas aburridas, pero en el fondo inquietante. En apenas un mes, los chilenos se encargaron de contradecir dos veces los pronósticos y apreciaciones que sobre ellos esgrimían sus dirigentes, intelectuales y medios de comunicación.

Esa votación dejó fuera del parlamento a prácticamente todos los candidatos de la vieja guardia. De estos rostros que se venían viendo desde comienzos de la transición sobrevivieron apenas dos —Isabel Allende y José Miguel Insulza— y el resto fueron desplazados por jóvenes a los que esa generación apenas conoce de nombre.

Otra curiosidad. Los analistas venían repitiendo hasta el cansancio que si aumentaban los votantes en la segunda vuelta (algo que pocos consideraban posible), mejoraban ostensiblemente las posibilidades de éxito para Guillier. Pues bien, votaron 300.000 más y sucedió exactamente lo opuesto.

Todo indica que la comunicación entre las elites políticas y culturales, y aquellos a quienes pretenden representar, se halla muy estropeada. Es de suponer que la decadencia de los partidos políticos, de los sindicatos y de los dirigentes comunitarios tengan algo que ver en esta dispersión social. Hoy las mayorías se relacionan con el resto desde la soledad de sus pantallas y redes sociales sin la necesidad de mediadores que aglutinen, traduzcan y faciliten la interlocución.

El resultado es un desorden ideológico inaudito. Calculadora en mano, por ejemplo, es muy difícil no concluir que una parte pequeña pero significativa de los votantes de la izquierdista Beatriz Sánchez optaron en la segunda vuelta por el derechista Sebastián Piñera.

El peligro de Chilezuela

En la recta final de esta campaña electoral, el candidato conservador optó por la estrategia del miedo. Repitieron hasta la saciedad que el triunfo de Alejandro Guillier llevaría a Chile por el camino de Venezuela. Guillier era Chilezuela. Crearon incluso un hashtag con esta palabra que dio lugar a memes y campañas de todo tipo.

El mundo de Guillier, por su parte, intentó reunirse en torno al lema “Todos contra Piñera”, como si Piñera fuera un monstruo reaccionario. Si nos atenemos a los resultados, habría que inferir que la  campaña fue más efectiva con el terror a Maduro.

“¡Chile se salvó, Chile se salvó!”, gritaron los  partidarios que se apostaron a celebrar el nuevo triunfo del magnate, con una fortuna valorada en 2.700 millones por la revista Forbes y que prometió convertir a Chile en un país desarrollado en 2025.

En América del Sur el kirchnerismo fue derrotado en Argentina por Mauricio Macri hace justo dos años, después de más de una década en el poder.

Apenas dos semanas después ,en diciembre de 2015 , la oposición venezolana ganó las elecciones legislativas.

Asimismo, en febrero de 2016, Evo Morales perdió el referéndum en el que se preguntaba a los bolivianos si querían permitir un cuarto mandato del mismo presidente.

Cuatro meses después, el ex ejecutivo del Banco Mundial Pedro Pablo Kuczynski ganó las elecciones presidenciales en Perú tras imponerse a Keiko Fujimori. Y en septiembre de ese mismo año, la órbita de la “década ganada” amplió la lista de reveses con la destitución de Dilma Rousseff en Brasil y la “oscura llegada” de Michel Temer.

En Ecuador, que se unió a la órbita de los países afines al proyecto chavista en 2007, con la llegada de Rafael Correa a la Presidencia, las cosas han cambiado. El nuevo presidente, el oficialista Lenín Moreno, ha evitado apoyar de manera abierta a Maduro. De hecho, calificó de “preocupante” la situación de Venezuela.

Piñera fue “uno de los personajes internacionales” más severos contra Maduro al hablar de dictadura y señalar violaciones de los derechos humanos que estarían ocurriendo en Venezuela.

Por eso, un triunfo final de Piñera eleva la presión sobre Maduro. El expresidente se sumaría al eje derechista que forman Macri y al herido Kuczynski, muy combativos con el mandatario venezolano.

Todo esto, como es casi una obviedad, se presenta como un plan a nivel de detalle para homogenizar la región en torno a las políticas globalizadoras  que desde hace  casi medio siglo estan tratando de "quedarse" con el poder político, el modelo cultural,  los recursos y las finanzas de nuestros pueblos, para lo cual se proponen el desarme de los estados nacionales que fueron conformandose a partir de los viejos procesos independentistas.

Y todo ello teniendo en cuenta que 2018 será un año nuevamente intenso en cuanto a citas electorales en América Latina. México, Brasil, Colombia, Venezuela y Paraguay elegirán presidente.

 

 


Fuente: Pensar al Sur