01 de febrero de 2018

NACE EL SHENGEN DE LA DEFENSA


La Unión Europea ha dado el paso más importante en el ámbito de la defensa y la seguridad colectiva en décadas tras el lanzamiento en Bruselas de la Cooperación Estructurada Permanente en materia militar (Pesco) realizada por los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa de 23 de sus 27 países miembros.

Los 23 reforzarán e integrarán las labores defensivas en momentos en los que Europa vive su mayor crisis de seguridad exterior desde el fin de la guerra fría. La anexión rusa de Crimea, las críticas de Donald Trump a la OTAN y el Brexit –que ha permitido a la UE desembarazarse del lastre de las reticencias de Londres a esquemas militares ajenos a la Alianza Atlántica– han acabado con las dilaciones europeas.

Los primeros proyectos de la Pesco se aprobarán en diciembre, entre ellos la creación de un comando sanitario europeo y varios centros de conexión logística para el transporte de tropas y equipamiento. Los objetivos primordiales son reducir la dependencia militar de EEUU y hacer viables proyectos militares comunes como el desarrollo de una nueva generación de tanques mediante la creación de consorcios europeos y economías de escala.

El gasto europeo en defensa está poco coordinado. Los países de la UE operan con 127 sistemas de armamento diferentes, frente a los 27 de EEUU. En la actualidad, la Fuerza Aérea de EEUU tiene un solo cazabombardero: el F-35. La Unión fabrica tres: el Rafale francés, el sueco Gripen y el Eurofighter de Airbus.

El Pentágono usa solo un tanque, el M1 Abrams de General Dynamics, mientras que los europeos tienen 19 tipos distintos. La Comisión Europea estima que la unificación del mercado de la defensa supondría un ahorro conjunto inmediato de 26.400 millones de euros al año.

Con la Pesco, los países signatarios –excepto Dinamarca, Irlanda, Malta, Portugal y Reino Unido– han constituido una especie de tratado Schengen de la defensa. En sus inicios, el proyecto europeo ya planteó un pilar defensivo, pero las reticencias de París bloquearon su desarrollo. Sin embargo, con Emmanuel Macron en El Elíseo, Francia lidera el proceso junto a Alemania, España e Italia. El ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, atribuye el cambio de actitud europeo al doble foco de desestabilización que suponen los atentados yihadistas y la agresividad rusa, que Moscú mostró sin tapujos en sus últimas maniobras militares Zapad 2017 (Occidente en ruso). Según la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, la elección de Trump tiene un mensaje claro para la UE: “Nadie va a resolver nuestros problemas de seguridad. Lo tenemos que hacer nosotros mismos”.

Aunque no se obliga a gastar un 2% del PIB en defensa, como recomienda la OTAN, la Pesco acepta que la inversión real en defensa –excluidos salarios militares o mantenimiento de infraestructuras– y el gasto en I+D debe equivaler a esa cifra. A diferencia del euro, la participación en la Pesco no exige requisitos, pero sí asumir 20 compromisos cuya aplicación evaluará periódicamente la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini.

Los proyectos multinacionales de defensa –con al menos tres empresas de dos o más países– podrán financiarse con cargo a un nuevo fondo europeo. Los 23 se comprometen además a aportar efectivos a las Fuerzas de Reacción Rápida de la UE (Battlegroups) creadas en 2007, pero que hasta ahora no han entrado en acción. El texto aclara que no se pretende crear una fuerza de acción rápida como la de la OTAN. El propio secretario general, Jens Stoltenberg, declaró en su momento que el proyecto es “bueno para Europa, pero también para la Alianza” por su carácter complementario. La organización ha aprobado la creación de dos nuevos mandos regionales –el logístico, por el que pugnan Alemania y Polonia, y el atlántico, por el que lo hacen España, Francia y Portugal, además de EEUU– con lo que suman nueve.

En junio, la Comisión Europea presentó un plan para financiar la I+D en drones, aviones cisterna, satélites y armas cibernéticas, muy costoso para un solo Estado. Según esa propuesta, la Comisión aportará 1.000 millones de euros anuales, un 20% del total, una suma que debería alcanzar los 5.000 millones y asimismo espera que en 2018 se financien proyectos.


Fuente: ISPE Politica Exterior