05 de octubre de 2017

BOLIVIA, EL SOCIALISMO MÁS EXITOSO

El triunfo de la Alianza Cambiemos en las elecciones presidenciales de fines del 2015 en Argentina, abrió el camino para la poco transparente destitución de Dilma Roussef en Brasil.  A partir de esos dos eventos, la prensa de la región se dedicó a denostar, muchas veces dejando de lado la rigurosidad con que el periodismo debiera informar, a los gobiernos populares que lideraron América del Sur durante buena parte de los últimos quince años.

Poco se dice de los éxitos que exhibe con humildad, pero con justificado orgullo el gobierno de Evo Morales en Bolivia. Ignorado por la opinión pública de nuestro país, es muchas veces citado positivamente por Organismos Financieros internacionales.

Lys Maegi. Pensar al Sur.


Informe Semanal de Estudios de Política Exterior.

 

Aunque Nicolás Maduro atribuya la crisis económica venezolana a una supuesta “guerra económica” del imperialismo y la “oligarquía parasitaria”, Donald Trump en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas hizo un diagnóstico alternativo: el problema en Venezuela no es que el socialismo haya sido mal implementado sino que ha sido “totalmente implementado”.

¿Quién tiene la razón? La respuesta está en uno de los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), creada por Hugo Chávez para defender el “socialismo del siglo XXI”: Bolivia, el país que con mayor ortodoxia y prudencia ha manejado su economía pese a la retórica radical de su presidente, Evo Morales.

Y quien lo confirma es el propio Fondo Monetario Internacional (FMI). En el informe “Bolivia: preservando los avances”, su autora, Nicole Laframboise, califica de “notable” la evolución económica boliviana desde 2006.

Si bien reconoce que los progresos –que han triplicado el PIB en una década– se deben sobre todo al prolongado auge de los precios del gas, el informe insiste en que los frutos del boom se habrían desperdiciado de no haber sido por “sólidas” políticas macroeconómicas al servicio de objetivos sociales. Esa suma de factores coadyuvaron a mantener altas tasas de crecimiento, acumular abundantes reservas internacionales y a reducir la pobreza y la desigualdad.

El auge de las materias primas generó en Bolivia un círculo virtuoso en el que los mayores ingresos de la energía, la minería y la agricultura aumentaron la recaudación del Estado, que pudo así financiar el gasto social y la inversión pública.

En 2000, los indicadores de desarrollo humano del país eran similares a los de Haití. Pero entre 2004 y 2014 el coeficiente Gini cayó de 0,59 a 0,48, con lo que Bolivia dejó de ser el país suramericano con mayor desigualdad para situarse en la media regional. El desafío para La Paz, subraya el FMI, es adaptar el modelo a la “nueva normalidad” de materias primas más baratas, sin renunciar a su meta de erradicar la pobreza extrema y dar acceso universal a la salud y la educación en 2025. No es un objetivo inalcanzable.

El artífice del “milagro boliviano”, que ha reducido la pobreza del 51 al 27%, fue el exministro de Economía, Luis Arce Catacora, que renunció el 24 de junio por problemas de salud. Nombrado como mejor ministro de Economía de la región en 2014 por la revista América Economía, Arce fue el ministro indispensable de Morales y el responsable de que ese mismo año Financial Times denominara a Morales “el socialista más exitoso del mundo”. Arce y su sucesor, Mario Guillén, son los líderes del grupo Chuquiago boys –más keynesianos que marxistas– defendiendo que el uso responsable de la macro­economía es una condición indispensable para aplicar cualquier programa de transformación social y política. Arce y su equipo ahorraron una parte considerable de las ganancias extra­ordinarias (windfall) y mantuvieron superávit fiscales sostenidos hasta 2014.

La dolarización agudizaba la vulnerabilidad económica. Pero los préstamos en moneda extranjera han caído del 95% en 2004 al 3% en 2016, mientras que los depósitos en moneda extranjera han bajado del 87 al 16%.

El FMI advierte que la expansión fiscal reduce con rapidez las reservas y aumenta el déficit. El gobierno dice ser consciente de esos riesgos pero espera que sus proyectos de inversión en la explotación e industrialización de urea y litio aseguren el crecimiento y la sostenibilidad fiscal a largo plazo. La economía en el primer trimestre creció un 3,34%.

Los problemas son políticos sobre todo si Morales se empeña en ser reelegido de nuevo, posibilidad que la Constitución de 2009 prohíbe y que fue rechazada por los bolivianos en referéndum en 2016. El oficialista MAS ha pedido al Tribunal Constitucional declarar “inaplicables” cuatro artículos de la Constitución para permitirlo. Si el Tribunal le da la razón, nueve jueces sustituirán la soberanía popular, lo que creará una inestabilidad institucional que podría acabar con el “milagro boliviano”.


Fuente: Estudios de Política Exterior