07 de septiembre de 2017

¿ES POSIBLE LA ECONOMÍA QUE PROPONE FRANCISCO PARA EL MUNDO? APORTES PARA UN PENSAMIENTO ECONÓMICO QUE SITÚE A LAS “3T” EN EL CENTRO

No podríamos decir que existe, como tal, una propuesta integral del Papa Francisco en cuanto a economía para el mundo en este siglo XXI. Lo que ha dejado muy en claro es que “esta economía mata” pero en su pensamiento subyacen un conjunto de ideas de cómo piensa y como debiera ser esta nueva economía que permita el acceso a la Tierra, al Techo y al Trabajo . 


Por Walter Romero - Economista. Profesor de Economía General, UNDAV. Argentina 

Revista Hechos e Ideas 

1. Introducción

No podríamos decir que existe, como tal, una propuesta integral del Santo Padre en cuanto a Economía para el mundo en este siglo XXI. Lo que ha dejado muy en claro es que “esta economía mata”(1) .

Subyacen, al respecto, un conjunto de ideas de cómo piensa, desde su condición de líder universal, que debiera ser esta nueva economía que permita el acceso a la Tierra, al Techo y al Trabajo a todos los habitantes de un “mundo poliédrico” como resultado de construir un modelo que sea justo, inclusivo y sustentable. Una pista más (o mejor dicho un marco y una exigencia) sin dudas nos la dio, y referida nada menos que a América Latina, en ocasión de la homilía durante la Ceremonia Eucarística de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de diciembre de 2014, en Roma, donde Su Santidad dijo: “El “Magníficat” nos introduce en las ´bienaventuranzas´, síntesis primordial del mensaje evangélico.

A su luz, nos sentimos movidos a pedir que el futuro de América Latina sea forjado por los pobres y los que sufren, por los humildes, por los que tienen hambre y sed de justicia, por los compasivos, por los de corazón limpio, por los que trabajan por la paz, por los perseguidos a causa del nombre de Cristo, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. “Y hacemos esta petición porque América Latina es ´el continente de la esperanza´ porque de ella se esperan nuevos(2) modelos de desarrollo que conjuguen tradición cristiana y progreso civil, justicia y equidad con reconciliación, desarrollo científico y tecnológico con sabiduría humana, sufrimiento fecundo con alegría esperanzadora.

Sólo es posible custodiar esa esperanza con grandes dosis de verdad y amor, fundamentos de toda la realidad, motores revolucionarios de auténtica vida nueva”. Piensa en modelos de desarrollo, que abarquen lo económico, donde se conjuguen, donde se resuelvan “terceristamente”, las dicotomías ínsitas en la convocatoria: - tradición cristiana con progreso civil; - justicia y equidad con reconciliación; - desarrollo científico y tecnológico con sabiduría humana; y - sufrimiento fecundo con alegría esperanzadora.

Expresado el marco, que encierra una exigencia y una convocatoria a pensar desde América Latina los nuevos modelos, se trata, para nosotros, de estar a la altura de las circunstancias. Hablar de una nueva economía requiere alguna claridad con respecto al cuadro de situación universal desde el cual se parte, por ello resulta imprescindible incorporar los conceptos de “guerra en cuotas” y de “terrorismo del dinero” vertidos por Francisco en el vuelo de Roma a Cracovia - julio 2016 - y ante los Movimientos Populares en San Pedro (nov. 2016): “no es una guerra de religiones, es una guerra de intereses, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los pueblos. Pero no es una guerra de religiones, porque todas las religiones quieren paz”. Y “hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera”.

Los intereses corporativos por sobre los sociales, el dinero como herramienta generadora de nueva esclavitud, los recursos naturales como botín de guerra. Son conceptos a reconocer, primero, para poder superarlos luego, en el diseño(3) de la nueva economía que se debe proponer desde América Latina.

2. Dos aportes del Pensamiento Económico Latinoamericano.

Vayamos, sintéticamente, al aporte de dos economistas rioplatenses que, aunque no nacieron aquí, pensaron desde aquí: Silvio Gesell (citado por Keynes en su Teoría General…)(2) y Mauricio Prelooker(3). Y concedamos a sus conceptos, momentáneamente, tanto el carácter de originales como el de sujetos a discusión.

Ambos veían en la moneda la madre del problema del capitalismo (hoy más claramente en su mutación hacia el “financierismo”). Pues esta solo favorece a los que acumulan dinero (la usura) y ahogan al resto de la sociedad. Esta visión de la moneda se origina en su cualidad de servir, al mismo tiempo, de unidad de cuenta, objeto de transacción y depósito de valor (y, por ende, objeto de atesoramiento). En consecuencia, proponían la creación de una moneda solo apta para el trueque y, en líneas generales, argumentaban en favor de la necesidad de que los bancos centrales emitieran moneda sin interés, inconvertible (en metálico o divisas) que solo sirviese como medio de pago entre la producción y el consumo y entre el empleado y el empleador.

Con mayor disponibilidad de este dinero, trabajo mediante, aumentaría necesariamente la producción y el consumo, bajaría el desempleo, aumentaría la capacidad adquisitiva de la población y se incrementaría la inversión pues no habría especulación posible ni usura con esta moneda. La autoridad monetaria oficial regularía la cantidad de dinero. Emitiendo cuando se necesitara expandir la actividad económica para enfrentar las fases recesivas de los ciclos; o, a la inversa, “incineraría” los billetes excedentes cuando la posibilidad de inflación, por expectativas, amenace el sistema de precios. Prelooker, con antelación a la implosión que produjo la convertibilidad en la Argentina, proponía la creación de una segunda moneda, solo aplicable a las transacciones, que conviviera con el peso convertible al dólar.

El Patacón, sucedáneo e inicio de la salida de nuestra mayor crisis, se inspiró en estos conceptos. Pues bien, la actualización de este pensamiento es realmente difícil. La primera consideración que surge es que siendo el dinero tradicional el único elemento, en cuanto a valor, con que cuenta el trabajador como retribución a su trabajo ¿le vamos a sacar su posibilidad de ahorro y propiciar el exceso de consumo?

Creemos que hay respuesta (tal vez pueda resolverse con un mix de monedas o una participación en el capital) pero no vamos a desarrollar el tema en este artículo. La segunda consideración es que implementar esto hoy, nos liberaría de la esclavitud a la que nos someten las divisas de circulación global (en Argentina el dólar estadounidense).

Pero, para implementarlo se requeriría una fuerte base de sustentación, al menos continental, donde las transacciones se realicen en monedas propias, como ya ocurre con el SUCRE y está aprobado entre los países del MERCOSUR. Esto significaría un menoscabo para la corporación de los dueños del dinero, que concentran el equivalente a diez veces el PBI planetario(4) .

Es decir, habría que aplicarlo desde una posición de fuerza de las Naciones de América del Sur y tal vez de América Latina, si México sale del NAFTA. En los años transcurridos desde que se expresaron las teorías de Gesell y Prelooker, hubo muchos debates entre economistas y hasta sanas discusiones académicas; pero hoy sostenerlas puede convertirse en objeto de ridiculización, menosprecio intelectual y hasta sanción, por el aparato de difusión que reporta a algunos de los contendientes de la “guerra en cuotas” o de los “Intelectuales orgánicos” de la “dictadura del dinero”(5).

Aquellos que necesitan la plena vigencia del valor de la moneda actual, ya sea para la usura o como insumo que financie sus objetivos de dominio físico y territorial.

3. Estado vs. Mercado, controversia insuficiente.

Veamos otro aspecto: la antiquísima controversia en la teoría económica entre Estado y Mercado resulta hoy insuficiente para explicar la realidad del mundo globalizado, en el cual al Estado y al Mercado debe agregarse la poderosa acción de las corporaciones transnacionales de índole financiera, del tráfico de armas, del narcotráfico, de la trata de personas y las corporaciones que explotan los combustibles fósiles (por nombrar solo algunas de las mas identificables).

Ni el Estado puede regularlas; ni los mercados significan espacios eficientes para definir precios, salarios y cantidades; ante la magnitud de los flujos (de toda índole) que son capaces de poner en escena. Poco queda del capitalismo que conocimos y a su nueva manifestación (más cercana a lo financiero que al capital productivo) parece muy difícil persuadirla de lo bueno que sería aplicar algo de sus inmensas rentas a la seguridad alimentaria mundial. Ha desaparecido de sus planes la inversión en emprendimientos que creen trabajo. ¿Para qué realizarlos? si las grandes ganancias, hoy se han despegado por completo de la lógica Capital, Trabajo, Producción.

4. ¿Cómo, entonces, se afianzaría una política económica de los Pueblos frente a este poderosísimo sistema que plantea objetivos antagónicos?

El Continentalismo, de base popular/comunitaria (agotada la etapa en que se lo buscó desde los gobiernos) pareciera una instancia imprescindible. Es el “Estado Continental Industrial” cuya construcción comenzó a desarrollar Perón(6).

La proyección planetaria, paso siguiente, trae a nuestra memoria un reclamo de Benedicto XVI en “Caritas in Veritate”(5) : “Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común”.

5. Elementos para un nuevo “Modelo”.

Se acusa a los economistas (y quizá con razón) del uso abusivo de los supuestos. El razonamiento que sigue no apunta a la necesidad de aislar variables. Queremos, en la certeza del cambio civilizatorio, discernir dónde construimos la montura que permita “cabalgar la historia” como nos recomendara el General Perón(6) .

Dicho esto, supongamos: que el continentalismo, de base popular/comunitaria, en América Latina avanza; que la autoridad política mundial se está gestando (con un actor central, Francisco); y que la propia y perversa  lógica de crecimiento de las corporaciones las lleva, necesariamente, a implosionar en su devenir histórico.(7).

Para decir buscando la “salida tercerista”(7) bien podríamos intentar un “prototipo” de modelo socio económico (justo, inclusivo y sustentable) apto para el acceso a la tierra, al techo y al trabajo por parte de todos los habitantes del mundo poliédrico; primero en nuestra Patria pero en alta correlación con el Continente, y que éste debiera, necesariamente, ser: abierto;  integrado al mundo, desde la parte que somos; oferente (anclado para ello en lógicas de discernimiento y utilización de las ventajas comparativas);  con productividad creciente de todos los factores; redistributivo del ingreso y generador permanente de trabajo (en la forma que nos guste categorizarlo).

Debiéramos agregar que ello requiere de una solida construcción comunitaria; de la existencia de una moneda solo apta para las transacciones y sin valor especulativo alguno (conviviendo necesariamente con las otras); de nuevas relaciones laborales; de nueva conciencia empresarial y -de Estados capaces de discernir cuáles bienes públicos (además de aquellos a cuya prestación están obligados) deben brindar para este logro y cómo financiarlos sin exacción alguna a la comunidad, de la cual se nutren y a la cual sirven.

6. Epílogo y propuesta

Esta propuesta de líneas que debiera contener un “modelo”, apenas tituladas, requiere de muchos aportes para completar su contenido y superar las dicotomías que sin dudas encierra pero, seguramente, no es utópico. ¿Cómo habría de serlo? si se trata de producir y distribuir alimentos para el consumo de 7.000 millones de habitantes que posee el mundo poliédrico, además de instaurar la seguridad social (abarcativa de la salud), generar la infraestructura básica y las viviendas para 2.000 millones de familias; poner en aptitud la tierra para que pueda sostener, en el tiempo, estas dos iniciativas y; además y entre otros trabajos concomitantes y complementarios (como el de generar la energía a aplicar a estos fines) reparar el daño ambiental producido en 200 años de degradación negligente de la Casa Común. ¿Puede faltar trabajo, pese al avance que la tecnología hoy hace a sus expensas? Dada la condición de “Tribuna del Pensamiento Nacional y Latinoamericano” de nuestra revista, proponemos este espacio para la discusión, el aporte y consecuente planificación para la acción; respecto a lo aquí planteado. 

1 Tornelli, Andrea y Galeazzi, Giacomo; Papa Francisco: Esta economía mata. El Capitalismo y la Justicia Social, Palabra, Madrid, 2015

2 Fernández Louge, Carlos (2014), Keynes & Gesell ¿Nuevo paradigma? Errepar, Buenos Aires, Argentina. 

3 Prelooker, Mauricio (1996), La economía del desastre; Grupo Editor del Encuentro, Buenos Aires, Argentina.

4 Ugarteche, Oscar (2013), La gran Mutación, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

5 Benedicto XVI (2009), Carta encíclica Caritas in veritate, parágrafo 67

 6 Perón, Juan Domingo (2016), Discurso en el Centro Cultural San Martín el 19/4/74, Hechos e Ideas nos. 1 y 2, Cuarta Época, Buenos Aires, Argentina.

 7 Richmond, Leonardo T. (1950), La tercera posición Argentina, Acme Agency, Buenos Aires, Argentina

 

Hechos e Ideas, Numero 3, Cuarta Época.


Fuente: Hechos e Ideas