24 de agosto de 2017

ARGENTINA Y LA SOMBRA DE CAÍN

En la afirmación del poema nacional argentino, Martín Fierro, "los hermanos sean unidos por que esa es la ley primera, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera" va implícito aquel viejo símbolo bíblico de Caín y Abel. Pareciera ser que en la Argentina actual los poderes hegemónicos quieren promover mediante lo que llaman "la brecha"  la tragedia explícita en la enseñanza del Libro que alimenta la fe y las culturas de las grandes religiones monoteístas. El autor en referencia a la paradoja bíblica reflexiona sobre el posicionamiento real de la sociedad argentina, sus posibilidades y proyecciones.


Por Jorge Armas -Pensar al Sur

 

Relatan muchos especialistas que el asesinato de Abel por parte de su hermano Caín, comentado a inicios de la Biblia en el Génesis, representa simbólicamente el enfrentamiento que se produce entre el naciente mundo agrícola y las viejas comunidades pastoriles.

Es decir que allá por los inicios del Neolítico, Caín, el agricultor con vocación urbana, en sus ansias de incrementar su producción, dominio y expansión, decide matar a su hermano Abel, el pastor, que por las características de sus labores ancestrales recorría vastos espacios en búsqueda de la mejor alimentación de sus ganados para poder mantener a su clan.

Ante el requerimiento de Dios para saber dónde estaba Abel; Caín  le contestó ¿Acaso es mi obligación cuidar de mi hermano? Dios entonces lo echó de esas tierras y Caín en la lejanía fundó una ciudad – Henoc igual que el nombre de su primer  hijo- que representa al hombre agrícola ya transformado en urbano.

La aberrante opción de Caín fue para evitar el encuentro con Abel que les permitiera  compartir y buscar un camino en común en el cual cada uno continuara realizando su actividad, manteniendo su forma de vida específica y formar una comunidad solidaria.

Este símbolo forma parte cosubstancial  en todas las culturas “hijas del Libro” que conlleva una enseñanza central: lo ilimitado de la ambición de poder y dominio.

Por cierto, Caín no es un nombre que alguien en su sano juicio pondría a alguno de sus vástagos.

En otro orden,  el “complejo de Caín” es ampliamente conocido por psiquiatras y psicólogos en la relación entre hermanos dentro de la misma familia.

Podemos además  observar también la acción de esta enseñanza bíblica en la vida colectiva de los pueblos.

Sin duda, Caín se encuentra en la base de toda guerra civil donde un sector quiere imponer por medios extremos su dominio exclusivo sometiendo a los otros.

Asimismo, la “sombra de Caín” se proyecta sobre los enfrentamientos que anidan en muchas comunidades nacionales donde el encuentro solidario se va escabullendo en los vericuetos generados por los "dominadores vocacionales" dentro del  proceso histórico.

En la Argentina de fines del siglo XIX plagada de enfrentamientos fratricidas: José Hernández, en el  Martín Fierro, escribe en uno de sus versos más fuertes, los peligros concretos de estas sombras: “los hermanos sean unidos, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.

Este verso citado por el Papa Francisco en su magistral discurso en las Naciones Unidas fue rotundamente aplaudido de pie por todos los miembros de la Asamblea General. Pareciera como si los representantes de los distintos países están realmente hartos de los Caínes con quienes les toca lidiar cotidianamente.

En los últimos años en Argentina fue apareciendo en los grandes medios de comunicación, casi a forma de consigna, la teoría de la “brecha” como el mal principal e irresoluble del país en estos albores del siglo XXI, provocada "naturalmente" por la "pesada herencia del gobierno anterior", que es el que le entregó el gobierno a Mauricio Macri.

Es más, la mayoría de estos medios bregaban y bregan  por la aparición de algún o algunos Caínes que se hiciera finalmente “cargo” de este problema. Por supuesto, lo que ocultan es que atrás de muchos de ellos están “los devoradores de afuera”.

Pero, sin duda, el problema de lo que ellos denominan “la brecha” – y esto lo saben bien- es en rigor de verdad, ópticas culturales distintas y muchas veces enfrentadas que se hallan presentes en el social argentino, al menos desde una parte del período virreinal, de forma especial luego de las Invasiones Inglesas, y que hará su primera eclosión después, en mayo de 1810.

Lo que podríamos llamar la Argentina por ese entonces, que fue construida a partir de una gran escisión territorial del entonces  Virreinato del Río de la Plata, comenzó a demostrar que en esta  nueva sociedad ya libre del Imperio Español convivían diversos modelos culturales que fueron siendo la raíz de visiones que conviven  –mal o bien - en el país de los argentinos desde aquellas épocas independentistas hasta el día de hoy.

Estas visiones se fueron dualizando durante el conjunto del proceso histórico de estos doscientos años.

Por un lado, un sector de la sociedad vinculada  básicamente a los negocios, el comercio, la educación, la administración pública y privada, y, sobre todo, poseedora de una inmensa admiración por la cultura burguesa europea con un fuerte sentimiento de formar la “parte selecta” y original del social nacional.  

Plenamente convencidos que eran y son los “reales” representantes de la Civilización por estas tierras y los llamados a gobernar sobre “los otros”.

Desde esta conciencia cultural son aliados casi  permanentes de las formas políticas y culturales que los  poderes hegemónicos occidentales van generando en los distintos momentos históricos.

Hoy el modelo hegemónico  prácticamente acusa a la Argentina de mantener una estructura social vieja e inútil. Nada demuestra mejor el plan alternativo sino se cumplen sus prescripciones que la presentación que hizo en Buenos Aires sobre el  modelo hegemonista para el siglo XXI el Presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim: "Los países deben preparar a su población para el futuro del trabajo, aquellos que no estén listos quedarán excluidos" o esta otra "La inteligencia artificial va a eliminar entre 50% y 65% de todos los trabajos existentes en los países en vías de desarrollo como la Argentina". Toda una definición cainista.

Kim realiza la primera visita de un Presidente del Banco Mundial a la Argentina en 25 años. Es decir, durante el gobierno de Carlos Menem, quien por aquellos tiempos anunciaba que a la "vieja Argentina había que hacerle una cirugía mayor sin anestesia", y lo hizo entregándole a "los de afuera" todo lo que requerían pues para eso teníamos "relaciones carnales". En qué condiciones dejó a la Argentina para inciar el nuevo siglo, quedó a la vista de todos, propios y extraños.

Con mucho beneplácito el Presidente Mauricio Macri y su gabinete recibieron y escucharon la exposición que les realizara el "cainita" Kim, con sus consejos y órdenes de marcha. 

Un buen número de los que conformaron este sector fueron y son descendientes de uno de los mayores experimentos sociales del Nuevo Mundo americano del siglo XIX: reemplazar la población originaria – el “otro”- por millones de inmigrantes europeos.

Por otro lado, este  “otro” estaba compuesto por los viejos  “habitantes de la tierra” a los cuales se fueron sumando los inmigrantes  europeos marginados, y con posterioridad el gran número de peruanos, bolivianos y paraguayos que con las sucesivas crisis de fines del Siglo XX se fueron incorporando a la vida nacional.

Hijos, igual que los “selectos” del gran mestizaje producido en el devenir del proceso histórico de conformación de la Argentina, fueron actuando como verdaderos “resistentes” culturales a los poderes hegemónicos de turno.

En este mestizaje biológico, político, cultural, religioso, económico y social, este “otro”, sin embargo, fue afirmándose en una fuerte identidad que estaba raigalmente vinculada a lo territorial, a la comunidad de pertenencia, con un fuerte sentido popular y con una implícita vocación latinoamericana.

Estos dos grandes  bloques histórico-culturales atraviesan el conjunto de la historia de la Argentina Moderna.

Es decir, que es incomprensible la Argentina sin esta dinámica social que es su pesada carga, pero también ha sido su posibilidad real de concreción histórica.

Caín y Abel están obviamente presentes activamente en la vida diaria de los argentinos, dos modelos culturales muchas veces profundamente antagónicos han sido a pesar de los propios actores miembros centrales y dinámicos de la historia nacional con todos sus avances y retrocesos, triunfos y derrotas.

Consciente de esta dinámica histórica en su regreso a la Argentina en 1973, el General Perón se encontró con muchos de sus viejos “enemigos”. Consideraba que estaban dadas las condiciones para poner en marcha una nueva etapa en la historia nacional mediante un proyecto que abarcara al conjunto de los argentinos para  que este dualismo que había caracterizado a gran parte de la historia nacional se transformara en el poder sinérgico que fuera capaz de poner a la Argentina como un actor importante de cara al Siglo XXI y un eficaz motor de la necesaria Unidad Latinoamericana, para lo cual usaba su permanente latiguillo, “el año 2000 nos encontrará unidos o dominados”.

La propuesta de Perón no era bajo ningún concepto un “acuerdo de gobernabilidad” entre políticos como fue el Pacto de la Moncloa en España, era un modelo de vida colectiva para el pueblo argentino.

En este sentido el 1 de mayo de 1974, en el Congreso de la Nación, propuso las líneas gruesas de un Modelo Argentino para el Proyecto Nacional que sería puesto en consideración a intelectuales, políticos, empresarios, trabajadores, religiosos, etc. para luego ponerlo  ad-referéndum popular, mediante el voto, porque en “una democracia se hace lo que el pueblo quiere”.

La muerte de Perón, el sangriento Proceso de Reorganización Nacional y los avatares de la política nacional impidieron concretar esta gran posibilidad que se abría.

Sin embargo, en la tremenda implosión que provocó la concreción del modelo neoliberal impuesto en los años noventa, el pueblo argentino actuó unido y de consuno en poner nuevamente en movimiento al país de los argentinos en los primeros pasos del siglo XXI. Se demostró en los hechos concretos que, mediante “la unión se rompía el peligro de caer en la dominación”

Por estos tiempos actuales, a mediados de la segunda década del siglo XXI, apareció con fuerza la “sombra de Caín”, promovida básicamente por los poderes mediáticos de la CORPO y acompañada casi descaradamente por parte importante de la Corporación Judicial, habida cuenta del “éxito” que van teniendo en la República Federativa de Brasil donde además se suma de forma decisiva el decadente y corrupto Poder Legislativo brasileño.

Esta última característica es la que marca la gran importancia que tienen las actuales elecciones legislativas que se están desarrollando en Argentina.

Obviamente, esta decisión fragmentaria y divisionista es acompañada y hasta dirigida “por los de afuera”: los activos miembros del “poder hegemónico mundial”, hoy debilitado pero buscando reafirmarse por estas tierras “sudacas”.

La “sombra de Caín” hoy se proyecta fuertemente sobre el horizonte argentino. Depende de sus habitantes el ahuyentarla y tratar de caminar hacia una cultura del encuentro.

El “exilio” del Papa Francisco de su propio país, siendo sin duda el argentino más importante de todos los tiempos, tiene que ver con la presencia de esta peligrosa “sombra”. Ni su ferviente cristianismo ni siquiera las lecturas de su amado Martin Fierro, lo llevan a participar de cualquier utilización facciosa de su persona.

No en vano el General José de San Martín, considerado por todos como el Padre de la Patria, resolvió en Montevideo, cuando estaba regresando a su tierra, volver sus pasos y regresar a Europa ante una situación más grave pero que portaba las mismas características.

La resolución de ahuyentar a "Caín y su sombra" sigue estando, como siempre, en manos de los argentinos o "los devorarán los de afuera".

 


Fuente: Pensar al Sur