27 de julio de 2017

DIÁLOGOS HOGAREÑOS: SI COPIAMOS ERRAMOS

Los diálogos hogareños son sin duda un elemento central en la formación cultural de nuestros pueblos latinoamericanos. El autor es lo que hace en este artículo: dialogar con sus hijos sobre la realidad. Ya hace 200 años el caraqueño Simón Rodríguez -compañero y "maestro" del Libertador Bolívar-  se desesperaba porque veía que en nuestra América solo se copiaban las instituciones y las formas europeas.


Por Diego Mendiburu - Pensar al Sur 

 

Dialogos Hogareños: Si copiamos erramos

Queridos hijos continuamos, y lo hacemos porque aún hay mucha confusión, mucho ruido por acallar.

Nuestros pueblos siguen como no haciendo pie, como caminando con zapato ajeno y prestado que te lleva, pero te lleva, incómodo, con dolor y hasta te tuerce el rumbo.

Por estos días muchas palabras de otros me sumergieron en un mundo de lecturas anteriores, escritos perdidos, discusiones dadas y realidades perdidas

Como si alguien quisiera decirme algo sobre aquel recóndito lugar, donde se fragua nuestra américa profunda, lo que somos y seremos dependiendo de lo que fuimos.

Primero me enviaron un video de principios de este año, y donde por última vez en su mandato, el ex Presidente de Ecuador Rafael Correa, inauguraba el año escolar.

En su discurso pedía perdón por no haber logrado cambiar la mentalidad de los hijos de la nueva burguesía, mentalidad que provocaba que estos terminaran votando en contra de sus propios intereses y por ende de la mayoría del pueblo.

Haciendo una maravillosa comparación con el Chavo del 8, la serie televisiva mexicana de Chespirito, demuestra como el mal a vencer es la traición de la nueva burguesía, de los que salen del fondo y olvidan rápido.

Son las Doñas Florindas y sus caprichosos hijos con los que hay que trabajar. Son ellos quienes ni bien asoman un poco la cabeza creen ser algo que no son y denostan al resto de su clase social; llegando al paroxismo de “asociarse” al burgués capitalista del señor Barriga dejando de lado a los Don Ramón.

Correa asume la culpa, disipa la tensión, pide a los docentes que trabajen incansablemente en esta cuestión, asegurando que no hay porvenir si aquellos que logran ascender económica, social y culturalmente no traccionan al resto hacia arriba.

Correa sabe pero no lo dice que este es un mal endémico que se repite, siglo tras siglo, en la historia de América.  

Pasados tantos siglos de andar y andar el "cipayismo" cultural se cristalizó en nuestra América mestiza, sobre todo en las grandes ciudades y en las clases medias urbanas.

Sabe que es una lucha que lleva mucho tiempo. Sabe que hace 200 años el caraqueño Simón Rodríguez se desesperaba porque veía que en nuestra América solo se copiaban las instituciones y las formas europeas.

América era original y original tenían que ser sus instituciones y las formas de gobernarse pero sobre todo su educación. Esta tenía que ser americana. Debía ser fusión de todo lo que en América había de real y maravilloso.

Si copiábamos errábamos, somos algo nuevo somos mixtura de muchos pueblos de saberes anteriores somos choque de civilizaciones y es por ello que necesitamos que todo sea nuevo, original - gritaba cuando las discusiones se encendían.

Su propuesta tan radical y novedosa llegaba al punto de “internar” a todos los jóvenes en el campo para desintoxicarlos de tanto “españolismo”.

Nada dejaba librado al azar hasta los refranes debían prohibirse por dejarnos atados a viejas creencias españolas.  

Era imposible hacer repúblicas, no había republicanos, el pueblo no estaba preparado para la nueva época, había que educarlo había que liberarlo trabajando y para ello debían edificarse escuelas de oficios por toda américa, en donde los jóvenes no solo estudien sino además puedan aprender un oficio.

Solo su pupilo Simón Bolívar lo entendió y le encomendó la tarea pero la “mediocridad del medio” se lo impidió. Nadie quiso o se animó a llevar a cabo su plan educativo.

El Libertador del Norte de Sudamérica tenía demasiados problemas y nunca pudo protegerlo para que su plan se lleve a cabo y él tampoco quiso molestarlo. 

Aun muriendo en el olvido y la miseria, siempre formó y educó a los chicos cercanos, las pasiones se apagan con el último respiro.

Pasaron los años y nuestra educación siguió siendo europea y nuestras formas siguieron siendo europeas porque el fin de nuestras ilustradas dirigencias siempre fue europeizarnos, América debía y debe emblanquecerse, ser civilizadamente europea.

Y así andamos negando lo autóctono queriendo ser algo que no somos. Siempre influenciados por otros mundos no solo lejanos en el tiempo sino en lo cultural.

Y ese debe ser el plan que no haya América posible. Que seamos un barco errante navegando sin destino propio pero con destino ajeno.

Se ponderó lo europeo por sobre lo americano. Y durante mucho pero mucho tiempo, hasta el siglo pasado, nuestros niños sabían más del mundo caballeresco y lejano del Quijote del genial Cervantes que de nuestra propia América.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que entren al aula nuestros autores.

Las reivindicaciones americanas, junto a las luchas por la soberanía política, social y cultural, sumado al reconocimiento europeo de Rubén Darío, García Márquez o Neruda, y algunos más, lo que hizo posible que nuestros libros entren en la escuela.

Pero con ellos también entraron una serie de “autores americanos” que subrepticiamente desamericanizan y universalizan nuestro ser americano.

La América Profunda, real maravillosa, colorida, pasional y marinada de saberes de Carpentier, Amado, Marechal, y tantos otros, nunca entró.

La cultura americana producto de la mixtura de indios, esclavos, criollos, europeos, asiáticos y africanos tiene que ser lavada, blanqueada y centrifugada asépticamente.

Lo bueno y normal es lo europeo lo otro son resquicios por donde lo salvaje. lo indiano e incivilizado se nos mete y nos atrasa.

Y la fusión de estas dos tensiones será la que nos permita ser americanos. Como decía Simón Rodríguez, aún con su ilustración europea, si no aunamos en algo nuevo y creativo no hay América Posible.

A modo de cierre les quiero compartir una historia que sucedió entre el tiempo de Simón Rodríguez y Rafael Correa, casi en el medio de ambos y que puede funcionar como modelo a seguir.

Sucedió en América, puntualmente en Argentina, entre dos artistas un pintor y un escritor.

Al pintor Quinquela Martín, dueño de una sensibilidad única, de vuelo rasante y corto por la escuela, que trabajó desde muy chico y se hizo de un oficio primero como cargador de bolsas de carbón en el puerto de Buenos Aires y luego como pintor autodidacta de cuadros y murales de ese mismo puerto le presentan un joven escritor argentino de la zona rural de la provincia de Buenos Aires.

Este lee unos versos que había escrito en francés, el idioma “culto y bien” de la época y le pide a Quinquela su opinión.

El maestro que toda su vida solo pintó su barrio, más específicamente su “Vuelta de Rocha”, y que se negó a trabajar en Río de Janeiro, en Estados Unidos o en París porque solo los lugareños pueden pintar su aldea, solo ellos están en condiciones de comprender y retratar su lugar le contestó "para que escribir en francés si nosotros necesitamos crearnos una cultura nacional".

Le dijo que estaba bien aprovechar la obra universal para la creación de nuestro propio acervo cultural pero una cosa es aprender y otra imitar. No es lo mismo la creación que la copia. 

Pasados algunos meses Güiraldes, que era aquel escritor, le leyó el primer capítulo de Don Segundo Sombra futura obra maestra de la literatura gauchesca argentina.

El maestro concluye la anécdota convencido que la obra, de todos modos, se hubiera escrito pero yo no estoy tan seguro que esto hubiera sido así.

Gracias maestro, bienvenido Güiraldes.

Necesitamos mostrar nuestra  identidad  diferenciada y auténtica en este confuso mundo que está enterrando la vieja civilización eurocéntrica en un profundo proceso de cambio.

América es posible.

 

 

 

 

 

 

 

 


Fuente: Pensar al Sur