21 de junio de 2017

LOS TRES PAPAS DEL SIGLO XXI: AUTORIDADES ESPIRITUALES CONTRA UNA CIVILIZACIÓN SIN ALMA


Por: Elisabeth Hellenbroich - mayo de 2017

A principios del mes de abril de este año, la Fundación Konrad Adenauer promovió un foro en la ciudad alemana de Maguncia sobre el tema “Los tres papas del siglo XXI: autoridades espirituales contra una modernidad sin alma.”

Entre los conferencistas invitados, especialistas de renombre como Marco Politi, ex corresponsal en el Vaticano del periódico La Republica, y su colega alemán Peter Seewald, autor de varios libros sobre el Papa Benedicto XVI. Las presentaciones se enfocaron en el pensamiento pastoral, teológico y sus acciones en la política internacional de los tres pontífices del siglo –Juan Pablo II (1978-2005), Benedicto XVI (2005-2013) y Francisco (2013-).

En su presentación, titulada “Papa Juan Pablo II –el político- Politi reflexionó sobre la dimensión mundial de las actividades del Pontífice, al que calificó de “el primer Papa geopolítico de la Iglesia moderna.” Hizo mención, de los viajes por los cuatro rincones del planeta en su largo pontificado de 27 años, dando a las comunidades católicas locales la oportunidad de expresarse. Además, destacó que Juan Pablo II fue el primer Papa que visitó una sinagoga, una mezquita y un templo budista, con lo que logró que las religiones monoteístas se abriesen al diálogo entre ellas, además de impulsar la Nueva Evangelización. Juan Pablo II, dijo Politi, fue “un filósofo con un sentido histórico profundo.”

El periodista hizo una retrospectiva de las décadas de 1980 y 1990, cuando Juan Pablo II percibió los acontecimientos de Europa del Este (la caída del Muro de Berlín, el derrumbe del comunismo y de la misma Unión Soviética) en su perspectiva histórica, pues él ya había previsto la caída el comunismo, al afirmar: “Yo sacudí el árbol, y estaba podrido.” Politi recordó que, por aquel entonces, nadie se imaginaba que la Iglesia Católica pudiese desempeñar un papel tan destacado en medio de los singulares acontecimientos de la Europa comunista".

El Papa, en efecto, siempre destacó la “identidad de la nación,” además de contribuir con el movimiento polaco Solidaridad de manera positiva y constructiva. Fue un “cosmopolita y un patriota”, amaba a su patria, al mismo tiempo que respetaba a las demás naciones. Luego de la caída del comunismo, se negó a respaldar la política expansionista del entonces presidente de Estados Unidos, George H.W. Bush. Rechazó, además, la visión propagada por el politólogo estadounidense Francis Fukuyama sobre el “fin de la Historia” y de que el fin del comunismo en Europa fue la “victoria de Estados Unidos en la Guerra fría.”

Su pensamiento filosófico se hizo claro con la Guerra de los Balcanes (1991-2001), cuando abogó por los derechos humanos de los musulmanes bosnios masacrados por cristianos ortodoxos serbios.

Politi se refirió igualmente a las declaraciones de Juan Pablo II hechas en su viaje a México de 1999, donde comentó sobre la situación mundial: “Antes del derrumbe del orden comunista, había dos superpotencia. Ahora queda apenas una. No sé si eso es bueno.”

En 1996, durante una visita pastoral a la ciudad alemana de Paderborn, el Pontífice comentó que aunque el mundo se viese libre del poder de la Unión Soviética, todavía se encontraba sujeto a la “ideología capitalista radical.” Rechazó con vehemencia a las fuerzas que habrían de desencadenar la crisis financiera de 2008, además de colocarse contra las guerras encabezadas por Estados Unidos, en especial la invasión de Irak, sucedida en 2003. Aún y cuando ya se encontraba muy enfermo, Juan Pablo II hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar la invasión de ese país, así envió mensajeros a Washington y a Bagdad para tratar de corregir el aumento de las tensiones. “Hoy, luego de entre 10 y 15 años, podemos ver que el Papa tenía la razón sobre el crecimiento del terrorismo, el cual en la actualidad se ha convertido en una desastre” comentó Politi.

Juan Pablo II tuvo presencia indudable en la política mundial y, en su papel de líder religioso, buscó el diálogo con otras religiones. El foco de su trabajo fue la cooperación con las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Soñaba con una oración ecuménica en el Monte Sinaí y organizó el primer encuentro interreligioso en la ciudad italiana de Asís en 1986 un “acto político mundial” que reconoció la dignidad de cada una de las diferentes religiones.

De gran importancia política fue el sínodo continental convocado por él. En él utilizó la metáfora de los “dos pulmones,” para referirse a los santos Cirilo, Metodio y Benito de Nursia, quienes pusieron las bases del cristianismo de Europa. En el año del jubileo (2000), el Papa expresó su famosa mea culpa. Para él no era posible que hubiese Evangelización sin hacer a un lado el peso del pasado, para referirse a las guerras religiosas, a la inquisición y al célebre proceso de Galileo Galilei.

Benedicto XVI, el teólogo

Para Peter Seewald, Benedicto XVI fue un teólogo excepcional. “Con el pontificado de Benedicto XVI se inició el “cambio de siglo,” afirmó. Según él, la renuncia del Papa, sucedida en el 2013, sirvió para colocar a “Cristo en el centro.” Criticó la visión reinante en la prensa de que hubo un Joseph Ratzinger y luego otro después del Concilio Vaticano II (1962-65). Luego de su elección como Pontífice, ya Benedicto XVI pidió a los católico: “recen para que no le tenga miedo a los lobos,” en alusión a sus muchos opositores en la Iglesia. “Benedicto es un hombre que puede llenar una biografía histórica y es uno de los grandes teólogos de nuestro tiempo. (…) Ratzinger es lo mejor que le pudo pasar a la Iglesia,” afirmó Seewald.

Con el fin de la Segunda guerra mundial, en 1945, se inició un nuevo periodo en la Iglesia. En esa época, la idea del regreso a las raíces cristiana de Occidente fue intensamente debatida en los círculos de la Iglesia y de la sociedad. En aquel momento vimos al joven profesor Ratzinger, que ya era uno de los líderes más influyente de la Iglesia, habiendo sido asesor del Concilio Vaticano II. Ratzinger estaba vinculado a teólogos como Henri de Lubac e Yves Congar, considerados progresistas, "pero no en el sentido de la renovación del Cristianismo a partir de sus raíces,” dijo el periodista.

Ratzinger defendió el “principio de la renovación” y de la “consolidación de la fe” contra la declinación del cristianismo. No fue un hombre de grandes gestos y condujo su Pontificado “con dignidad y como un líder en busca de construir puentes.” En una época en la que predominan las “fake news” (noticias falsas) y el espectáculo, él se mantuvo fiel en su compromiso con la verdad. En una época de tinieblas, cuando las personas son apartadas de Dios, él buscó guiar a las personas hasta Él.

“Muchas de las reformas delineadas en su primera encíclica (Deus caritas est) las continua el Papa Francisco,” destacó Seewald. En ellas se incluyen los sínodos, el estilo colegial del cuerpo clerical, el ajuste de las finanzas del Vaticano y otras. Benedicto XVI atrajo mucha atención con su crítica al “turbocapitalismo,” al recordar que la dignidad del hombre es inviolable. Fue, en cierto sentido, el primer Pontífice que predicó la ecología humana en armonía con la creación de Dios. Visitó la Iglesia Luterana y se encontró con representantes del Islam, con quienes compartió un rechazo claro al fundamentalismo. Puso, igualmente, las bases para una reconciliación mejor con los judíos, en términos del Viejo y del Nuevo Testamento. Si la religión está en armonía con la ciencia y con la razón, esto también asegura que la fe no va a descender al fundamentalismo, predicaba.

Benedicto XVI se vio en medio de una lucha contra el relativismo, y las armas que escogió fueron las armas “silenciosas.” Los tres volúmenes de Jesús de Nazaret, publicados a los largo de su pontificado, de los que se vendieron millones de ejemplares en todo el mundo, resaltan que él es uno de los grandes teólogos de la actualidad. De la misma forma, Benedicto XVI es también un “poeta y artista;” cada encuentro con él era “musical,” concluyó Seewald.

Francisco entre lobos

En el marco de las presentaciones de Maguncia, es relevante analizar el libro de Politi reeditado por la editorial Herder en 2017, titulado “Francisco entre lobos: el Papa y sus enemigos.” El autor describe en él la carrera del padre, profesor jesuita y, más tarde, cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. Allí, en contacto directo con la miseria y con los distritos dominados por la mafia de las drogas, las llamadas villas miseria, aprendió sobre la pobreza. Para él, la “opción por los pobres” se formó a lo largo de sus participaciones en las conferencias episcopales latinoamericanas, en Medellín (Colombia), Puebla (México), Santo Domingo (República Dominicana) y Aparecida (Brasil).

Francisco quiere ver a las comunidades católicas del mundo vinculadas no sólo por una base legal, sino, cimentadas en el amor fraternal, destacó Politi. El Pontífice quiere hacer más dinámica y convincente a la Iglesia; esto incluye al principio de la “colegialidad” establecida en el Concilio Vaticano II, según el cual el Papa y los obispos, juntos de la misma manera que San Pedro y los demás apóstoles de Cristo, compartían el liderato de la Iglesia. Él desea un obispado al cual toda forma de carrerismo le sea extraña. A un mes del Cónclave que lo eligió, el nuevo Papa creó un grupo de trabajo formado por ocho cardenales provenientes de los cinco continentes, para servir como “coordenadas en el mapa de la Iglesia globalizada.”

En su encíclica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), Francisco subrayó que el problema de los pobres sólo se resolvería si la doctrina de la “autonomía absoluta de los mercado y de la especulación financiera” fuera abandonada. Él ha asumido una posición clara contra el optimismo desenfrenado del neoliberalismo sin límites, que Juan Pablo II ya había rechazado antes. “Las afirmaciones del Papa Francisco son parte de la tradición sólida de la Doctrina Social de la Iglesia,” recuerda Politi. Para Bergoglio, que “siempre se opuso a la teología de la liberación marxista,” la capacidad de integrar al pobre en la sociedad será un tema decisivo en el siglo XXI.

El plan general de su pontificado, según Politi, es reformar la Curia para que se vuelva más efectiva, ampliar el control sobre el Banco del Vaticano (IOR) y fortalecer la “colegialidad,” por medio de consultas entre el Papa y los cardenales, además de la realización de conferencias de obispos. Francisco pretende con ello dar al arzobispado la posibilidad de participar de las decisiones estratégicas del Papado. La revolución encabezada por este Pontífice se debe ver como una transformación misionera de la Iglesia: “Los obispos deben señalar el camino, pero no dictar reglas.”

Los cambios también incluyen una reforma del Papado, lo que refleja mejor el “significado que Jesús quiso darle” y que “corresponda mejor a las necesidades actuales de la evangelización.” Según Politi, Francisco llama a este proceso “conversión del Papado.”

Politi destacó también que el abogado uruguayo Guzmán M. Carriquiry, vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina y especialista sobre la Curia Romana, usó una imagen interesante al hablar de la reforma del Papado: “Bergoglio es el sucesor de Pedro, no el sucesor de Constantino (referencia al emperador romano).” Para el periodista, Francisco es contrario a una centralización excesiva de la Iglesia y es amante de citar la encíclica Ut Unum Sint (Que puedan ser uno) de Juan Pablo II, que propone un nuevo modelo de primacía papal, a la luz de un proyecto de reunificación episcopal, modelo que debe de discutirse con los dirigentes de otras iglesias cristianas: “Con nuestros hermanos ortodoxos podremos aprender el significado de la colegialidad episcopal y de la tradición de la sinodalidad.”

Excomunión, la delincuencia organizada y la furia de la mafia

Los enemigos de Francisco, sin embargo, actúan y se articulan en secreto. “Aplauden con los otros y, de forma hipócrita, fingen ser leales al Papa y les disgusta cuando se les presenta como oponentes del Pontífice argentino,” afirma Politi. Los adversario s del Papa en Estados Unidos usan el sitio Tradition in Action (traditioninaction.org) para propagar sus ideas. Estos que se auto califican de “tradicionalistas” se han vuelto cada vez más agresivos y han esparcido su veneno contra las palabras del Pontífice, al que califican de “sin liderazgo,” “incomprensible” o “inadecuado.”

Bergoglio tiene conciencia de la relación de las “redes de corrupción y las asociaciones mafiosas,” dice Politi. El periodista recordó una oración rezada por Francisco en la Iglesia de San Gregorio, Roma, en 2015, en memoria de las víctimas de la mafia, ante la presencia de 700 familiares de víctimas de esa organización delictiva.

El Papa dijo entonces que “aquellos que están ausentes… los hombres y las mujeres de la mafia. El dinero sangriento, el poder corrompido no tienen ningún significado en el Mas allá. ¡Conviértanse! Se los pido de rodillas. (…) Conviértanse, todavía hay tiempo para hacerlo, para que no terminen en el infierno.” Ese mismo año, en una misa en Sibari (en la región italiana de Calabria), lanzó la excomunión de la Iglesia a los mafiosos, lo que ningún Papa había hecho antes.. “Eso es la ‘Ndrangheta: la adoración del mal y el desprecio del bien común,” dijo. “¡Ese mal debe combatirse y removerse! ¡Ustedes tienen que decir no a eso! La Iglesia tiene que comprometerse más y más para que el Bien venza. Eso es lo que nuestros hijos piden de nosotros, lo que nuestros jóvenes, que necesitan de esperanza, piden de nosotros. (…) Los que siguen su camino de maldades, como los mafiosos, no están en comunión con Dios: ellos están excomulgados.”

 


Fuente: MSIA Informa